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El amor es la droga: ubican la zona exacta del cerebro que se activa durante el enamoramiento

Ciencia

Por: pijamasurf - 06/21/2012

Científicos hacen el mapa más completo del amor y el deseo en el cerebro; el amor activa el núcleo estriado y parece ser el fruto sostenido de las recompensas del deseo sexual, a las cuales nos volvemos adictos.

Un equipo internacional de científicos ha realizado el mapa más completo del amor en el cerebro humano. La neurociencia había ubicado con precisión las zonas cerebrales que originan el deseo, la ira, el miedo y funciones cognitivas complejas; pero el amor había probado ser elusivo.

Científicos de la Universidad de Concordia, junto con colegas  de las universidades de Sycaruse y Virginia Occidental en Estados Unidos y el Hospital Universitario de Ginebra en Suiza, revisaron  20 estudios previos que habían analizados la actividad cerebral del amor y el deseo sexual aplicando resonancias magnéticas a sujetos mientras estos veían imágenes eróticas o fotos de sus seres queridos entre otras tareas.

 Al parecer el amor activa la ínsula y núcleo estriado, dentro del  sistema límbico del cerebo, asiento de las emociones humanas.  El amor y el deseo sexual están relacionados pero activan diferentes partes del núcleo estriado; el área activada por el deseo sexual usualmente se activa por cosas que son inherentemente placenteras, como la comida y el sexo.  El área activada por el amor está involucrada en el proceso de condicionamiento a través del cual se les otorga valor a las cosas placenteras: los sentimientos de deseo sexual que se desarrollan en amor son procesados en otra parte del núcleo estriado. 

La ínsula es una porción de la corteza cerebral que está plegada en una zona entre el lóbulo temporal y lóbulo frontal, mientras que el núcleo estriado está localizado cerca, en el cerebro anterior.

Curiosamente el núcleo estriado también se activa con la adicción a las drogas: en cierta forma el amor es la adicción al placer que genera una persona.

"El amor realmente es un hábito que se forma con el deseo sexual y que recompensa a ese deseo. Y en el cerebro el amor funciona de la misma forma como cuando la gente se vuelve adicta a las drogas", dice el profesor Jim Pfaus.

El amor había sido difícil de ubicar ya que a diferencia de otras emociones concretas, el amor parece se más abstracto e involucra más áreas del cerebro.

Mientras el placer sexual tiene un objetivo muy específico, el amor es más abstracto y complejo y por lo tanto menos dependiente de la presencia física de otra persona" agregó Pfaus.

[BBC]

El talento musical, que lleva mucho tiempo considerándose una capacidad innata con la que algunos ya vienen precargados, podría ser según la neurociencia una habilidad como cualquiera que con estudio y práctica constante puede aprenderse y dominarse.

El talento musical es desde cierta perspectiva uno de los más misteriosos del ser humano, uno del que a lo largo de la historia se ha debatido si se adquiere o irremediablemente se nace con él, con cierta inclinación por responder que los músicos verdaderamente geniales son aquellos que en su condición natural ya tienen precargado esta especie de software.

Ahora, sin embargo, con los nuevos recursos puestos a disposición de la neurociencia (una de las disciplinas más ambiciosas de los últimos tiempos), este dilema podría ser mejor comprendido y quizá incluso resuelto.

Recientemente el neurocientífico Gary Marcus, de la Universidad de Nueva York, publicó los resultados de una investigación en la que intentó conciliar dos aspectos aparentemente contradictorios de su personalidad: su ferviente pasión por la música y su ineptitud crónica para interpretarla. Para conjugarlos, Marcus acuñó la idea de “periodos críticos” en los que habilidades complejas pueden aprenderse y los cuales, nos dice, se cierran de golpe después de la adolescencia.

“Ejercitar nuestros cerebro ayuda a mantenerlos, preservando su plasticidad (la capacidad de nuestro sistema nervioso de aprender algo nuevo), cuidándolo de la degeneración y, literalmente, dejando que la sangre fluya”, explica Marcus, quien se sometió a sí mismo a uno de estos procesos de aprendizaje, específicamente tomando clases para tocar la guitarra, enfrentando la perseverancia y el intenso deseo de realizar algo con la falta absoluta de talento y la edad más o menos avanzada para iniciarse en una habilidad desconocida (Marcus contaba entonces con 38 años de edad).

Probando algunos de los métodos de iniciación musical más conocidos y mejor desarrollados y completando su experiencia con descubrimientos científicos concretos (como el caso de ciertos búhos que solo en la edad adulta aprenden a coordinar los sonidos que emiten con su sentido de navegación y ubicación), Marcus encontró que el aprendizaje de una nueva habilidad tiene que ver tanto con la práctica cotidiana de esta como con la dosificación correcta de los niveles de dificultad con que se emprende: en este sentido, el desánimo sobreviene cuando, como en los videojuegos, el individuo encuentra algo sumamente difícil y opta por abandonar el reto.

Lo cual, en un sentido amplio, abre nuevas preguntas sobre las verdaderas capacidades del cerebro humano, su capacidad de transformarse y trascender límites que podrían ser solo mitos o prejuicios que se podrían abatir con nada más que tiempo y voluntad.

Con información de The Atlantic