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La disyuntiva entre dirigir la ciencia y la ficción hacia senderos proactivos y optimistas que contribuyan a la creación de un "mejor futuro" o de dejarlas fluir sin un cauce predeterminado, en la danza del caos.

Uno de los autores de ciencia ficción más reconocidos de los últimos tiempos, Neal Stephenson, ha hecho un reciente llamado a generar una ciencia ficción más optimista, que vaya más allá de los recurrentes escenarios apocalípticos y las distopias deletéreas que dominan el género, para imaginar las futuras grandes empresas del hombre y dilucidar posibles soluciones al predicamento existencial. Stephenson incluso ha creado el proyecto Hieroglyph cuyo fin es estimular la creación de obras de sci-fi que avancen en esta vertiente, con la esperanza de ver nuevos Julio Verne.

La propuesta de Stephenson puede resultar un tanto ingenua desde el punto de vista del gran arte, el cual supuestamente no acepta ninguna limitante o constricción además de su propia naturaleza e inquietud --y si estos escenarios decadentes y cataclísmicos permean es porque esto es lo que atañe al intelecto actualmente, esto es lo que transmite el mundo para ser reproducido en el gran espejo de la mente. Una realidad inescapable, una fidelidad a la peripecia humana. Asimismo, se puede argumentar que presentar con lucidez estos mundos que se precipitan hacia el abismo, es una forma de evitar, en una conciencia madura, que sucedan. No sólo lo que ocurrió con el nazismo, de igual forma novelas como 1984 y un Un Mundo Feliz hacen que estemos más atentos a disolver prontamente cualquier amenaza latente de control totalitario.

Pero hay que tomar todas las partes, siguiendo la filosofía del físico John Wheeler, que coqueteó, mirando desde el ojo del electrón, con la omnijetividad, la realidad desde todos los ángulos. Y entonces la visión de Stephenson también tiene sentido. Especialmente si consideramos que una de los factores que determina la realidad --y el futuro-- es la intención y la imaginación humana. "La mejor forma de predecir el futuro es crearlo", se ha dicho con cierta fama, a lo que podemos añadir que predecir el futuro es ya en gran medida crear el futuro, puesto que existe una tendencia, que lo mismo se mueve dentro de la magia que dentro de la física cuántica, a materializar el pensamiento. Los optimistas nos pueden parecer estúpidos, pero su alta dosis de placebo neural hace que en la gran mayoría de los casos sus resultados reflejen el optimismo con el cual hacen sus experimentos --es decir su vida o sus proyectos.

"In dreams begins responsability", es la memorable frase con la cual W.B. Yeats, poeta laureado y miembro del Golden Dawn junto con Aleister Crowley, prologó uno de sus poemarios. En los sueños empieza la responsabilidad porque esta veta mental cruza fácilmente el litoral entre mundos, lo onírico se eterrealiza. La ciencia ficción es un sueño despierto dirigido. ¿Hacia dónde lo queremos dirigir? ¿Queremos aurigas que lleven al mundo, como el alma consciente de sí a un cuerpo? ¿O queremos seguir a los caballos del caos, y vernos en el espejo tal cual somos, aunque el agua de ese espejo esté en constante movimiento y con elementos enrarecidos? Sinceramente no encuentro una respuesta contundente. Estamos siempre entre Parménides y Herácilito, entre Apolo y Dionisio, divididos por un fuego indómito que contiene los números sagrados. ¿Dejaremos que el fuego haga sus propias figuras incandescentes o intentaremos conducirlo para que construya motores diseñados ex profeso para la realización de la gran utopía?

Se me ocurre que existe un punto en el que puedes dejarte llevar por el río y a la vez dirigir el río en la dirección que quieres que siga. Es el punto en el que tú eres el río. Entramos aquí de nuevo en el terreno espectral de la metafísica (una debilidad un tanto ineludible para el autor de esta reflexión). Convertirte en el río es ser el universo, ser un vehículo, en neutral, del flujo universal. Cuando el director se convierte en la película y viceversa (cuerpos interpentrados por fotogramas). Supongo que en este punto ya no hay división ni fractura entre imaginar y hacer.

Twitter del autor: @alepholo

 

El esfuerzo o la pereza en el trabajo dependen de tu dopamina en el cerebro

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/01/2012

Trabajar mucho o poco, esforzarse o tender más bien a la pereza esperando que nadie lo note, podría depender de la presencia de dopamina en dos áreas muy distintas del cerebro: la que se asocia a la recompensa o la que percibe el riesgo.

¿Por qué algunas personas trabajan más que otras en el mismo medio laboral? Este enigma, que seguramente mantiene insomnes a gerentes y directivos, podría encontrar respuesta en la neurociencia, específicamente en los niveles de dopamina registrados en el cerebro de cada trabajador.

Lo anterior fue descubierto luego de estudiar los cerebros de un grupo de participantes con un método llamado tomografía de emisión de positrones, al tiempo que estos realizaban tareas tanto fáciles como difíciles con la promesa de recibir una compensación monetaria variable en función del trabajo realizado.

Los investigadores encontraron que las personas que pusieron más empeño en ganarse el estímulo liberaron también más dopamina en áreas del cerebro que, se sabe, están relacionadas con las sensaciones de motivación y recompensa (además de que la dopamina en sí se considera un neurotransmisor de la sensación de bienestar). En el caso opuesto, aquellas personas que, como Bartleby, prefirieron no hacer las tareas señaladas o hacerlas con desgano, sus niveles de dopamina se concentraron en la ínsula anterior, una parte del cerebro asociada a la percepción de riesgo.

Algo que sorprende a los científicos (entre los que se encuentra David Zald, de la Universidad Vanderbilt, en Texas) es que la dopamina tenga efectos tan dispares dependiendo de la zona cerebral donde influye, lo cual sugiere que sus niveles no bastan del todo para explicar sus consecuencias en el comportamiento cotidiano.

Pero más allá de cuestionar los hábitos laborales de cada cual, los investigadores piensan que estos resultados podrían encaminarse a delinear mejor los tratamientos que se destinan a personas con déficit de atención, depresión o esquizofrenia.

[Gizmodo]