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¿Exportó la Tierra la vida a otros planetas? (sobre la litopanspermia)

Ciencia

Por: corrector - 10/03/2012

Parece que una nueva teoría llamada litopanspermia podría cambiar el rumbo de las teorías sobre el origen de la vida, especialmente la de la panspermia.

En la escena inicial de Prometheus, el último largometraje de Ridley Scott, un ingeniero alienígena es visto sembrando vida en el planeta Tierra, pero un proceso gravitacional recientemente descubierto, llamado "transferencia débil", indica que todo podría haber sucedido de manera opuesta, por lo que científicos plantean la posibilidad de que nuestro planeta haya sembrado vida en otras partes del cosmos. 

La teoría de la litopanspermia plantea que la vida se pudo repartir por el universo a través de fragmentos provenientes de explosiones volcánicas y de colisiones asteroides. 

Anteriormente los científicos planteaban que la probabilidad de que objetos  fuesen atrapados por otros planeta era nula, pero tras el descubrimiento de la transferencia débil, esta idea se ha desvanecido, afirmando que es posible que fragmentos se hayan alejado poco a poco de una órbita para pasar a otra. 

Aunque los investigadores de la Universidad Princeton, Universidad de Arizona y el Centro de Astrobiología en España, plantean un escenario en el que esto sí es plausible, al mismo tiempo indican que la única vez que esto pudo haber sucedido fue entre 164 millones a 288 millones de años después de la formación del sistema solar. 

Según la investigadora Amaya Moro-Martín, hay dos requisitos fundamentales para que la transferencia débil suceda: en primer lugar, los sistemas planetarios implicados deben contener una planeta masivo que capture el meteoro que pase por la frontera de gravedad débil (que sería Júpiter). En segundo, ambos sistemas deben tener velocidades bajas. El planeta Tierra cumple con estos dos requisitos. 

Para demostrar la viabilidad de sus modelos, los investigadores simularon 5 millones de trayectorias entre un sistema planetario sencillo  (con 4,300 estrellas) y tres condiciones distintas relacionadas a la masa. Los resultados mostraron que las posibilidades de que una estrella capturara fragmentos de otro sistema planetario bajo estas circunstancias variaba entre un 5% y un 15%; anteriormente este fenómeno era mil millones de veces menos probable. 

Sorprendentemente los investigadores también calcularon la cantidad de materia sólida que pudo haber sido intercambiada entre nuestro sistema solar y los planetas más cercanos. Los científicos concluyeron que la cantidad oscila entre 100 mil millones y 30 mil millones de fragmentos de más de 10 kilogramos de peso. Además, sus cálculos revelan que unos 200 mil millones de rocas terrestres pudieron haber sido arrojadas hacia otros sistemas estelares, mismas que pudieron haber contenido microbios. 

En total, los investigadores especulan que alrededor de 300 millones de eventos relacionados a la litopanspermia pudieron haber ocurrido entre nuestro sistema solar y nuestros planetas más cercanos.

También en Pijama Surf: Prometheus y la panspermia dirigida: ¿extraterrestres plantaron la vida en la Tierra?

[io9]

Científicos perfeccionan el Bi-Fi: el Internet biológico

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/03/2012

Bioingenieros de Stanford perfeccionan un mecanismo para enviar y recibir mensajes a nivel celular, una especie de Internet biológico que trasciende los límites que el código genético impone.

La simbiosis entre la vida y la tecnología tiene un nuevo desarrollo en el llamado “Bi-Fi” o “Internet biológico” que bioingenieros de la Universidad de Stanford recién dieron a concoer.

Monica Ortiz y Drew Endy manipularon un virus conocido como M13 (inocuo) de tal modo que crearon un mecanismo biológico para enviar mensajes genéticos de célula a célula, sistema que permite transferir datos de mucha mayor complejidad y cantidad.

Los científicos tomaron una característica natural del virus: el hecho de que se reproduce en el organismo residente tomando cadenas de ADN que libera después de otro huésped. Se trata en esencia de una canal de comunicación que, como el Internet inalámbrico, permite a las células enviar y recibir mensajes, sin importar el contenido de estos.

La innovación de Ortiz y Endy consistió sobre todo en separar el mensaje del canal, con lo cual consiguieron enviar el mensaje de ADN que elijan a células específicas dentro de una comunidad microbiana compleja.

En otras palabras, el mecanismo permite enviar y recibir órdenes a nivel celular más allá de los límites que el código genético impone: “Si tu red de conexión está basada en el azúcar”, explica Endy, “entonces tus mensajes están limitados a ‘más azúcar’, ‘menos azúcar’ o ‘no azúcar’”. En contraste, las modificaciones operadas sobre el M13 permiten intercambiar mensajes como “comienza a crecer”, “deja de crecer”, “acércate”, “produce insulina” y otros similares.

De perfeccionarse, este desarrollo biotecnológico permitiría controlar complejos celulares ligados a procesos de biosíntesis.

[Science Daily]