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Alquimia psicológica: haciendo consciente el inconsciente para revelar el sueño del espíritu

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 04/29/2012

Hacer consciente nuestro inconsciente es el proceso fundamental para manifestar la individualidad (la indivisibilidad entre cuerpo, mente y espíritu); hacer consciente el inconsciente colectivo es también revelar la unidad que nos identifica con el universo entero

La división entre la realidad y los sueños en ocasiones se puede difuminar o puede tener una demarcación arbitraria. La fusión de estos mundos oscila entre la locura y la divinidad, la alucinación y la creación mental: aquellos que viven la continuidad onírica-real son fantasmas o bodhisattvas, la diferencia es la conciencia. Sin embargo, aquellos que vivimos la fragmentación psíquica de los estados de vigilia y sueño de cualquier forma estamos sometidos a nuestro inconsciente --la porción mayor y dominante de la mente humana, que participa en la mente universal. Lo que procesa nuestra psique cuando dormimos o incluso cuando estamos despiertos pensando en algo, pero también siempre procesando información que se filtra debajo del umbral cognitivo, construye y programa nuestra personalidad: que es un compuesto. En cierta forma somos también lo que no hemos sido. Como el poeta Fernando Pesssoa viviendo en universos paralelos, seres heterónimos que se proyectan en jardines que se bifucran. O como el filósofo Robert Anton Wilson atisbó a través de la exploración psicodélica, más allá de que el término pueda sonar pretencioso, la psicología tiene una mecánica cuántica, existimos en estados superimpuestos, aquí y allá, muertos y vivos, soñando y despiertos, como aquel mítico gato de Schroedinger, o como el bit que es ceros y unos. Integrar esto, las ramas que son nuestras vidas inconscientes, que se desprenden del espíritu nodal, creo, es la alquimia del enigma existencial. El paraíso perdido, esa larga letanía humana, es ser muchos; el paraíso recobrado, es la unidad.

En la psique, como un crisol cósmico, cohabitan los ángeles y los demonios, las aves y los reptiles. Hay un deseo de ir hacia la luz, pero la única duración luminosa se erige sobre la sombra hecha consciente. Existe en el hombre una sed de divinidad, de experimentar un sentimiento océanico, de ser todo uno, una cópula o fusión con aquello que sustenta el universo, pero para apuntalar este impulso --que podemos llamar celeste-- necesariamente se debe de partir del reconocimiento de que el estado actual de nuestra psique es la multiplicidad, de que, aunque asumimos la narrativa de la personalidad como una unidad (un yo constante), en realidad nuestra mente es plural: la individualidad (la indivisibilidad) es algo que  se  puede lograr, pero no está de suyo dado. Para hacerlo es necesario integrar todas nuestras personas, esto incluso significa integrar todas nuestras vidas --si es que se suscribe a la teoría de la reencarnación-- o al menos integrar los elementos arquetípicos del inconsciente colectivo que se multiplican (y nos dividen) dentro de nuestra psique. Jung lo explica:

Es bajo esta evidencia [el estudio de los sueños] que los psicólogos asumen la existencia de una psique inconsciente --aunque algunos filósofos y científicos niegan su existencia. Argumentan ingenuamente que asumir esto implica la existencia de dos "sujetos", o (para usar la frase común) dos personalidades dentro del mismo individuo. Pero esto es exactamente lo que implica --correctamente. Y es una de las maldiciones del hombre moderno que muchas personas padecen esta personalidad dividida. No es en ningún sentido un síntoma patológico; es un hecho común que puede ser observado en cualquier lugar y en cualquier momento. No se trata sólo del neurótico cuya mano derecha no sabe lo que la mano izquierda está haciendo. Este predicamento es un síntoma de un inconsciencia general que es innegablemente la herencia común de toda la humanidad.

A más de 100 años de que Freud y Jung empezaran a sondear las profundidades de la psique humana, el inconsciente (y la mente en general) sigue siendo un enigma. Una forma de describir el inconsciente es como una memoria holográfica de todo lo que hemos vivido que, aunque no lo percibimos, se proyecta constantemente en nuestras redes neurales y de manera un tanto subrepticia influye en nuestro estado conciente, moldeando nuestra personalidad. Pero, si Jung estaba en lo cierto, esta memoria no se limita a lo que hemos vivido como individuos sino se extiende a lo que hemos vivido como especie --algo que coincide claramente con la teoría de la resonancia mórfica y la memoria de la naturaleza de Rupert Sheldrake: todo lo pasado sigue pasando, es presencia perpetua. Así tenemos un instinto, rasgos reptileanos y todas las quimeras jamás ideadas por la mente, algunas más activas y habituadas que otras, aún gestándose por debajo de la superficie del mar de la conciencia. "Nuestras mentes están compuestas por la historia de la humanidad: lo que los hombres han pensado ha influido la estructura de nuestras propias mentes", dijo Jung.

Aunque nuestro inconsciente es por mucho la parte dominante de nuestra mente --ya que difícilmente podríamos ser consciente de tanta información y vivir en un estado de alerta interactuando con el mundo--, el "socio mayoritario" en el argot de los psicólogos, raras veces, por definición, hacemos conscientes sus procesos --y por lo tanto vivimos supeditados a la veleidad o a la voluntad de otra "persona", nuestro íntimo desconocido. Los sueños son por mucho la forma más común en la que podemos observar los procesos in-formativos de esta naturaleza oculta de nuestra mente, y revelar la película (otras formas incluyen la meditación y el uso de sustancias psicodélicas). Pero hay un predicamento en esta (auto)observación: los sueños se producen en símbolos; para descifrar estos símbolos hay que aprender a hablar su lenguaje, el cual es bastante complejo, intuitivo y a la vez arquetípico. Tiene cierta lógica económica que lo onírico se manifieste en símbolos: ya que el inconsciente contiene tanta información y es, en la gran mayoría de las personas, tan escasa la apertura a su canal de comunicación, debe de comprimir su mensaje. Esto además condimenta la existencia, le da, por así decirlo, cierto dramatismo; los sueños son consustancialmente misterio y seducción.

¿Cuál es la importancia de descubrir nuestro inconsciente y develar nuestros sueños? Primero, la mayoría de las personas realmente no saben lo que quieren o, si es que existe una razón o misión álmica, para qué están en este mundo, en este tiempo, en cierto cuerpo, con ciertos padres. Pero si alguien lo sabe, es el inconsciente, ya que contiene y maneja toda la información de lo que somos y hemos sido. Poéticamente podemos decir que los sueños son las voces del espíritu que busca manifestar su deseo en un cuerpo o las estrellas de los antiguos navegantes que guíaban las exploraciones hacia nuevos mundos en la noche. Segundo, en un plano que puede prescindir de lo espiritual, el inconsciente al contener la memoria, los traumas y lo hábitos enraizados de nuestro ser, nos permite conocer por qué somos así, cómo nos hemos hecho así. Si queremos modificar una conducta o sanar una patología es vital primero conocer las causas, entender los mecanismos con los que opera y entonces, en esa conciencia, podemos articular un cambio profundo. De otra forma nunca podremos liberarnos de nueestro pasado y acceder a la totalidad renovadora del presente. No podremos tomar control del auriga que lleva nuestra existencia. "Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad" y "Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino", escribió Jung. Y tercero, el no observar detenidamente e interpretar el lenguaje de los sueños nos impedirá acceder a una de las poderosas fuentes de creatividad, algo que es como un curso para manifestar la mente en la realidad. El sueño con sus imágenes y su narrativa surreal nos acerca a la conciencia de que la realidad puede ser manipulable y que podemos intervenir en su desarrollo.

Es simple, pero quizás no haya sabiduría más profunda que el axioma de: "sé tú mismo". Para ser tú mismo es indispensable invocar otro de los aximos populares que con mayor inteligencia atraviesan la historia del pensamiento humano "conócete a ti mismo" (inscrito inmortalmente en Delfos y recientemente en Matrix). Recurrimos a chamanes, adivinadores, psicólogos y demás intermediarios para conocer o intentar descubrir el cauce de nuestro futuro, pero nosotros somos el oráculo (los maestros son el espejo). El oráculo es nuestro pasado, y no dejaremos de  vvivir en el pasado hasta que no hagamos lúcido nuestro inconsciente; y es que queremos quizás escapar de nuestros atavismos, limpiar lo pasado y encontranos con lo que nos predijimos en el amanecer.

La individuación, tan solo eso, sin épicas ensoñaciones de grandeza, es suficiente para la realización humana. Las particularidades de nuestra vida, si tenemos esta u otra profesión, esta u otra pareja, son sólo detalles formativos, posibles procesos de revelado, que sólo tienen significado en la medida en que contribuyen a la manifestación de nuestra individualidad. Creemos que nuestra realización está cifrada en ser algo o en estar con alguien, pero me parece, haciendo eco de Jung, que la profunda realización humana es simplemente hacer consciente lo inconsciente: esto inevitablemente hace que el sueño de nuestro espíritu se realice. Más allá del bien y el mal, el ser surge desde el abismo, desde las aguas profundas donde aletea la serpiente primordial. Finalmente hacer consciente nuestro inconsciente, surfear lúcidamente por los mundos paralelos de los sueños es la enseñanza principal para atravesar el río de la muerte con sus espejismos, donde, de otra forma, cairíamos en la inconsciencia absoluta y seríamos devorados por Anubis --reintegrándonos al Todo, pero sin mantener nuestra individualidad, nuestra conciencia de ser el Todo.

Twitter del autor: @alepholo
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El 1 de mayo es un día fértil históricamente, recargado de mitos y símbolos: hoy hace 236 años se fundó la sociedad secreta de los Iluminati y tradicionalmente el paganismo celebra el día de Mayday (Beltane o Walpurgis).

El paganismo y la conspiranoia tienen hoy su día estelar. Día fértil (para la imaginación al menos) si los hay, el primero de mayo, además de ser el Día del Trabajo, es Mayday, el día que se celebra a Beltane (con todas sus variaciones), la divinidad femenina orgiástica y telúrica. Un 1 de mayo de 1776, el año también de la Declaración de la Indpendencia de Estados Unidos (inspirada por conocimientos masónicos y/o rosacruces), el teólogo  jesuita (antes judío) de la Universidad de Ingolstadt, Adam Weishaupt, fundó la sociedad secreta de los Iluminati, orginalmente llamada la Orden de los Perfectibilistas. Curiosamente hace un año también, dando juego a los sincromísticos y conspiracionistas de todo el mundo, se orquestó la muerte de Osama bin Laden, para algunos una obra de teatro político global.

La celebració pagana de Mayday (el día de María, también), celebrada como Beltane en Gran Bretaña, y extendida por toda Europa, fundamentalmente adora a una divinidad femenina a través de ritos de fertilidad relacionados con el fuego. Según cuentan en esta fecha el Dios Joven y la Diosa tienen sexo y a través de su cópula en el talamo de la luz in crescendo se simenta el camino hacia el esplendor del verano donde los frutos brillarán como el sol.

La celebración de Mayday se entrelaza con la la Noche de Walpurgis que, por la influencia cristiana, es vista como el sabbath de las brujas, donde entran en comercio carnal con el diablo (En “Fausto”, Goethe le dedica un capitulo a la “Walpurgisnacht”, en el que el Dr. Fausto presencia una especie de festín diabolico en una montaña llena de fuegos fatuos, en esta escena es en el único momento en el que aparece Satán.). Sin embargo, como sabemos este tipo de prohibiciones de la sexualidad pagana son comunes por parte de la Iglesia que remitífica las tradiciones secretas a conveniencia

En el caso del cumpleaños de los Iluminati, quizás no sea del todo preciso hablar de "cumpleaños" en el sentido de que probablemente esta organización espectral y meta-mítica ha dejado de existir. Al menos la historia aceptada así lo dice. Su reaparición en la modernidad obedece más a su infiltración memética en la cultura pop que a las pruebas de una verdadera infiltración en el poder político mundial. Con esto no queremos decir, puesto que no lo sabemos, que no exista una sociedad secreta dominante que manipula y controla el curso que toma la humanidad conforme a oscuros intereses (existen seguramente numerosas sociedades secretas, o semi secretas, como el Grupo Bilderberg, los Caballeros de Malta, los masones etc. que detentan una cuota importante de poder, que se entrelazan pero que quizás también se oponen entre sí). Pero sí creemos que de existir una sociedad secreta monolítica (usando las palabras de Kennedy) que permea la mayoría de los ámbitos de nuestra existencia planetaria, difícilmente se llaman entre ellos los Iluminati; difícilmente son lo que pensamos comúnmente que son --sin entrar en calificativos morales. Tal vez nos equivoquemos, pero en Pijama Surf después de investigar este fascinante pero también enajenante tema, creemos que de existir esta sociedad secreta monolítica (maligna en su acepción popular) probablemente usa a los Iluminati que consumimos en los medios como una cortina de humo y como un mecanismo para despojar del poder personal a la gente, haciéndola creer que ellos (y no el individuo, el caos o la misma Tierra) están en control de la situación.

Uno de los grandes expertos en el tema, el escritor Robert Anton Wilson, le contestó alguna vez al periodista Richard Metzger: "Después de investigar a los Iluminati y a sus críticos por los últimos 30 años, creo que los Iluminati fueron una sociedad de corta duración de librespensadores y reformadores democráticos que formaron una sociedad secreta dentro de la francmasonería, usando la fachada de la francmasonería para que pudieran complotar el derrocamiento de todos los Reyes en Europa y del Papa".

En su novela cómico psicodélica Iluminatus Trilogy!, Anton Wilson idea una guerra interplanetaria en la que los Iluminati operan sobre todo para hacernos descubrir que vivimos inscritos en una narrativa y que esta narrativa que asumimos como real, se realiza solo porque creemos en ella --creer en otra tendría el mismo resultado. En este sentido hay una cierta iluminación en jugar con el fuego de los Iluminati --un juego que cuando deja de serlo nos quema.

Lee más: El Origen de la Conspiración Iluminati

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