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Investigación revela que los bancos occidentales se llevan la mayor parte del negocio de la cocaína

Política

Por: pijamasurf - 06/03/2012

Investigadores muestran que casi la totalidad del negocio del narcotráfico es cosechada en los países que consumen las drogas; lo cual sugiere que los grandes bancos de países occidentales operan una gigantesca red de lavado de dinero

La investigación más extensa hasta la fecha ha confirmado la intuición popular de que el negocio de la droga recae fundamentalmente en los países que consumen sustancias como la cocaína, más que en los países que las producen. ¿Por qué nunca o casi nunca se detienen capos en Estados Unidos? ¿Acaso los narcotraficantes mexicanos y colombianos dominan a sus anchas uno de los negocios más jugosos del planeta? La repuesta parece ser que los capos de países consumidores como Estados Unidos son los bancos que lavan el dinero y las autoridades que permiten que florezca el narcotráfico.

El diario británico The Guardian reporta sobre el estudio Anti-Drugs Policies In Colombia: Successes, Failures And Wrong Turns, realizado por Alejandro Gaviria y Daniel Mejía, al parecer el más completo hasta la fecha en lo que se refiere al análisis de los mecanismo financieros que operan en el tráfico de drogas, específicamente la cocaína colombiana.

El estudio revela que sólo el 2.6% del valor que genera la cocaína producida en Colombia permanece en ese país, mientras que el restante 97.4% es capitalizado por sindicatos criminales y bancos que lavan el dinero en países consumidores de primer mundo. Esta minúscula derrama económica contrasta con la gran cantidad de violencia que se genera en los países donde se produce la droga -- y donde se centra la guerra contra la droga.  Gaviria, uno de los autores, hace una provocadora analogía: "que pensarían los estadounidenses si los índices de homicidios se dispararan  en Seattle porque el consumo y el negocio de la cocaína  estuviera migrado a Canadá". Se calcula que la cocaína colombiana es un negocio de 300 mil millones de dólares al año, de los cuales sólo 7.8 mil millones se quedan en  Colombia.

"Si los países como Colombia se beneficiaran económicamente del tráfico de drogas, habría un cierto sentido en todo esto. Sin embargo, hemos pagado el precio de las ganancias de otros --Colombia recientemente, y ahora México", recalcó Gaviria.

Daniel Mejía añade que existe una gran diferencia entre la regulación en los bancos colombianos y los bancos en países como Estados Unidos, donde no se investiga el lavado de dinero con el mismo escrutinio. "Todo el sistema operado por las autoridades en las naciones consumidoras está basado en ir detrás del pequeño productor, el más débil en la cadena y nunca detrás del gran negocio y de los sistemas financieros donde están las grandes cantidades de dinero... Es tabú perseguir a los grandes bancos. Es suicidio político en este clima económico porque las cantidades de dinero reciclado son tan altas".

Hace dos años se inició una investigación al banco Wachovia (ahora Wells Fargo) por lavar 380 millones de dólares del narco mexicano. El banco admitió haber transferido 110 millones de dólares de México a Estados Unidos y no monitorear 380 millone de dólares. Dos años después el banco ha sido  absuelto y nadie ha ido a la cárcel. Esta es la imperante impunidad de estas instituciones que son "demasiado grandes para caer".

[The Guardian]

Las elecciones presidenciales en México son inminentes: este 1 de julio de 2012 la ciudadanía se enfrenta a la posibilidad de que el "nuevo PRI" —el PRI de Tomás Yarrington, Mario Marín, Ulises Ruiz, Fidel Herrera o Humberto Moreira— regrese al poder, aunque con el precedente de la autoorganización establecido por el movimiento #Yosoy132.

Mucho se ha dicho en torno al proceso electoral en México, muchas discusiones, muchas posiciones encontradas. Todo esto con razón: México se encuentra en una encrucijada. Los resultados electorales del 1 de julio definirán de manera importante el futuro del país. En particular me refiero al posible retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder bajo un halo democrático. La pregunta que muchos nos hacemos es si la vuelta del PRI al poder significará una especie de restauración autoritaria. Yo no lo creo, pero sí creo en la posibilidad de la consolidación, como nunca, de un sistema capitalista profundamente corrupto, coptado por una élite corrompida por el dinero, falto de transparencia y rendición de cuentas, de procesos electorales dudosos. Un sistema con la capacidad política de capturar las instituciones y transformarlas para el beneficio de sus intereses. México se parecerá más a la Rusia bajo el mandato de Putin que a la Islandia que redacta una Constitución en “open source”. 

El número de ejemplos que muestra que en estos 12 años de oposición el PRI no se transformó, que sigue sin ver, sin escuchar, que no dialoga y que atemoriza, son “one too many”. Las amenazas que han recibo algunos de los muchachos de la Ibero que gritaron consignas contra Enrique Peña Nieto es preocupante, como lo es también la cantidad de periodistas asesinados en estados gobernados por el PRI, solo por nombrar algunos ejemplos.

Son innumerables los casos de corrupción y autoritarismo de miembros de este partido, todos tienen nombre y apellido, y para ello no es necesario remitirnos a la historia de los Arturo Durazo Moreno, Carlos Hank González o Gustavo Díaz Ordaz, son, por el contrario, bastante recientes: Tomás Yarrington, Mario Marín, Ulises Ruiz, Fidel Herrera o Humberto Moreira, solo por nombrar los que han salido a la luz (no me puedo llegar a imaginar las riquezas de sus operadores que viven en la oscuridad). En muchos casos la relación entre miembros del Revolucionario Institucional y el crimen organizado es, creo yo, un hecho. Hoy más que nunca se aplica la máxima de uno de los líderes históricos del PRI, Gonzalo N. Santos, asesino confeso que disfrutó siempre de su libertad:  “la moral es un árbol que da moras o vale para una chingada”.

Me temo que el regreso del PRI, y realmente espero estar equivocado, puede estar más cercano al “chavismo” que lo que muchos argumentan en contra de Andrés Manuel López Obrador. Una mayoría de la coalición PRI-PVEM en el Congreso, sumado al control de entre 20 y 22 de los 32 gobiernos estatales, sería francamente preocupante. Eso daría manga ancha a la construcción de un engranaje político y económico controlado por un partido profundamente corrupto bajo una política neoliberal. Similar al “chavismo” no por ser una autarquía populista, sino por lograr crear un aparato con la capacidad de ganar votos, que dizque juega a la competencia electoral pero que corrompe y amedrenta. Un andamiaje político que redefine las reglas para favorecerse, que tuerce las instituciones a su favor y que no rinde cuentas. Una especie de autoritarismo competitivo.

Todo indica que a pesar de que gran parte del electorado mexicano ve esta posibilidad con el regreso del PRI, existe, sin embargo, una alta probabilidad de que le otorgue su voto y con ello el triunfo. Sin duda el fracaso absoluto, torpe, soberbio, ineficaz de los gobiernos panistas en los últimos 12 años ha contribuido a fortalecer una especie de “Síndrome de Estocolmo” colectivo. Es decir, estar agradecidos a nuestro secuestrador por habernos “dado un cigarrito” durante nuestro cautiverio, esa simpatía por el asaltante que solo robó pero que no nos mató en el proceso. Será aceptar que “robarán” del erario público pero dejarán algo, “robarán” pero harán algo a cambio, serán eficientes y efectivos. El Estado capturado pero el Estado eficaz.  Son “ladrones” y “autoritarios”, pero podremos vivir tranquilos, esa es la premisa.

La aceptación de esta situación es la trágica rendición hacia lo inevitable, la tragicomedia mexicana o la cultura política de la que tanto habló Octavio Paz. La desesperanza nos oprime. Pero también es, en lo que corresponde a las élites en el poder, muestra de su más absoluto egoísmo, ese egoísmo que vaga libremente por sus mansiones. No importa lo que “los otros se roben” en tanto “yo” pueda hacer negocio. La aceptación de la corrupción se permea al resto de la sociedad —y por qué no, si todos lo hacen.

Los eventos en la Universidad Iberoamericana y el movimiento #yosoy132, sin embargo, han abierto una nueva posibilidad. Los jóvenes en consonancia con las redes sociales dijeron un “basta” y se organizaron. Tal vez muy tarde, eso no importa. Estoy seguro que ese movimiento no quedará ahí. El movimiento mostró que la organización ciudadana a través de Internet es posible y que tiene un efecto. El movimiento es importante no solo porque ha sido promotor de las causas anti PRI, sino porque independientemente de quién salga victorioso este 1 de julio, sembró la semilla de la posibilidad en la conciencia ciudadana.

En este momento es imposible saber quién ganará la Presidencia de la República. Sabemos que existen intentos de manipulación del voto, pero en la urna las cosas pueden tomar distintos caminos. Confío en el IFE en lo que respecta al proceso electoral que este, a través de los ciudadanos, controla, pero no confío en lo que ocurre en muchos lugares del país afuera de las casilla. Pero al final de cuentas el voto será secreto y muchas cosas podrán pasar ahí.

Si llega el PRI a la Presidencia, la organización ciudadana será fundamental como mecanismo para llamar a cuentas: transparencia, justicia, educación, pobreza, más y mejor democracia. Pero ocurrirá lo mismo si llega Andrés Manuel López Obrador. Exigir cuentas, demandar una política social de izquierda, respeto a la diversidad, crecimiento económico con responsabilidad, paz y, en muchas ocasiones, hacerle ver el sinsentido de su terquedad. De llegar Josefina Vázquez Mota, exigir rectificar el rumbo, dejar la soberbia a un lado y entender la necesidad de poner fin a una absurda estrategia de seguridad que se lleva al país y sus instituciones entre las patas, el fin de la pobreza, un alto a los monopolios públicos pero también privados, una reforma laboral, sí, pero justa. 

Al final de cuentas, hay mejores y peores escenarios en nuestro futuro próximo, pero hoy por hoy no sabemos cuál de ellos llegará, pero sabemos que hoy los ciudadanos comunes tenemos capacidad de organización. Por fin sabemos que no necesitas pertenecer a un partido o sindicato para organizarte, la ciudadanía sabe y puede organizarse por sí misma y podremos llamar a cuentas. Podemos ser un pesadilla si no se nos toma en cuenta. El 2 de julio comienzan tiempos de cambio y los jóvenes abrieron esa posibilidad. Llamemos a cuentas pase lo que pase, llegue quien llegue. 

Twitter del autor: @juanmortega

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