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Adriana Lima, Alessandra Ambrosio, Rosie Huntington, ángeles modelos que emiten una imagen aspiracional en la mente colectiva, despojadas de sus máscaras

Una de las consencuencias de vivir en un espacio mediático que permea nuestra realidad, es que la publicidad y la industria del entretenimiento nos bombardean no sólo con productos sino también con cuerpos y formas de vida idiílicas, que ayudan a que compremos esos productos. En algún momento de sus albores la publicidad descubrió que un producto tenía un mejor recibimiento si era promovido por un modelo, una persona que por su belleza o su fama hacía que el consumidor tuviera un efecto de empatía --o de deseo aspiracional. Y de esta forma se asocia, inconscientemente, la idea de que tener cierto objeto de consumo nos otorgará un cuerpo o una imagen similar a la que vemos en un anuncio --o que un producto, como por ejemplo un auto, nos permitirá seducir a los cuerpos lustrosos, deiformes, que aparecen a un lado de esos productos.

Uno de los grandes efectos secundarios de este bombardeo de cuerpos idílicos al que hemos estado expuestos en las últimas décadas es que en muchos casos vemos modificada nuestra propia imagen corporal --trastocada por las imágenes altamente deseables de los modelos que vemos en los espectaculares y en las pantallas de televisión, que hacen que nuestros cuerpos parezcan inadecuados, insuficientes para alcanzar la felicidad que un cuerpo de supermodelo promete. Pero lo más interesante y baudrillardiano del asunto es que esos cuerpos que vemos en las pantallas, casi como proyecciones celestiales, a su vez son cuerpos trastocados, alterados digitalmente con Photoshop, iluminados por expertos fotógrafos y maquillistas y envueltos en el glamour aurífero del star-system y del marketing. Aquello que  hace que trastornemos la realidad de nuestro cuerpo, es la irrealidad de los cuerpos (la marca de ropa H&M incluso admitió usar cuerpos totalmente generados por computadora con los rostros de modelos).

Esto es especialmente significativo en el caso de las adolescentes de todo el mundo, chicas de hasta de 10 años de edad que se ven compelidas a soñar ser como las supermodelos que ven en todas las revistas, luciendo la ropa más hermosa y sexy (como un nuevo sueño de princesas transmitido en el teatro global). Evidentemente no todas las chicas pueden tener un cuerpo como el de una modelo de Victoria's Secret --y una de las razones es que ni siquiera las modelos de Victoria's Secret tienen un cuerpo de una modelo de Victoria's Secret. Esto provoca, además de la enajenación de querer ser alguien más, una inconformidad con el propio cuerpo que puede resultar en un perdida de seguridad personal y puede llegar incluso a trastornos como la anorexia.

Esa es la otra consecuencia de la proyección de un cuerpo idealizado generalmente muy delgado, como paradigma de la belleza femenina. Paradójicamente esta imagen de lo femenino produce una desfeminización de la mujer, puesto que, el lector estará de acuerdo, aquello que es más femenino son las curvas del cuerpo,  y sobre todo la naturalaza y la confianza de ser, la mujer, ella misma (la dulce imperfección que se vuelve perfectamente agradable).  Hoy vemos en muchas niñas un aborrecimiento a la comida, como si sólo la ensalada fuera aceptable (recordemos el poema de Yeats: "It's certain that fine women eat A crazy salad with their meat"). Y sólo después de atravesar el trauma y madurar (que muchas veces significar individuarse, dejar de regirse por el colectivo), en mucho casos,  las mujeres logran hacer las paces con su cuerpo y entonces florece una nueva belleza.

¿Qué nos dice esta imagen de modelos Victoria's Secret sin photoshop? Algunas de las cosas que transmite es que la supuesta belleza inalcanzable de estos "ángeles" es algo que existe comúnmente en el mundo --e incluso que la belleza de estas supermodelos es desdeñable en comparación con la belleza de muchas mujeres que son menos "artificiales" y por lo tanto son más ellas mismas, conviviendo con la naturaleza de una forma in-mediata.

¿Pero entonces se debería de prohibir el Photoshop y la emisión de angelicales cuerpos irreales a la esfera colectiva? Por supuesto que no, la libertad de expresión es también libertad de transformación y de imaginarse diferente. Es también el antiguo arte de la seducción, el maia en su cristal por antonomasia: la imagen (que busca divinizarse a través del simulacro). Como siempre lo más prudente es tomar conciencia de lo que sucede, descubrir que vivimos en un castillo de imágenes: que los cuerpos son parte de un mercado simbólico. Que todo es mutable, y que la diversidad, nuestra individualidad, sea que se ajuste o no a los paradigmas, es el verdadero milagro de la existencia. Aquel que toma conciencia de esta danza de imágenes, entiende que el cuerpo es un hecho mental e inevitablemente está siendo construido por todos nuestros procesos mentales... entonces empiezan las verdaderas clases de Photoshop: en el taller de la luz.

 

Twitter del autor: @alepholo

 

El efecto estimulante del café solo funciona en individuos perezosos

Salud

Por: pijamasurf - 03/29/2012

La taza de café por las mañanas, sin la cual pocos se atreverían a enfrentar la jornada cotidiana, podría ser efectiva como estimulante solo entre las personas que son de por sí perezosas; en las activas, el efecto podría ser el opuesto.

El café de la mañana es, para muchas personas, uno de los rituales más importantes “para despertar de veras”, una especie de umbral después del cual es posible acometer todas las actividades que la jornada laboral demanda, un supuesto potenciador o vivificador del ánimo y la voluntad cuya ausencia solo induce ese estado Bartleby en que se prefiere no hacer lo que se tiene que hacer. 

Sin embargo, este prestigio del café podría no ser más que una idea cultural y para nada un efecto fisiológico, o al menos no para todas las personas.

De acuerdo con un estudio llevado a cabo por Jay Hosking, candidato a doctor en el Departamento de Psiciología de la Universidad de British Columbia, ni el café ni otros estimulantes como las anfetaminas incrementan los niveles de motivación y, además de que pude generar el efecto contrario, quienes así lo sientan es solo porque son de por sí perezosos.

Hosking experimentó con ratas, específicamente con dos grupos que, como en los seres humanos, están claramente diferenciados por su tendencia natural y cerebral a la resolución de problemas: por un lado las que destacan en esta actividad, las ratas “diligentes” y, por el otro, las que no las realizan de buen grado o ratas “perezosas”.

Bajos los efectos de la cafeína y las anfetaminas, las llamadas ratas “diligentes” solo se hicieron menos activas y motivadas y, por el contrario, las “perezosas” incrementaron significativamente la energía con que resolvieron un rompecabezas específicamente diseñado en el laboratorio para tal fin.

“Todos los días millones de personas utilizan estimulantes para despertar, mantenerse alertas e incrementar su productividad ―de conductores que manejan la noche entera a estudiantes preparándose para los exámenes. Estos resultados sugieren que ciertos estimulantes podrían de hecho tener un efecto opuesto en las personas naturalmente inclinadas hacia las tareas difíciles de la vida que vienen acompañadas de grandes recompensas”, concluye Hosking.

[Daily Mail]