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Joven hipnotista mete en trance a un grupo de niñas pero es incapaz de despertarlas

Por: pijamasurf - 06/18/2012

Para celebrar el fin de cursos en una escuela de Quebec, un joven hipnotista acudió al Collège du Sacré-Cœur, donde hipnotizó a un grupo de niñas de 13 años a las que fue incapaz de sacar del trance; al acudir en su ayuda, su maestro declaró que fue el atractivo físico del joven el que potenció el influjo entre las alumnas.

Para celebrar el fin de cursos en una escuela de Quebec, los directivos pensaron que sería una buena idea invitar a un hipnotista para realizar un acto masivo de entretenimiento con los alumnos.

Así, Maxime Nadeau  acudió al Collège du Sacré-Cœur para demostrar sus habilidades en un pequeño grupo de jóvenes mujeres de entre 12 y 13 años de edad (Nadeau tiene 20).

Sin embargo, las cosas se salieron de control y cuando el acto supuestamente debió terminar, Nadeau descubrió que varias de las niñas seguían en el trance hipnótico y, lo que es peor, que él mismo era incapaz de despertarlas.

El joven hipnotista tuvo que recurrir a su mentor, Richard Whitbread, quien pasada una hora llegó al colegio para salvar la situación, solo pata encontrarse que un par de estudiantes tenían sus cabezas sobre la mesa y otros más simplemente se encontraban en un trance: con los ojos abiertos pero la mirada vacía.

Según el diagnóstico de Whitbread, las jóvenes se encontraban en una especie de doble hipnotización por causa del atractivo físico de su alumno, el cual hizo que el influjo de Nadeau fuera particularmente potente entre las jóvenes. Whitbread por su parte rompió el encanto gritando estentóreamente.

En cuanto a estas, algunas tuvieron dificultad para describir lo sucedido. Una de ellas, Émilie Bertrand, dijo que no podía explicarlo, que “era como si no estuviera ahí, como si estuviera fuera del espacio”. Otras manifestaron dolor de cabeza y náusea. Una más se mantuvo en la hipnosis por cuatro horas.

Las autoridades de la escuela ignoraban que la hipnosis no se recomienda para personas menores de 14 años, debido a que antes de esta edad las personas son muy susceptibles a sus efectos.

[RT]

Sin las crayolas, los nombres de los colores en japonés serían otros

Ciencia

Por: pijamasurf - 06/18/2012

Aunque parezca un hecho nimio y trivial, la introducción de crayolas en Japón a partir del siglo XX y en los años de la Posguerra, modificó la identificación en una misma palabra de los colores verde y azul; un hecho que nos permite reflexionar sobre la indómita naturaleza de los inexistentes colores.

El problema de los colores es, en lo que respecta a las capacidades humana, uno de los más interesantes y al mismo tiempo enigmáticos, algo que podemos hacer, hacemos a diario y quizá por eso no consideramos en su milagrosa realidad: ver colores.

Y de entre las muchas preguntas que podrían hacerse sobre este asunto, pocas tan inquietantes como la manera en que llegamos a denominar una tonalidad en especial. Wittgenstein, el filósofo austríaco que dedicó cierta parte de su obra y tiempo a examinar el problema de los colores, se preguntó alguna vez:

«¿Es la concordancia entre los hombres lo que decide qué es rojo? ¿Se decide este apelando a la mayoría? ¿Se nos enseño a determinar así el color?» ( Zettel, 431).

El gesto es elocuente: adánicamente imponemos un nombre a los colores para tener la ilusión de que dominamos también su inasible naturaleza. Pero, en el fondo, eso que llamamos color permanece inalterado (acaso también porque, en cierto sentido, no existen más allá de los rasgos fisiológicos y estructurales por los que los percibimos).

En Japón, por ejemplo, hasta hace no mucho solo se tenía una palabra para nombrar el azul y el verde: Ao, y todavía ahora es más o menos común que la gente se refiera a la luz de siga en el semáforo (verde, como en casi cualquier parte del mundo) con la misma palabra con que designan el azul.

Curiosamente esta situación comenzó a cambiar en los primeros años del siglo XX, con un hecho bastante curioso y, se creería, insignificante: la incipiente importación de crayolas para los niños. En estos paquetes había tonalidades de verde y azul que, instintiva y necesariamente, los niños tenían que distinguir entre sí. Entonces fue más común que “midori” y “ao”, verde y azul, comenzar a distanciarse.

Más tarde, en los años de la Posguerra y debido a la influencia de los Aliados, el nuevo material didáctico que se utilizó en las escuelas obligó a maestros y alumnos a ahondar en esta diferencia.

Lo curioso es que en ciertos ámbitos la identificación persiste. Así como en español la palabra verdura está asociado al verde, en japonés los vegetales son “ao-mono”, “cosas azules”.

Como sucede siempre que se habla de colores, lo que resulta relevante es la ambigüedad existente entre color y color, lo difícil que es delimitar una realidad solo en apariencia simple. Asimismo, del caso japonés destaca el mecanismo generacional que se revela inevitable cuando se introducen nuevas enseñanzas en los niños: tarde o temprano, estas terminarán modificando situaciones que se creerían atávicas y seculares.

[Empirical Zeal]