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Por cada soldado estadounidense muerto en combate, 25 veteranos se han suicidado

Política

Por: pijamasurf - 04/16/2012

En años recientes más de 65,000 veteranos de guerra estadounidenses se han suicidado, la mayoría de ellos luego de sus experiencias en Afganistán e Irak y sin superar los 30 años de edad.

En una de las estadísticas más escalofriantes de la realidad militar estadounidense, hace unos días se dio a conocer que desde que las guerras en Afganistán e Irak comenzaron, poco después de los supuestos ataques terroristas contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, más de 65,000 veteranos de las fuerzas armadas de dicha nación han muerto por mano propia, es decir, han cometido suicidio. Para ponerla en perspectiva, esta cifra equivale a decir que por cada soldado caído en el campo de batalla en dichos combates, 25 veteranos se han suicidado, 1 cada 80 minutos, más o menos 6,500 por año.

Este lamentable fenómeno, reconocido por el Departamento de la Defensa de Estados Unidos, podría ser consecuencia del estrés post-traumático que muchos de los soldados desarrollan luego de su estancia en los países mencionados, producto a su vez de algún tipo de lesión cerebral sufrida durante su servicio.

Estimaciones recientes afirman que ser veterano de guerra duplica en promedio el riesgo de suicidio, pero entre hombres jóvenes con un rango de edad que va de los 17 a los 24 años, lo cuadruplica. Además de otros problemas de salud como el abuso de drogas, alteraciones en los patrones de sueño y en el comportamiento que afectan notablemente su vida personal y social.

Hasta el momento este asunto no ha merecido la atención que merece entre las instituciones que deberían hacerse responsables, a excepción de medidas superficiales como la apertura de una línea telefónica de atención inmediata dedicada especialmente a brindar orientación y apoyo a posibles suicidas (una "suicide hotline").

El asunto, por supuesto, nos invita a reflexionar un poco sobre las historias personales, esos pequeños dramas, de una institución (el ejército estadounidense) cuyo papel en efecto ha sido más que polémico. Si bien es innegable el dolor y el sufrimiento causado por algunos de estos soldados en territorio iraquí o afgano, igualmente es digno de compasión el que sufren las familias de estos suicidas y acaso también estos mismos, que vieron en la muerte inmediata, inaplazable, la única solución a sus conflictos.

[NYT]

El poder político y el poder mediático unidos para ofrecernos un espectáculo fársico nacional.

Los que planearon y diseñaron la estrategia de la campaña de Enrique Peña  Nieto, hayan sido y sigan siendo los de Televisa, se propusieron como objetivo principal, reducir, anular la “conciencia crítica” de los potenciales electores, induciendo abierta y subliminalmente, la imagen de un fetiche que responde al nombre de Peña Nieto, pero que realmente es un producto de mercadotecnia y publicidad, que significa la proyección ideológica del ideal del poder de la clase dominante. Lo más lamentable de esta construcción semiótica, de esta historia, es que se está logrando convencer al público objetivo-objeto para su reproducción en las urnas.

El discurso del PRI, a estas alturas de la película, poco importa que se llame Partido Revolucionario Institucional, es la repetición obsesiva de una sola propuesta: “ nuestro candidato es guapo y representa el cambio” frente a un presidente “feo y desagradable” como Felipe Calderón; nuestro candidato te lo promete y te lo cumple” (quizás en la cama). Es el personaje protagonista de la telenovela por venir: “ A Juan Diego( Enrique Peña Nieto) se le apareció la virgen “rubia” (la Gaviota) y se hizo el milagro del retorno de los brujos, o sea los mapaches del PRI a los Pinos. ¡Claro! Una telenovela muy bien hecha, con tecnología de punta, proyectada por la telecracia de los medios ad nauseam.

Los electores mexicanos de principio del siglo XXI, no se deben dejar avasallar por la campaña que pretende someter su voluntad política. Deben decir libremente su voto. El bombardeo de los millones de spots, ha convertido esta campaña electoral en la más aburrida de los últimos 24 años. Los mensajes que en 30 segundos excretan Peña Nieto, Vázquez Mota y Quadri (palero de la tarántula Elba Esther) son elementos escenográficos de una tragicomedia patrocinada por la oligarquía, trasmitida las 24 horas, donde los candidatos tienen aprendido su papel, con la honrosa excepción de Andrés Manuel López Obrador, que representa a millones de ciudadanos (¿quién sabe cuántos?) que se niegan a aceptar el destino fatal que la oligarquía le tiene preparado a este triste país: la continuación, ad perpetuam, de la miseria, la injusticia, la violencia y la enajenación como único sistema posible  de vida.

La coyuntura electoral debe ser el momento oportuno para definir la toma de posición política entre más de lo mismo o el cambio verdadero. No queda mucho tiempo para la rebelión de las urnas, para la rebelión de las conciencias. ¿Se podrá?

 

La bachicha

Las Chivas y el PRD, son la gran decepción del espectáculo nacional.