*

X
Ritmos oníricos y coquetas ensoñaciones, cortesía del maverick japonés de la música electrónica, Susumu Yokota; los 12 tracks incluídos en el álbum te llevarán de paseo a risueñas transiciones sonoras.

portada de dreamer, el nuevo disco de susumu yokota

Música para coquetear telepáticamente. Esta frase es una de tantas que podríamos emplear para describir el nuevo disco de Susumu Yokota. A lo largo de los doce tracks que lo componen, este maverick japonés nos deja en claro que luego de 22 álbumes y más de 18 años de carrera –y a diferencia de la mayoría de proyectos electrónicos, que suelen ser efímeramente virtuosos– su pulso creativo mantiene una admirable lucidez, mientras que su gusto por la exploración sonora no cesa.

Tal vez la mayor virtud de Dreamer es su versatilidad, pues es este un álbum exquisitamente maleable. Por momentos nos recuerda a una especie de diálogo sinóptico, en el que están participando simultáneamente una decena de interlocutores. Y en este sentido un ejercicio bastante recomendable sería dedicarle una sesión, con ojos cerrados y palpable silencio, a escucharlo de principio a fin, tratando de detectar cada uno de los binomios entidad/atmósfera que desfilan a lo largo de su flexible transitar.

Desde hace años no escuchábamos un disco del señor Yokota, que fusionará con tal agilidad las dos principales vertientes de su obra: el ambient, acompañado como suele suceder en el caso de este autor, de elegante introspección, y que en está ocasión es representada por tracks como "Legendary Stream", y el lucid house, que en manos de Susumu destaca por su pro-pulsante sutileza, y cuyos embajadores dentro de este álbum, serían "Inception" y "Animiam of the Airy". Pero no contento con esta comunión, la ensoñación sonora a la que invita Dreamer incluye también atisbos de oniricidad étnica, como en el caso de "Human Memory" y "Quiet Room", que terminan por forjar en esta obra un esperanzador manifiesto  musical.    

En lo personal, consideró que Dreamer podría ser el más fino lanzamiento de Yokota en los últimos años, tal vez desde Grining Cat (2001), y creo que fácilmente estaré  volviéndolo a reseñar en nueve meses, cuando nos encontremos preparando nuestra lista de los mejores discos del 2012. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis / Lucio Montlune

Las etéreas vorágines de Janet Echelman sobre las ciudades del mundo (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 03/19/2012

Inspirada en las redes de los pescadores de un pequeño pueblo indio, la artista Janet Echelman ideó impresionantes figuras volátiles que, luminosas, se han cernido sobre importantes cielos urbanos.

Phoenix, EEUU

De paso en la ciudad pesquera de Mahabalipuram, al sudeste de la India, la artista estadounidense Janet Echelman tuvo un atardecer una suerte de epifanía mientras miraba a los pescadores que arriba de sus barcas tiraban las redes para llevar la carga del día. Viéndolos, Echelman imaginó un nuevo tipo de escultura que tuviera la volatilidad de las redes, ese vuelo inmaterial que por un instante las hace parecer tejidas de nada más que delgadas briznas apenas más pesadas que el aire que las sostiene, cambiando a cada momento de forma y de cuerpo sin, esencialmente, nunca dejar de ser algo.

En colaboración con varios profesionales de disciplinas distintas—ingenieros mecánicos y aeronáuticos, arquitectos, diseñadores, iluminadores, paisajistas y otros— Echelman creó estas esculturas que comparten con dichas redes sus inestables vuelos, solo que en amplios espacios públicos urbanos que hacen todavía más sorprendente su etérea irrupción.

Porto, Portugal

Hechas de cables y acero galvanizado, además de poliéster reciclable y luces de colores controladas por computadora, la artista intentó fijar a su manera distintas circunstancias recientes como el terremoto y tsunami ocurridos en Chile en 2010 o la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno del mismo año que tuvieron lugar en Vancouver.

Denver, EEUU

 

Richmond, Canadá

Se trata, en suma, no solo de un desafío para la propia Echelman, a su ingenio y su capacidad de reducir distintas técnicas y materiales en una dialéctica de la creación artística, sino también para el propio espectador, que de alguna manera se ve confrontado a la inverosímil espectacularidad de una obra que, inevitable y desnuda, al ras del cielo y de sus propios ojos, se presenta ante él en una vorágine de colores, formas y texturas de la que no parece sencillo huir indemne ni sin conmoción.

[Huffington Post]