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8 grandes preguntas filosóficas que ¿nunca resolveremos?

Arte

Por: pijamasurf - 09/27/2012

Aunque instalados plenamente en el siglo XXI, nuestra mente colectiva arrastra preguntas que parecen no tener solución definitiva: ¿la realidad es real? ¿la libertad existe? ¿de verdad es posible percibir algo objetivamente?

La mente humana, imperfecta como es, ha sido capaz sin embargo de generar callejones sin salida del pensamiento, proposiciones de índole metafísica que parecen encontrarse en las fronteras de nuestras capacidades intelectuales (a pesar de que, paradójicamente, por estas mismas llegamos a ellas).

A continuación 8 de estos supuestos muros que, quizá, en el fondo no sean más que trampas de nuestra abstracción, de la forma en que histórica pero acaso inevitablemente construimos nuestras maneras de pensar.

 

1. ¿Por qué hay algo en vez de nada?

Parece justo que la existencia sea el primero de estos grandes enigmas. ¿Por qué algo existe cuando parece perfectamente posible que la nada fuera la norma? ¿Qué impulso secreto del universo físico fue el decisivo para que la nada se convirtiera en algo?

 

2. ¿Nuestro universo es real?

Una de las preguntas más recurrentes del pensamiento humano: la constante duda sobre la realidad de este mundo. De los textos sagrados del hinduismo a Jean Baudrillard, parece que no hay recurso mental que nos permita discernir la realidad real de nuestra realidad (así de redundante y tautológico puede ser nuestro pensamiento). Y aunque, en cierto moemento de su desarrollo intelectual, Wittgenstein aseguró que en el dolor podría encontrarse el fundamento de la realidad, la cuestión permanece abierta. Por más compleja que sea la noción de dolor, por más subjetiva y personalísima, ¿no podría una inteligencia superior que nos mantenga en este mundo simulado simular también, con todo detalle, esas sensaciones?

 

3. ¿Tenemos libre albedrío?

"L'homme est né libre, et partout il est dans les fers", escribió famosamente Rousseau: "El hombre nace libre, pero encadenado por todos lados". La paradoja de la libertad es que, aunque una condición supuestamente posible, se da en un contexto contingente en el que una multitud de factores la condicionan. A veces pensamos que cuando tomamos una decisión plenamente conscientes, considerando sus causas y sus consecuencias, los motivos por los cuales la tomamos, esa decisión es ya por eso una decisión libre. ¿Pero esto es cierto? ¿O solo es un autoengaño de quienes ansían desesperadamente creer en libertad? ¿Son los otros, los que piensan que la libertad es absolutamente imposible, quienes tienen la razón en este dilema?

 

4. ¿Dios existe?

Una entidad omnisciente y todopoderosa gobierna este mundo, desde su creación hasta su destrucción, compensando y retribuyendo, castigando, o manteniéndose al margen pero igualmente con un plan secreto que de cualquier forma terminará por cumplirse. Una entidad metahumana que da orden y sentido a lo que vemos y vivimos, a lo que existe, incluso cuando este orden toma la forma del caos y lo incomprensible. Una vez imaginado, ¿es posible demostrar su existencia o su inexistencia? Y una paradoja lógica para incrementar el impasse: ¿puede Dios crear una piedra tan pesada que ni siquiera él mismo pueda cargarla? Si no puede entonces no es omnipotente, pero si si puede entonces tampoco es omnipotente, porque no tiene la fuerza de cargarla. Esta reducción al absurdo nos muestra en todo caso que no es con el lenguaje humano o con la razón que se puede aprehender a Dios.

 

 

5. ¿Hay vida después de la muerte?

Es muy posible que el miedo a la muerte, o el hecho de que no entendamos su significado, haya dado origen a la creencia de que la vida no termina con esta. Quizá, en este caso, antes que responder si hay vida o no después de la muerte (una vida que, además, imaginamos esencialmente idéntica a la que ahora tenemos), tendríamos que responder en primer lugar por qué debemos morir.

La ciencia moderna considera  a la muerte como un agujero negro, un horizonte de sucesos del cual nada se puede decir, ninguna información extraer, ya que nadie ha regresado de este estado. El budismo tibetano por otra parte considera que todos hemos regersado de la muerte, en ese ciclo kármico de la existencia, e incluso ha diseñado un manual para escapar de la reencarnación.

 

6. ¿Hay algo que en realidad se pueda experimentar objetivamente?

La dualidad entre objeto y sujeto es uno de los pilares del pensamiento humano, al parecer heredado de las filosofías orientales a los primeros grandes pensadores de Occidente. En esencia se trata de un conflicto con nuestra percepción, de la que obtenemos una versión de la realidad que, al mismo tiempo, intuimos que no se corresponde exactamente con algo que podríamos llamar la realidad real, la realidad objetiva. Si tuviéramos la capacidad visual de los halcones o la olfativa de los perros, ¿cómo cambiaría la realidad que percibimos? O, sin incurrir en estas fantasías, pensemos cuán limitado es el mundo para alguien que nace ciego o sordo. Sabemos que existe una realidad absoluta más allá de nuestros sentidos, pero al mismo tiempo parece que estamos condenados a nunca ser capaces de aprehender esa realidad.

 

7. ¿Cuál es el mejor sistema moral?

La moralidad, esa serie de costumbres y normas que, de algún modo, nos han permitido sobrevivir colectivamente como especie, ha cambiado sustancialmente con el tiempo, si bien hay algunos elementos más o menos comunes a todas las culturas y épocas (por ejemplo, el incesto, ampliamente estudiado por el antropólogo Claude Lévi-Strauss). Sin embargo, también cabe la posibilidad de que la moralidad sea una pantalla que las narrativas históricas se han encargado de superponer a determinadas épocas, por comodidad discursiva, pero que esta no necesariamente haya sido la norma y, en la práctica, en la cotidianidad, el ser humano sea tan liberal o tan reprimido, tan relajado o tan estricto, lo mismo en la época victoriana que en el medioevo o la que ahora vivimos.

 

8. ¿Qué son los números?

Una de las invenciones más geniales de la mente humana, los números son sin embargo de una naturaleza en esencia incomprensible. Imprescindibles, de uso diario y, sin embargo, enigmáticos y casi inexplicables. ¿Qué es 2? ¿Qué es 5? De nuevo la tautología como único recurso. Parece que solo podemos decir que 2 es 2 y aceptar que estamos en un callejón sin salida (¿o es un asunto de semántica? ¿un problema nada más lingüístico?

No parece casual que Wittgenstein —siempre Wittgenstein— haya puesto a los números en el mismo nivel que los colores («¿Qué es, pues, algo rojo?», se preguntó alguna vez): «No creas que posees en ti el concepto de color porque miras un objeto coloreado —sea cual fuere la forma en que mires (Como tampoco posees el concepto de número negativo por el hecho de tener deudas.) Zettel, 332».

Con elementos de io9

 

La alquimia y la creencia en espíritus hicieron que Newton concibiera la gravedad

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Por: pijamasurf - 09/27/2012

Estudios de alquimia, y su concepción de principio activos (espirituales) en la naturaleza, probablemente permitieron a Newton salirse de la caja y descubrir la ley de la gravedad.

Sir Isaac Newton es, junto con Albert Einstein, la máxima figura de la ciencia moderna. El descubridor de la ley de la gravedad, las propiedades espectrales de la luz y co-inventor del cálculo es la insignia del científico brillante que penetra los secretos del universo con la linterna de la razón. Esto, al menos, es lo que el establishment de la ciencia nos ha hecho creer por cientos de años. Sin embargo, Newton concebía a la naturaleza como una matriz viva y mágica en la cual se matarializaba el arte del Divino Arquitecto. Tanto como en la física, Newton se intresó por la alquimia y la interpretación profética de la Biblia.

Newton escribió más de 1 millón de palabras sobre temas de ocultismo, mismas que el Royal Society se negó a publicar  y que pasaron al olvido hasta que hace poco fueran rescatadas. Su biógrafo Richard Westfall escribió: "mi preferencia personal no puede hacer que más de un millón de palabras que escribió en su estudio de la alquimia desaparezcan". Lo cual es un buen ejemplo de la aversión que tiene la cultura dominante a los estudios de Newton, los cuales quisiera desparecer de la misma forma que algunos niños tiran algo al clóset, esperando que se desvanezca mágicamente

Lo más significativo del caso no es que Newton tuviera cierta tendencia espiritual --o lo que ha sido descrito como "seudociencia totémica"--sino que estos estudios en alquimia y en esoterismo fueron precisamente lo que le permitió acceder a la ley universal de la gravedad.

Stuart Clark escribe en su blog dentro de The Guardian:

La creencia de Newton en espíritus y en lo que los alquimistas llamaban principios activos casi seguro fue lo que le permitió concebir la gravedad en la forma matemática que usamos todavía hoy.

En el tiempo de Newton, los filósofos naturales le habían dado la espalda a la astrología y con ella a la idea de que las influencias podían viajar a través del espacio vacío. En cambio, los impulsos debían de ser transmitidos a través de cosas tocándose entre sí. Así que si había una fuerza que movía a los planetas tenía que hacerlo a través de un medio. 

Descartes creía que se trataba de un fluido, lo que movía a los planetas. Sin embargo, las matemáticas para esto no le daban a Newton. Pero si las influencias inmateriales podían existir, no había necesidad de un contacto físico para inducir movimiento --este podría ser detonado a través de "principios activos" dentro de un objeto. Esto llevó a Newton a descubrir una simple y elegante ecuación matemática en la que no era necesaria la acción de un fluido. La palabra "espíritu" fue reemplazada por la plabra "fuerza". La gravedad tomó el lugar de la ley de la atracción que Newton conocía de sus estudios herméticos (tradujo personalmente La Tabla Esmerlada, atribuida a Hermes Trimegisto).

Stuart Clark se pregunta "¿Fue Newton un científico o un brujo? En verdad, fue un poco de los dos. Y por eso fue que logró obtener resultados donde otros habían fracasado". Hoy en día la alquimia ha sido rezagada dentro del paradigma epistemológico dominante a un lugar marginal, acaso anecdótico, poético y poco significativo. Sin embargo, gran parte de  la ciencia moderna nace de esta disciplina en la que se conjuga la ciencia y el arte, el cuerpo y el espíritu (recordemos por ejemplo a Paracelso, imprescindible para el desarrollo de la medicina). Newton no es grande a pesar de su afición a la alquimia, sino precisamente por ella. Podemos arriesgar una conjetura, todos los grandes descubrimientos de la ciencia moderna y futura tienen y tendrán una cara oculta, que los científicos no gustan de ver, un doble en la sombra, en la que relucen los principios de la alquimia, la ciencia divina.