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Un puente luminoso entre la realidad y la memoria: lomografía fotográfica de Takeshi Suga

Arte

Por: pijamasurf - 05/26/2012

Utilizando al cerezo, uno de los símbolos más emblemáticos de Japón, y otras nostálgicas escenas, el fotógrafo Takeshi Suga empleó la técnica de la lomografía para tender un puente de luz y filtros entre la realidad y la manera en que esta se registra en nuestra memoria.

El cerezo, conocido mundialmente como el árbol nacional de Japón, es una de las plantas más hermosas de la naturaleza, dueña de una humilde majestuosidad y frágil belleza que, inmediatamente, despierta el deseo de admirarlo y protegerlo.

Quizá por estas cualidades, para el fotógrafo Takeshi Suga el cerezo puede convertirse con facilidad en un habitante del mundo onírico, un ser que reside por igual en los reinos de la ensoñación y la psicodelia que en este mundo que llamamos realidad.

Para conseguir estas imágenes, el fotógrafo aplicó filtros especiales que, en los juegos de luz obtenidos, despiertan distintas impresiones: a veces de una dorada nostalgia por un paraíso perdido y quizá nunca existente, en otras las de un sopor opiáceo o también las de una escena que el olvido está a punto de cubrir con su piadoso, inevitable manto.

Asimismo, Suga utilizó una técnica conocida como “lomografía”, la cual consiste en superponer dos imágenes distintas, una descriptiva (enfocada) y otra sugestiva (fuera de foco), esto, según el fotógrafo, con el objetivo de “presentar simultáneamente la descriptiva claridad de la fotografía con la confusión de la memoria, creando una vislumbre del mundo que nos rodea”

Visita la galería de Takeshi Suga en Flickr

Ensayo fotográfico dentro de un burdel en Praga donde el sexo es gratis si lo haces en línea

Arte

Por: pijamasurf - 05/26/2012

Compartir digitalmente se ha convertido en un enorme afrodisiaco: la fotógrafa Hana Jakrlova explora los límites que difuminan a una prostituta y a su cliente, a un sujeto y a un objeto, en un provocador ensayo sobre el burdel "Big Sister"
 
Un cliente checa su desempeño  en el Heaven Room 

La fotógrafa Hana Jakrlova creó este provocador ensayo sobre un "internet sex club" en Praga en el que nos invita a reflexionar sobre una sociedad donde todo tiene más valor si se comparte en línea --paradójicamente la virtualidad le inyecta una dosis de realidad a lo "real". En el "Big Sister", un ahora extinto burdel en Praga, se difuminaba la línea entre clientes y prostitutas: el sexo era gratis siempre y cuando se aceptara ser filmado y aparecer en un sitio de internet en tiempo real. Los visitantes del sitio pagaban por ver y en cierta forma prostituían a los clientes, que tenían sexo gratis, pero generaban dinero para la casa.

Jakrlova en su libro, del mismo nombre que el burdel, dice que este sui generis establecimiento es un síntoma extremo de nuestra época, donde "para que algo sea real y excitante debe de tenerse en línea". Como si fueramos adictos a una sensación de potencia de multitud y, dentro de nuestra alienación, a un deseo de exhibición. O tal vez sea porque, como ocurría hace algunos años con la televisión, pensamos que si algo no pasa en la Red, en realidad no pasó y se desvanece en nuestra memoria (la cual no podemos compartir directamente como un archivo en línea). La realidad, nos han enseñado, es un fenómeno colectivo, un estado consensual, incluso un concilio que decide sobre qué  y cómo percibimos.

El "Harem Room" no tiene aire acondicionado y generalmente se prohíbe abrir las ventanas para crear una atmósfera de erotismo hermético.

Por otro lado, Jakrlova resalta el reto que fue penetrar este establecimiento desde una mirada femenina. Aunque la prostitución es legal en la República Checa y en su caso siempre observó actos consensuados, no deja de haber una sensación de explotación en este comercio sexual digital. Por momentos sentía, relata, el deseo de actuar (no sexualmente) sino de forma que impidiera  la continuación de un proceso deshumanizador.

La habitación fetiche cuenta con herramientas y parafernalia erótica para practicar el sadomasoquismo.

Otra de los elementos llamativos de este sofisticado burdel es que por todos lados figuran las cámaras: se convierten en parte de la escenografía y en estimulantes eróticos del voyeurismo compartido. 

 

Hace algunos meses publicamos una reflexión sobre los efectos de tener sexo conectados a la red (un estudio sugiere que en Estados Unidos al menos la mitada de los usuarios de Internet se mantienen conectados mientras tienen sexo). ¿Acaso la íntima energía que se intercambia, se devora, crece o se vampiriza durante la cópula también se transmite en línea y verdaderamente se borra, como ocurre en la física cuántica, la barrera entre el observador y lo observado, entre el emisor y el receptor, entre el que penetra y el que es penetrado? Si consideramos que, debido a las neuronas espejo, en nuestro cerebro el ver un acto sexual es prácticamente lo mismo que tener sexo, el sexo en la red es realmente una orgía planetaria en la cual participamos sin saber. Ver no es un acto pasivo, es una transformación a distancia, una invasión a través de la imagen.

 

[Wired]