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Huracán hecho de huracanes: 160 años de estos meteoros en un ingenioso infográfico

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 08/28/2012

Combinando la impresionante presencia de los huracanes con una fractálica visualización de data, John Nelson, de la agencia IDVsolutions, pone en este infográfico 160 años de estos fenómenos.

(clic en la imagen para ampliarla)

Los huracanes son, a pesar o justamente por su impresionante poder destructivo, uno de los fenómenos meteorológicos más atrayentes de la naturaleza, símbolo de ese poder que reside en su identidad más propia y que, circunstancial e inevitable, en un momento destruye todo y de alguna manera vuelve a dejar virgen el territorio por donde pasa.

John Nelson, de la agencia IDVsolutions, ideó una ingeniosa manera de graficar los datos existentes en torno a los huracanes y las tormentas tropicales, dándole forma nada menos que de un gigantesco huracán, una visualización que transmite la potencia del meteoro.

Nelson tomó información que la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y la NASA poseen al respecto desde 1851 y, según declaró al sitio Co.Design, los datos mismos tomaron esta forma sin que él lo advirtiera.

Pasé algunos ciclos en busca de una proyección cartográfica que se llevara bien con la estructura de las tormentas pero no fuera una aburrida proyección rectangular. Esta proyección polar de abajo hacia arriba hizo un buen trabajo al indicar el circuito continuo de los vientos dominantes, y ayudó a ilustrar la inercia de las cosas lanzadas sobre una esfera, fue refrescante y una especie de perspectiva viajada, pensé. El hecho de que se ve un poco como un huracán fue una casualidad y yo mismo era (no atípicamente) ajeno a ella.

El resultado es, por decir lo menos, sorprendente. Una visión fractálica que encuentra su justa correspondencia en la naturaleza misma.

Imagen: IDVsolutions/flickr

[Co.Design]

Bacteria hace que insectos se coman su propio cerebro y mueran dolorosamente

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 08/28/2012

Wolbachia es el nombre de una bacteria particularmente letal que, cuando el sistema inmune del organismo huésped sobrerreaciona, provoca que este destruya su propio cerebro, llevándolo a una muerte dolorosa.

La bacteriadebe ser uno de los huéspedes más fatales que pueda albergar un ser vivo, pues el comportamiento que desarrolla una vez que se aloja en un ser vivo —insectos, especialmente— cae sobre este una especie de sentencia última o proceso de autodestrucción que lo condena a morir por consumir su propio cerebro.

Cuando la Wolbachia infecta a los insectos y otros artrópodos, comienza por obstruir la capacidad reproductiva de los machos, y en el caso de las hembras, su supervivencia asegura la transmisión del genoma del patógeno a las generaciones siguientes. Además de los órganos sexuales, la bacteria también tiene especial predilección por el sistema nervioso central para fijar ahí su residencia.

Parte de su peligro se debe a que cuando se hospeda en especies desconocidas, la Wolbachia se vuelve más virulenta de lo que acostumbra, como si exacerbara sus capacidades por encontrarse en un territorio que le es ajeno. Como respuesta, el cuerpo huésped también incrementa la vehemencia de su reacción, sin prever que por la calidad de esta respuesta de algún modo vuelve inevitable su muerte.

¿Por qué? En terminus generales porque el sistema inmune de los seres vivos funciona atacando las células infectadas, destruyéndolas para acabar así con el mal que amenaza el sistema entero. Sin embargo, por el comportamiento singular de la Wolbachia y, sobre todo, las áreas cruciales donde se aloja, significa lanzar ciegamente una especie de ataque suicida: una amplia operación contra el enemigo en la que solo al final, cuando la ruina es inevitable, se descubre que el enemigo se encuentra en la propia base de operaciones.

En pocas palabras, cuando el sistema inmune del cuerpo huésped se lanza contra la bacteria, destruye su propio cerebro, acarreando con esto dolorosos síntomas que desembocan en una muerte poco placentera.

En algunos insectos la evolución los ha llevado a evitar esta fatal sobrerreacción y, mejor, aseguran su supervivencia aprendiendo a vivir con la Wolbachia.

En la imagen, comparación entre un ovario normal y uno infectado de una mosca mosca Drosophila.

[Scientific American]