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Trabajar menos te hace más productivo (concentrate y descansa)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/24/2012

Reiteradamente se ha mostrado que trabajar jornadas de 8 o más horas reduce la productividad, sin embargo seguimos exigiendo horas extras pensando que esto nos redituará en una empresa o en un proyecto laboral.

La calidad por sobre la cantidad, nos dice el sentido común humanista: son preferibles pocos momentos, pero lúcidos e intensos, que muchos pero dispersos y ofuscados. Sin embargo, en el ámbito laboral, un poco por la ceguera de la ambición, generalmente prevalece la cantidad por sobre la calidad: la práctica oficinista parece indicar que es mejor tener a los empleados hacinados en sus áreas de trabajo no haciendo nada o a medio gas produciendo en estado zombie que darles libertad y fomentar la concentración.

Recientmente la directora ejecutiva de Facebook, Sharyl Sandberg, levantó controversia al declarar que ella todos los días deja su oficina a las 5:30 en lo que parece ser un horario de trabajo de unas 8 horas, muy poco para lo que se espera de empleado de alto calibre en una empresa tecnológica de Silicon Valley --donde trabajar semanas de 40 horas es casi tan raro como  ver una aurora boreal en el Caribe.

Su contraparte en Google, Marissa Mayer, de manera opuesta, dijo en un evento reciente que ella trabaja seguido 130 horas a la semana sin padecer el síndrome de estarse quemando la vida en el trabajo.

¿Quién de estas dos ejecutivas es en realidad más productiva? No podríamos afirmarlo así nada más, sin embargo, existen razones para pensar que Sandberg en la mitad del tiempo podría ser casi tan productiva como Mayer.  Esto al menos aplica para el trabajdor corriente, que no es arrastrado por una enorme pasión o que no posee una mente superdotada.

Desde 1908, el pionero industrial Ernst Avve publicó sus resultados al implementar una reducción en las horas de trabajo de 9 a 8, lo cual significó un aumento en la producción diaria. En 1926 Henry Ford famosamente adoptó la semana de trabajo de 40 horas. Pese a críticas, su experiencia le indicaba que reducir de 10 a 8 horas el día de trabajo no solo aumentaba la producción laboral sino que también reducía el costo de la producción.

Se podría pensar que trabajar menos incrementa la productividad  solo para el trabajo físico, pero que en el caso del trabajo mental esto no es igual. Sin embargo, un reciente estudio realizado por el Ejército de Estados Unidos, muestra que la privación del sueño afecta más la habilidad para hacer trabajos mentales que físicos.

Aunque los gerentes y administradores han sabido por décadas que la productividad disminuye después de ciertas horas, existe otra vez una tendencia a exigir que se trabaje horas extra. Esto según Sara Robinson, escribiendo el Alternet, es la moda que ha implementado Silicon Valley, donde jóvenes y flamantes compañías suponen que, ante promesas de cambiar el mundo y embolsarse miles de dólares, sus empleados deben de ser brillantes y apasionados y poder manejar jornadas maratónicas de trabajo --algo que además se ha extendido entre personal cuya herramienta de trabajo es la computadora, especialmente programadores que suelen pasar toda la noche escribiendo código. Pero probablemente sea un poco ingenuo pensar que todas las personas funcionan igual y se ponen la camiseta con tal facilidad.

Así las cosas, si lo que interesa es la salud y la lucidez, no sólo producir por producir o cumplir por cumplir, es decir si se busca humanizar el trabajo, e insertar una cuota de creatividad (fomentar epifanías, eurekas y sonrisas), entonces dile a tu jefe que  se quede leyendo este artículo mientras tu te vas a casa a descansar --por el bien de la empresa.

[DevopsAngle]

La fascinante "inteligencia" de las plantas. El reino vegetal exhíbe una serie de conductas que apuntan a un comportamiento complejo: memoria, comunicación en redes, el uso de aliados como herramientas para salvar su existencia, y posiblemente la telepatía, son algunas de estas muestras de una posible inteligencia botánica.

Es fácil percatarse de que las plantas tienen una sensibilidad especial a la luz y al medio ambiente en general --como silenciosos receptores de las emisiones planetarias. Sin embargo, difícilmente concebimos a estas serviciales entidades como seres inteligentes.  Y aunque usar este término en relación a las plantas, que carecen de un cerebro, sin duda genera polémica y una casi nula aceptación científica, tal vez su sensibilidad sea un tipo de inteligencia no humana, entendida como una capacidad de procesar información y adaptarse a los cambios.

En io9 han compilado una lista de 10 pruebas que podrían indicar esta especie de inteligencia botánica --y que al menos contribuye a maravillarnos ante el hecho de compartir este planeta con seres tan extraordinarios. Les compartimos esta lista y añadimos un par más de posibles manifestaciones que muestran que las plantas, en algunos aspectos, son seres capaces de procesar y emitir información de forma que por lo menos se equipara con los más sensibles de los humanos.Por cierto, aprovechamos para compartirles de nuevo un artículo que publicamos hace un par de meses sobre las habilidades telepáticas y extrasensoriales de las plantas, nuestras perennes aliadas evolutivas. 

--Las plantas se comunican con los insectos

Algunas plantas han evolucionado una estrategia de sobrevivencia equivalente a enviar una señal de pánico. Cuando las plantas de tabaco son atacadas por orugas, despiden un químico el aire que atrae insectos predatoriales que gustan de alimetarse de las orugas.  En algunos casos esas compuestos fragantes  que te seducen cuando recorres un jardín, en realidad son la forma en las que las plantas llaman a sus amigos insectos para que acudan en su ayuda.

--Las plantas tienen memoria

Recientemente un grupo de botánicos del Instituto de Nebraska realizó una serie de experimentos a través de los cuales comprobaron que las plantas son capaces de almacenar información, y remitirse a ella. En pocas palabras, que poseen memoria activa. Y esta memoria les permite orientar su desarrollo evolutivo, por ejemplo, en temporadas de sequía las plantas recuerdan los efectos que les produjeron estas circunstancias de poca agua, y para la siguiente temporada son capaces de implementar ciertas medidas que las harán menos vulnerables a dicho entorno.   

Asimismo las plantas también parecen recordar ciertaos cambios en la luz asociados con diferentes estaciones, que a su vez están vinculadas a la exposición a patógenos. Esta "memoria" les permite producir químicos, solo cuando es el momento indicado, que les ayudan a protegerse de algunas pestes. 

--Las plantas crean redes de comunicación

La verde "inteligencia" de las plantas hace que no sólo acudan a los insectos, sino que también se ayuden entre sí para evitar una amenaza. Las fresas, los tréboles y otras plantas crecen enviando mensajeros: vástagos horizontales que eventualmente se integran capilarmente a su estructura. Estos centinelas crean redes de comunicación entre plantas conectadas. Cuando una planta es atacada por un insecto, envía señales a las otras plantas advirtiendo a los miembros de la red para que puedan generar defensas que contrarrestren a los invasores --desde toxinas a químicos que les producen un mal sabor a los herbívoros.

-- Las plantas crecen de manera diversa en respuesta al sonido 

No sólo hablarles o ponerles música a las plantas afecta sus crecimiento, ellas mismas producen sonidos. La bióloga Monica Gagliano descubrió que el maíz puede emitir y responder al sonido. Gagliano notó que las raíces de las plantas de maíz hacen  una serie de clicks sonoros a una frecuencia de 220 Hz. Esta bióloga cultivó maíz suspendido en el agua y generó artificialmente sonido continuó a 220 Hz. Las plantas respondieron inclinándose a la fuente de sonido. Por el momento no se sabe por qué las plantas desarrollaron esta habilidad.

--Las plantas miden el tiempo

Las plantas no florecen sin ton ni son: registran el paso del tiempo. Se han identificado una serie de proteínas que responden a la cantidad de luz a las que son expuestas. Cuando reciben suficiente luz en un ciclo de 24 horas, estas proteínas emiten una señal que activa el ciclo de florecimiento.

--Las plantas saben distinguir arriba de abajo

No importa donde se les coloque, las plantas dirigirán sus raíces hacia abajo, hacia la tierra. Es muy probable que perciban la gravedad. 

--Las plantas saben quién es familia y quién no

Como sintiendo el comfort de sus seres queridos, la planta Impatiens pallida dedica menos energía a crecer sus raíces cuando esta rodeada de sus familiares, con las cuales comparten nutrientes. En la presencia de otras plantas no relacionadas genéticamente, estas plantas se aceleran a crecer sus raíces.

 

--Las plantas se avisan entre especies de la presencia de un enemigo

La comunicativa planta del tabaco no solo se sirve de insectos aliados, también recibe señales de plantas como la Artemisa tridentata. Científicos han descubierto que cuando el tabaco habita cerca de esta planta, logra evitar ser devorada por herbívoros con mayor frecuencia, vía una señal de la Artemisa, la cual hace que el tabaco fabrique químicos preventivos que hacen sus hojas menos atractivas para sus depredadores.

--Las plantas usan camuflaje

La  Mimosa pudica, en vez de usar químicos, dobla sus hojas para que estas aparenten ser más pequeñas y menos suculentas. Herbívoros que buscan una jugosa merienda se irán a otra parte.

-Las plantas modifican su tamaño en búsqueda de la luz

La bióloga Joanne Chory ha identificado una proteína que hace que las plantas crezcan más cuando están confinadas a la sombra. Esta proteína, PIF7, percibe la disposición de la luz alrededor de la planta --y si la planta esta en la sombra hará que crezca más para que pueda encontrar el sol.

 

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Por si esto fuera poco tenemos el caso de Clive Backster, quien trabajara desarrollando detectores de mentiras para la CIA, y quien sostiene que las plantas son capaces de formar vínculos telepáticos con las personas.  Backster se percató de que las plantas establecían un lazo especialmente fuerte con las personas que cuidaban de ella y que este vínculo no dependía del espacio físico que les separaba. Cuando se encontraba fuera de su oficina y le ocurrían eventos excitantes, fuesen positivos o negativos, sus plantas registraban los cambios bruscos en su estado de ánimo o sus ritmos biológicos.  

Aunque el trabajo de Backster no es aceptado por la ciencia mainstream,  nos introduce a una fascinante posibilidad que hace eco con diversas y milenarias tradiciones chamánicas, las cuales consideran que las plantas no sólo pueden comunicarse con los hombres y enseñarles, sino que al ingerirlas o al entrar en contacto con ellas a través de un protocolo ritualístico, pueden servir como enlaces de comunicación con espíritus ancestrales y realidades alternas. En palabras de Terence Mckenna, quien creía que la matriz vegetal era una manifestación prístina del Logos de Gaia (o la conciencia planetaria):

Al entrar en el dominio de la inteligencia de las plantas, el chamán obtiene, en cierta forma, el privilegio de una perspectiva dimensional superior sobre la experiencia.

[io9]

Sigue al autor en Twitter: @alepholo