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La inmortalizada muerte de Evelyn McHale, una joven de 23 años que se arrojó desde el Empire State Building, es un testamento poético.

En ocasiones la muerte alcanza una belleza difícil de superar. Se convierte en un sueño. Este es el caso de Evelyn McHale, quien se arrojó del piso 86 del Empire State Building, impactando en una limusina de la Naciones Unidas. Como un angel que se hiciera un lecho metálico para fijar su mente en una luminosa eternidad, Evelyn mantiene una pureza inmarcesible, acomodándose en la hendidura del auto como quien hace una almidonada fractura en el tiempo-espacio.

A los 23 años, en May Day (primero de mayo de 1947, el día de la diosa pagana de la fertilidad Beltane)  Evelyn decidió saltar del edificio más icónico de Nueva York en ese entonces. Empujada por el desamor, decidió resolver "el único problema filosófico serio: el suicidio". En su precipitación ontológica, sin embargo, pasó a la posteridad estética, en esta foto de Robert Wiles y en un grabado de Andy Warhol.

Otro de los suicidos más hermosos, es el de la modelo rusa Ruslana Korshonova, quien también se arrojó de un edificio en Nueva York, cuando su carrera iba en ascenso. Pero el desamor, esa fiebre de la juventud, o acaso la acción opresiva de la mafia rusa, la llevaron a una temprana muerte: el asfalto es besado por ángeles.

 

Genial entrevista de Stanley Kubrick en Playboy sobre el significado de la vida, el renacimiento y la luz de la psique

Arte

Por: pijamasurf - 07/21/2012

Stanley Kubrick en una rara entrevista se sincera sobre el papel de hombre en un vasto e indiferente universo: proyectar su propia luz, forjar su propio sentido

Brain Pickings publica una vieja entrevista de Stanley Kubrick en Playboy (cuando Playboy además de conejitas tenía detrás de sus páginas a las mentes más brillantes: Robert Anton Wilson fue su editor). En una demostración de aguda sensibilidad, el impenetrable director de algunas de las mejores películas del cine, especialmente de la enigmática 2001: Odisea en el Espacio, se revela como un maestro psicologista capaz de penetrar en el oscuro mandala de la condición humana. Kubrick, a sabiendas o simplemente porque la más profunda lucidez llega a la misma sombra psíquica, casi calca la frase de Carl Jung: "el único propósito de la existencia humana es encender una luz en la oscuridad del mero ser". Y así Kubrick nos permite descubrir el sentido de sus películas (0 de hacer cine), que después de todo son justamente eso: luz humana que ilumina la oscuridad.

 

Kubrick: Supongo que todo se reduce a una asombrosa conciencia de la mortalidad. Nuestra habilidad, a diferencia de otros animales, de conceptualizar nuestra propia muerte crea enorme sufrimiento psíquico; aunque lo admitamos o no, en el pecho de cada hombre hay un pequeño cofre de miedo apuntado a este conocimiento final que carcome su ego y su sentido de propósito. Somos afortunados, en cierta forma,  que nuestro cuerpo, y la realización de sus funciones y necesidades, juega un papel tan importanteen nuestras vidas; esta concha psíquica crea un amortiguador  entre nosotros y la noción paralizante de que solo algunos años de existencia separan la vida de la muerte. Si el hombre realmente se sentará a pensar sobre este inminente desenlace, y su aterradora insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente peredería la cabeza, o sucumbiría a un sentido de futilidad aquiescente. ¿Por qué, se podría preguntar, debería de molestarse escribiendo una gran sinfonía, o luchar para ganarse la vida, incluso amarse entre sí,  cuando no es más que un momentáneo microbio en una partícula de polvo girando en la inmensidad del espacio?

[...] Las grandes religiones, a pesar de todo su campanilismo, proveyeron una especie de consolación a este gran dolor; pero mientras los hombre del clero ahora pronuncian la muerte de Dios, para citar a Arnold, otra vez "el mar de fe" se aleja del mundo con una "largo y melancólico aullido", el hombre no tiene muletas en las que apoyarse -- y no hay esperanza,  no obstante lo irracional, que dé sentido a la existencia. Este quebranto de nuestro reconocimiento moral es la raíz de muchas más enfermedades mentales de lo que los psiquiatras se dan cuenta.

Playboy:  ¿Si la vida carece tanto de propósito, sientes que vale la pena vivir?

Kubrick: Justamente la falta de sentido de la vida obliga al hombre a crear su propio sentido. Los niños, obviamente, empiezan la vida con un sentido de asombro impoluto, una capacidad de experimentar alegría total por algo tan sencillo como el verde de una hoja; pero al crecer, la conciencia de la muerte y la decadencia empieza a impregnarse en ellos y a sutilmente erosionar su joie de vivre , su idealismo --su asunción de inmortalidad. Al madurar un niño ve la muerte y el dolor que lo rodean en todos lados, y empieza a perder fe en la bondad última del hombre. Pero si es razonablemente fuerte --y afortunado-- puede surgir de ese crepúsculo del alma a un renacimiento del elan de la vida. Tanto por esta conciencia  del sinsentido de la vida como a pesar de ello, puede forjar una sensación fresca de afirmación y propósito. Tal vez no vuelva a capturar la misma pureza sensorial de asombro con la que nació, pero puede dar forma a algo más duradero y sostenible.  El hecho más terrorífico del universo no es qu éstee sea hóstil e indiferente; sino que si podemos conciliarnos con esta indiferencia y aceptar el desafío de la vida dentro de la frontera de la muerte --no importa cuán mutable el hombre pueda hacerlos -- nuestra existencia como especie puede alcanzar genuino significado y realización. No obstante lo vasto de la oscuridad, debemos de proveer nuestra propia luz.