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Century 2009, la nueva novela gráfica de Alan Moore, incluye un Anticristo que tiene notables similitudes con Harry Potter ¿pero cuál es el valor implícito en esta divertida analogía?

 harry potter es el anticristo

"En alguna medida el satanismo es una mera enfermedad del Cristianismo.

Tienes que ser un verdadero cristiano para creen en la existencia de Satán." 

Alan Moore

En la última década la figura de Harry Potter se consolidó como ícono del 'espíritu mágico' de toda una generación. Luego de siete libros y ocho películas en torno a las aventuras de este niño mago, millones de niños, adolescentes e incluso adultos, se volcaron a un reencuentro con la fantasía inspirados por el personaje ―fenómeno que obviamente la maquinaria comercial supo aprovechar al máximo, tan solo las películas facturaron más de 7 mil millones de dólares. Pero si bien muchos creerían que Potter es una fuente innegable de empatía, lo cierto es que hay quienes, abandonando el enfoque monolítico que el mainstream promueve, se dan el lujo de jugar con la identidad de este personaje desde otras perspectivas asociándolo, por ejemplo, con el Anticristo. 

Alan Moore, a mi juicio una de las mentes más lúcidas de nuestros días y autor de historias como WatchmenV for Vendetta, y From Hell (por lo cual muchos le consideran el mejor novelista gráfico de la historia), está por estrenar la entrega final del tercer volúmen de su serie The League of Extraordinary Gentlemen. Esta popular obra, cuya primera entrega fue publicada en 1999, narra las aventuras de Mina Murray y Allan Quatermain, entre otros protagonistas menos constantes, a través de la historia. Durante el desarrollo de esta genial secuencia, Moore hace alusión a múltiples íconos culturales, desde Drácula, Sherlock Homes y el Cometa Halley, hasta los Rolling Stones o la perturbadora hipnosis de Rosemary's Baby.

portada del comic century 2009 de alan moore

A estrenarse este 20 de junio, Century 2009 es el tercer episodio del Volumen III de The League of Extraordinary Gentlemen. En esta ocasión Moore plantea la llegada de un niño cuyo nacimiento ha sido esperado por más de cuatro siglos, que desatará el oblivion mundial. La aparición del anticristo se asocia con un eon de sufrimiento interminable, fatídico proceso que comenzará al norte de Londres, ciudad en la cual se registró el nacimiento de este ser de oscuridad. Y a pesar de que en ningún momento el autor menciona el nombre, lo cierto es que su personaje del anticristo alude directamente al agraciado niño brujo que ha conquistado millones de corazones, Harry Potter (lo anterior se sabe gracias a la crítica de cómics Laura Sneddon, quien tiene en sus manos la única copia anticipada para reseñar que se circuló de Century 2009). Como ejemplo de esta asociación, Sneddon cita el hecho de que el Anticristo, al igual que Potter, acude a una escuela de magia desde joven, a la cual, lo mismo que Hogwarts, se accede mediante una especie de tren mágico ―aunque a diferencia de la escuela a la que asiste nuestro héroe pop, en este caso la academia se caracteriza por un ambiente que raya entre la psicosis y la ira, y que nuestra joven promesa, en lugar de distinguirse por nobles gestos de hechicería, aniquila a un compañero lanzando una descarga eléctrica desde su pene.

Vale la pena aclarar que el hecho de que Moore haya tomado a Potter como modelo para su Anticristo no necesariamente expresa una crítica contra este personaje. Al respecto Sneddon desmarca al autor de esta posibilidad, advirtiendo en entrevista para The Guardian que el Anticristo que aparece en Century 2009 representa "un comentario sobre la degradación social que percibe, tanto en nuestro mundo como en el de la ficción [...] la gente quizá tenderá a verlo como un una especie de resentido abordaje contra el popular Harry Potter, presentándolo como una maligna abominación que ha corrompido a nuestros hijos invocando la muerte dentro de la ficción infantil, pero esa sería una lectura muy superficial de una compleja serie narrativa que deleita al re-organizar significados y referencias en el patio de nuestra imaginación". 

Es más o menos predecible que varios fans de Harry Potter condenarán las similitudes que existen entre su ídolo y el Anticristo de Century 2009, sin embargo, esta asociación oximorónica ―y por lo tanto impactante―  entre Potter y el portador del ocaso que creó Moore, no debe percibirse como una afrenta contra el niño brujo, ni contra sus seguidores. En realidad representa, al menos para mí, una sagaz y lúdica crítica al sistema que produce masivamente cultura, y por lo tanto realidad (aquello que muchos conocemos como el mainstream).

Desde un cierto punto de vista resulta hilarante ligar al inmaculado personaje de JK Rowling con una de las figuras más abominables y temidas de la cultura pop, el mismísimo Anticristo. Por otro lado, es evidente que, sin haberlo buscado y más allá de sus múltiples bondades, Potter se ha convertido también en el último estandarte del mass media, del merchandising y del fervor 'lobotomizado' ―aquel que provoca filas de miles de personas que pernoctan para comprar el último libro o ver la última película de su héroe. Y qué mejor manera de hacer está satira que partiendo de un espíritu esencialmente infantil, es decir, mirar un pilar de la realidad sociocultural desde una perspectiva flagrantemente distinta, proponiendo a Harry Potter  como el encargado de consumar el fin de los tiempos. 

Creo que Moore ha logrado una vez más sacudir el imaginario colectivo y, como suele suceder con él, lo ha conseguido sin perder la elegancia. Esta analogía literaria que ha magnetizado a los reflectores en torno a su nueva novela, es una lección cultural para recordarnos que, no importa qué tan 'absoluta' sea la cualidad que masivamente se percibe sobre un evento o un personaje, siempre habrán, por fortuna, miradas alternativas disponibles para ensayar el mayor don con el que fuimos agraciados: la imaginación. Y dicho lo anterior, solo me resta preguntar: ¿En realidad se debería descartar la posibilidad de que Harry Potter sea el Anticristo en un universo paralelo?

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

 

Quienes leen adoptan inconscientemente la identidad de los personajes ficticios

Por: pijamasurf - 06/19/2012

Estudio psicológico encuentra que quienes leen adoptan sin darse cuenta las creencias, actitudes y pensamientos de los personajes ficticios que protagonizan la historia leída, con efectos en su comportamiento real.

La literatura es sin duda uno de los mecanismos de sobrevivencia más empáticos desarrollados por nuestra cultura y nuestra psique, una construcción que se remite a los orígenes mismos de nuestra civilización y nuestra evolución como especie.

Recientemente Geoff Kaufman ―investigador pos-doctoral en el Dartmouth College de New Hampshire― y Lisa Libby ―profesora asistente de psicología en la Universidad Estatal de Ohio― llevaron a cabo un estudio en el que encontraron que quienes leen, en un gesto empático sumamente elocuente, adoptan sin darse cuenta del todo las actitudes, pensamientos y creencias de los personajes ficticios que protagonizan su lectura.

Kaufman y Libby realizaron seis pruebas distintas con 500 voluntarios, llegando a la conclusión de que las historias contadas en primera persona pueden transformar temporalmente la manera en que el lector se ve a sí mismo, al mundo y otros grupos sociales.

En uno de los experimentos, por ejemplo, las personas que se identificaron fuertemente con un personaje ficticio que vence varias adversidades para votar, se mostraron mucho más inclinadas a votar también ellas varios días después en una elección real, esto en comparación con otros voluntarios que leyeron una historia diferente.

En cuanto a los factores que se encuentran de fondo en este fenómeno, denominado “toma de experiencia”, parece ser que uno de los más importantes es que aquellos rasgos de personalidad que el lector pudiera encontrar similares entre sí mismo y la ficción, deben aparecer pronto en la historia.

Así, en otro experimento con un grupo de 70 hombres heterosexuales que leyeron la historia de un estudiante homosexual, la aceptación de este comportamiento fue significativamente distinta según la inclinación sexual del protagonista se revelara más temprano o más tarde en la secuencia narrativa. En este caso en particular, los participantes que solo pasadas varias páginas supieron que el personaje era gay, mostraron después actitudes menos favorables hacia la homosexualidad, en contraste con aquellos que lo supieron desde un inicio. Curiosamente este mismo fenómeno se repitió con un personaje ficticio de tez negra.

Otras circunstancias como el ambiente, la constante referencia a uno mismo (que se probó poniendo a leer a los voluntarios frente a un espejo), también influyen en la generación de este tipo especial de empatía.

“Entre más recordatorios recibes de tu propia identidad personal, es menos probable que estés dispuesto a tomar la identidad de un personaje”, explica Kaufmann. “Tienes que ser capaz de llevarte a ti mismo fuera de la fotografía y perderte realmente en el libro para tener esta experiencia auténtica de tomar la identidad de un personaje”.

Por su parte Libby aclara que la “toma de experiencia” es sumamente inmersiva, pues el lector “reemplaza su yo con otro”, en un proceso natural aunque inconsciente que pocos advierten ―lo cual lo hace todavía más intenso y vívido.

Finalmente, uno de los beneficios de este efecto de la lectura sobre una persona es que, a decir de Libby, los horizontes se amplían, llevando a los lectores a relacionarse ―ya desde su pensamiento― con grupos sociales con los que de otra manera nunca entrarían en contacto.

Imagen: moriza / flickr

[Medical Daily]