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Halos lunares, arcoiris séptuples, carne iridiscente y otros increíbles fenómenos ópticos

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 03/28/2012

Delicias visuales detrás de la ciencia del arcoiris: la luz, la materia prima de la realidad, se refleja y distorsiona creando espectaculares halos y prismas que seducen al ojo más experto

La luz es el constituyente básico de la realidad que percibimos. Todo lo que vemos es el resultado de nuestra forma de procesar e interpretar la luz. Y en ocasiones tenemos la fortuna (o el deleite) de presenciar como la luz se descompone, se refracta, o se distorsiona, creando estimulantes efectos ópticos --que generalmente remiten al acroiris, al espectro de la luz visible, puente visionario entre realidades.

Las imágenes aquí reunidas son del sitio Optics Picture of the Day, que durante 14 años ha coleccionado ejemplos sobresalientes del comportamiento de la luz en su interacción con la materia. El creador de este sitio, Les Cowley, se vio motivado a formar este museo digital de la luz, luego de que una tarde observó un halo de hielo en las nubes. "El cielo estaba entretejido por una teleraña con delicados arcos --fue hipnótico. No tenía idea de los nombres o de cómo se habían formado pero me engañcho la óptica celeste".

En su libro de 1704 Opticks, Sir Isaac Newton describió memorablemente el momento en el que proyectó una luz blanca a través de un prisma. Cuando la luz cruzaba el prisma lo hacía en un despliegue iridiscente de colores.

Este momento prístino de asombro, que ciertamente ya había ocurrido innumerables veces en la historia, pero no había sido del todo comprendido, es lo que evemos en cierta forma esta imagen (arriba) de una tormenta eléctrica en París. El rayo que se bifurca descompone moléculas de plasma ionizando; las luces brillantes del espectro revelan la presencia de nitrógeno e hidrógenos en la atmósfera.

 

Muchos de los espectaculares efectos ópticos que vemos provienen de la distorsión de la luz; cuando ondas de luz se desvían o son reflejadas de una superficie pueden interferir entre sí. Cuando muchas longitudes de onda interactúan, a veces ocurren fenómenos extraños como el de esta carne brillante.

En esta imagen de carne de ternera, el corte hace que los músculos de la carne resalten de forma escalonada y la luz  que se difracta de la superficie interfiere entre sí creando una serie de colores prismáticos.

¿Se te antoja, un poco de pálida carne arcoiris?

Esta imagen captada por el profesor de escuela primaria John Flyte muestra un círculo paraselénico, el cual se forma cuando la luz de la luna se refleja en cristales de hielo suspendidos en la atmósfera. El también conocido halo lunar puede extenderse grandes distancias en el cielo, formando una especie de aurora (o diadema) plateada.

La sublime serenidad del paraíso podría ser simbolizada por esta imagen de un arcoiris tropical tomada en Sentani, Papua, Indonesia. Un idilio resplandeciente, una sílfide psicodélica asomándose entre las palmeras.

Esta imagen también es el resultado del paso de una onda de luz a través de las pequeñas gotas de agua de una nube; cuando dos ondas interfieren se crean estos colores refulgentes.

Los anillos que se forman al extremo de las alas de algunas aeronaves se conocen como "glorias". Esto sucede cuando el sol brilla a través de una nube o de bruma y la luz rebota de las gotas individuales, que desde el punto de vista de un observador se magifican y de distorsionan creando lo que se conoce como un "espectro roto".

Esta imagen, tomada en Estrasburgo, Francia, muestra un cúmulo de nubes enmarcando un increíble arcoiris con siete otros arcoiris más ópacos franjeándolo por debajo.

Este efecto poco común es conocido como arcoiris supernumerario y sucede cuando las gotas de lluvia que generan el arcoiris son particularmente uniformes.

Algunos letreros urbanos están hechos de pequeños prismas o lente que reflejan luz directamente al conductor de un automóvil.  Esto, además de ser útil, genera en ocasiones un inesperado espectáculo, comparable con el que solían suministrar los CDs caseros desperdigados en la calle.

Cuando el agua se congela en la alta atmósfera a veces se generan pequeños cristales de seis lados. Si un observador pasa a través del mismo  plano en el que estos cristales caen cerca del amanecer o del atardecer, en esta alineación, el cristal puede actuar como un pequeño lente reflejando la luz del Sol hacia nuestro punto de vista creando este fenómeno en el que se reproduce el sol en miniatura, llamado parhelia, o sundogs (perros de sol).

La imagen aquí expuesta fue tomada en Estolcolmo y el sol está acompañado con sus dos canes centinelas a un lado y un halo de 22 grados y otro – más raro aún- de 46 grados, también creados por la refracción de los cristales de la atmósfera, coronando al astro en su proceso de renacimiento invernal.

[Wired]

[Top Ten imágenes de arcoiris de fuego]

¿Está el alma en los ojos? Mirada, autorreferencia e ilusión del yo

Por: pijamasurf - 03/28/2012

¿Es cierta la conocida frase de que "el alma reside en los ojos"? ¿Es la mirada ese lenguaje personal que expresa nuestro yo más íntimo, nuestra subjetividad más propia?

La Sagrada Familia con el  niño San Juan el Bautista, Caravaggio (Óleo sobre tela, Detalle)

La capacidad racional del ser humano, la posibilidad que tenemos para el llamado pensamiento complejo, se encuentra en el origen de la transnaturalización: la diferencia tajante entre el mundo natural y el mundo humano, entre el animal y el hombre. Una escisión traumática que intentamos subsanar o reprimir, paradójicamente, con este mismo recurso que nos separó definitivamente de ese jardín edénico.

Dentro de estos, mención especial merece la noción de alma, de espíritu, de yo: ese núcleo personalísimo que creemos irrepetible y que ha tenido nombres tan distintos a lo largo de la historia según se le considere bajo una perspectiva religiosa, filosófica, psicológica, estrictamente racional o según los descubrimientos de la neurociencia contemporánea.

Sin embargo, pese a todos estos cambios de nombre y de paradigma, la mayoría de nosotros sigue creyendo en la existencia del alma —y, además, como asegura la consabida frase, que la mirada es la ventana de esta.

Prueba de ello es un experimento llevado a cabo por psicólogos de la Universidad de Yale en el que los participantes intuyeron que si en algún lugar de su cuerpo era posible constatar la existencia del yo, del alma, este sería cerca de los ojos o en su interior mismo.

En los experimentos, los investigadores mostraron personajes de caricatura a los participantes, con un pequeño objeto (una mosca, un copo de nieve, etc.) cerca de alguna parte de su cuerpo (el rostro, los pies, etc.). La idea era que esos pequeños objetos simularan ser el alma de los personajes, solo que quien lo interpretara así debía hacerlo en función de la parte del cuerpo más cercana: ¿qué parece más coherente? ¿que el alma resida en los pies o en el torso? ¿en las manos o en la zona genital?

Casi todos los participantes —que iban de niños de 4 años a adultos— identificaron el lugar del alma con una zona cercana a los ojos del personaje de caricatura, sin importar lo fantasioso que fuera este.

Para Christina Starmans, la investigadora responsable del estudio, parece ser que es “es una intuición compartida universalmente”. Starmans y sus colegas se adelantan además a quienes podrían argüir que esta se trata de una noción culturalmente adquirida, una idea que reproducimos involuntariamente por tenerla sumamente interiorizada:

La naturaleza indirecta de nuestro método y el hecho de que estos juicios sean compartidos por adultos y prescolares, sugiere que nuestros resultados no reflejan un entendimiento culturalmente aprendido […], pero, en cambio, tal vez se encuentre enraizado en un sentido más intuitivo o fenomenológico de dónde residimos en nuestro cuerpo.

Y si bien estas conclusiones podrían ser disputadas —como de hecho lo han sido— al menos son estimulantes para pensar un poco en este que es uno de los pocos rasgos que podríamos llamar verdaderamente humanos.

En efecto: si existe algo que sea netamente nuestro, a un tiempo característico de nuestra especie y expresión individual, ¿qué mejor que pensar en la mirada? La mirada como una especie de “lenguaje personal” (a la manera de Wittgenstein) que una persona utiliza a partir de su esencia misma: de esa colección de vivencias, aprendizajes, recuerdos, aspiraciones y pensamientos que se agolpan y se atropellan en la expresión que dirigimos por medio de nuestros ojos: de amor, de miedo, de reprobación, de aliento, de impotencia, de gozo, de tristeza. Y, además, a diferencia de lo que planteaba el filósofo austriaco, un lenguaje que aunque emana de una fuente profundamente subjetiva, encuentra comprensión en el otro, en alguien que lo entiende y sinestéticamente lo “escucha”, lo descifra y lo vuelve asequible.

Es posible, como aventura el célebre Douglas R. Hofstadter, que el alma, el yo, la identidad, solo sean un asunto de autorreferencia, una ficción creada por la capacidad que tiene nuestro cerebro de pensarse a sí mismo. Pero, aun si esto es cierto, si es una mentira en un mundo que de por sí es posible que sea una suma de ilusiones, es también uno de los pocos asideros en el que podemos confiar nuestro germen de humanidad, la razón que justificaría encarar la realidad con estricta joie de vivre.

A propósito del alma y la mirada, compartimos el documental Janela da alma, de João Jardim y Walter Carvalho, en el que a través de entrevistas a personajes como José Saramago, Oliver Sacks, Wim Wenders y otros, se explora la misma idea. 

 

Con información de Live Science