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¿Quienes se despiertan tarde son perezosos? Patrones de sueño e imperativos sociales

Salud

Por: pijamasurf - 05/15/2012

Con el concepto de “jet lag social”, el investigador Till Roenneberg cuestiona la obligación social y moral de adaptar los patrones individuales de sueño y descanso a los ritmos convencionales.

La correspondencia entre el reloj biológico y el de las exigencias sociales ha sido, casi desde siempre, una de las contrariedades más sensibles de la vida cotidiana, una que no pocos encuentran difícil superar y que se convierte incluso en motivo de sufrimiento diario.

Despertar temprano, dormir a una hora adecuada y un periodo específico, trabajar de día, descansar de noche, etc., son imperativos que no todos podemos seguir y no por mera cuestión de voluntad o disciplina, sino por razones más profundas que se relacionan con nuestra naturaleza misma.

En una publicación reciente, el cronobiólogo alemán Till Roenneberg se detiene en una de estas supuestas oposiciones entre los patrones de sueño y la actividad diurna, arguyendo que los primeros poco tienen que ver con las acusaciones de pereza que en ocasiones se lanzan contra aquellos que “no duermen bien”.

Roenneberg asegura que cada uno de nosotros pose un “cronotipo” distinto, una regulación temporal interna definida el llamado “punto medio del sueño” que se calcula dividiendo el promedio del tiempo que se duerme entre 2 y sumando este resultado al promedio de descanso en los días libres, es decir, los días en que dormir y despertar no están regulados por las obligaciones cotidianas. Así, por ejemplo, si diario duermes a las 11 de la noche y despiertas a las 7 de la mañana, si agregas cuatro horas a las 11, tendrás que las 3 de la madrugada es tu punto medio del sueño.

Con este concepto, el investigador trazó la evolución de los ciclos de sueño en la historia, encontrando que si bien en sociedades agrícolas e industriales del pasado predominaron los cronotipos matutinos por causa misma de estas actividades, actualmente sus posibles ventajas se han perdido, aunque dejando los estigmas sociales que acompañaban a los cronotipos más tardíos. Dice Roenneberg:

Este mito de que quienes se levantan temprano son buenas personas y que los que se levantan tarde son perezosos tiene sus razones y sus méritos en sociedades rurales, pero se vuelve cuestionable en una sociedad contemporánes de 24/7. La vieja moral prevalece tanto, sin embargo, que todavía domina nuestras creencias, incluso en la época actual. El cartero no piensa por un segundo que el joven quizá trabajó hasta la madrugada porque es un trabajador del turno nocturno o por otras razones. Él etiqueta a un joven saludable que duerme en el día como flojo —al igual que a los dormilones. Esta actitud se refleja en el uso frecuente [en los medios] de la oposición entre “madrugadores” y “dormilones”. Aunque este par de palabras es nada más que manzanas y naranjas, porque lo opuesto de “temprano” es “tarde” y “corto” de “largo”.

Así, con estas transformaciones en los patrones de sueño personales (en buena medida propiciadas por las transformaciones mismas de la sociedad) dan pie a Roenneberg para hablar del “jet lag social”, un concepto en clara alusión al cansancio que se siente luego del violento cambio de huso horario producto de un viaje aéreo. En este caso Roenneberg habla de una especie de cansancio crónico que de alguna manera también se origina en el desfase entre las exigencias del mundo y los ritmos personales, sobre todo de descanso y sueño en días laborales y días libres.

Por desgracia estas variables se conjugan en detrimento de la salud de quienes no pueden adaptarse a la convención social del tiempo, consecuencias que, dice Roenneberg, apenas comenzamos a entender en toda su dimensión. Por poner un ejemplo, asegura el investigador que entre más severo sea el “jet lag social” que una persona padece, es más probable que esta desarrolle el hábito de fumar.

El estudio del cronobiólogo es mucho más extenso y toma en cuenta tanto los factores ambientales como los genéticos que aceitan la maquinaria de nuestro reloj interno, pero en suma, nos invita a reflexionar no solo sobre nuestra propia actividad diurna y nocturna y cómo ponemos esta en relación con nuestras obligaciones sociales, sino también en los prejuicios que en ocasiones podemos ejercer —injustificadamente— contra aquellos que pertenecen ya a otros hábitos que las viejas normas han dejado de regir.

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En EEUU la obesidad también afecta a los vagabundos: 1 de cada 3 es obeso

Salud

Por: pijamasurf - 05/15/2012

De acuerdo con Paul Montgomery, profesor en Oxford, la obesidad en Estados Unidos también afecta a los vagabundos, pues 1 de cada 3 personas sin hogar sufren este padecimiento.

La obesidad es una de las enfermedades más comunes de nuestra época, tanto que algunos incluso la consideran una epidemia de urgente atención pública. Sin embargo, a diferencia de otros padecimientos, en este caso mucho tienen que ver los hábitos culturales ligados con la alimentación. De ahí que la obesidad sea un problema en países muy específicos.

Estados Unidos es, como sabemos, la capital mundial de la obesidad, título que viene a confirmarse en un estudio llevado a cabo por Paul Montgomery, profesor en Oxford, y según el cual 1 de cada 3 personas sin hogar (vagabundos) son obesos.

Este dato sorprende por la evidente contradicción que expresa: por un lado la imagen que tenemos de una persona viviendo en la mendicidad es la de alguien que, por esta misma situación precaria, luce enfermizamente delgado, obligado como está a alimentarse únicamente de lo que puede encontrar.

Pero esto en Estados Unidos cambia radicalmente porque muchos vagabundos tienen acceso a alimentos ricos en sodio, grasas y azúcar, frecuentemente los de menor precio, lo cual genera su problema de obesidad. Asimismo la poca o nula actividad física, la falta de sueño y el estrés pueden incidir en este curioso fenómeno.

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