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Delfines, perros y elefantes poseen inteligencia tanto o más capaz que la de los primates

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 06/27/2012

Aunque comúnmente se cree que solo los llamados primates superiores poseen pensamiento complejo e inteligencia, pero diversos estudios han demostrado que delfines, perros y elefantes tienen habilidades de las que carecen, por ejemplo, los chimpancés.

La inteligencia es una cualidad que, fuera del ser humano, se considera superior únicamente entre algunos primates. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado que los perros y los elefantes, además de los delfines, también poseen capacidades dignas de tomarse en cuenta y nos ayudarán a entender mejor cómo funciona la inteligencia animal.

Así, en el caso de los delfines, destaca la evolución singular de su cerebro, el cual, a diferencia de otros mamíferos, posee un neocórtex con funciones mucho más desarrolladas que les ofrecen la posibilidad de razonar y tener pensamiento consciente, las bases para procesos mucho más complejo como la comunicación y la organización colectiva. Curiosamente, el único ancestro en común entre el ser humano y los delfines se remonta a 95 millones de años de antigüedad.

De acuerdo con Lori Marino, neurocientífico en la Universidad de Emory, los delfines son capaces de entender conceptos abstractos como el cero, se reconocen en el espejo y entre sus semejantes, además de distinguir a cada uno de estos en su identidad individual, su salud y sus emociones. Un delfín, nos dice Marino, puede hacer todo lo que cualquier chimpancé o bonobo.

Por otro lado, los perros se caracterizan por su observación obsesiva del comportamiento humano y su habilidad para entender nuestras formas de comunicación, lo cual, a decir de Brian Hare, investigador en la Universidad de Duke, se demuestra en ese gesto aparentemente simple y fácil con el que un perro sigue la mano, el pie o la mirada que apunta hacia un sitio específico en el espacio, entendiendo que la intención es mirar hacia esa dirección (algo que, por ejemplo, los chimpancés son incapaces de hacer).

Finalmente los elefantes, que ya en el imaginario popular se consideran dotados con una gran memoria, se han revelado particularmente hábiles para el trabajo colectivo coordinado. En una prueba, por ejemplo, un par de elefantes entendieron que obtendrían alimento únicamente si cada uno tiraba de sendos extremos de una cuerda al mismo tiempo, ejercicio que descifraron mucho más rápido que los chimpancés. Josh Plotnik, jefe de la investigación sobre elefantes en la Golden Triangle Asian Elephant Foundation de Tailandia, fue el encargado de plantear este experimento.

Así, estos tres ejemplos —el de los delfines, los perros y los elefantes— nos muestra no solo que la inteligencia no es patrimonio exclusivo de los llamados primates superiores, sino, lo que quizá es mucho más notable, que resulta injusto e impreciso considerarla o jerarquizarla bajo una única concepción y modelo —la del ser humano—, siendo que puede manifestarse en formas y expresiones muy distintas sin que ni una ni otra resulten mejores o inferiores entre sí.

[Washington Post]

El gorila Kwisha propinó el estereotípico gesto del dedo medio a un fotógrafo causando en un primer momento una reacción risueña en las redes sociales; sin embargo, esta seña se debe a una lesión crónica

Como si fuera uno de esos raperos que  juegan a provocar a los paparazzis colocando el dedo medio en su cara --ese gesto eminentemente fálico-- un gorila del Cheyenne Mountain Zoo fue fotografiado haciendo esta seña cómicamente obscena en otro contexto. Sin embargo, esta imagen que en primera instancia ha causado reacciones hilarantes, tiene un trasfondo un tanto penoso, ya que en realidad el gorila Kwisha hace ese gesto debido a una lesión en los tendones. Cada vez que intenta cerrar el puño queda expuesto su dedo medio. Sus recurrentes gestos mostrando el dedo medio, tiene 12 años con esta lesión, han circulado por programas de TV en Estados Unidos.

El caso recuerda, sin ser tan "mágico", al de un mono macaco que robó la cámara de un fotógrafo para tonarse una serie de autorretratos mostrando una sonrisa de un millón de dólares.