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A diferencia de otras especies parecidas, la Nephilengys malabarensis sacrifica su pene a cambio de que la hembra no le corte la cabeza después de la reproducción.

El canibalismo sexual entre los animales, especialmente entre ciertos insectos como la mantis religiosa y la araña que por obvias razones se dio en llamar “la viuda negra”, es una práctica si no común ni plenamente explicada, al menos extensamente documentada. Además, entre dichas especies parece ser también un destino inevitable de los machos: que su vida termine cercenada por la hembra apenas consumado el acto copulatorio.

Sin embargo, existe un arácnido que desarrolló una estrategia para sortear tan fatídico mecanismo evolutivo, aunque no gratuitamente: a cambio de conservar la vida debe perder su miembro.

La especie en cuestión se conocen con la nomenclatura de Nephilengys malabarensis y es característica del sureste asiático (India, Filipinas, Indonesia, etc.) y su reproducción se da por medio de una “cópula remota”, es decir, el hecho de que su esperma sigue transfiriéndose a pesar de que el macho se desprende del palpo que funciona como pene, una emasculación que además incrementa la cantidad de inseminación en la hembra.

La reproducción y el pene a cambio de la vida, ¿un intercambio justo?

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2000 delfines compiten en velocidad con un barco solo por jugar (VIDEO)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 02/02/2012

Una inesperada reunión de 2000 delfines sorprende a los tripulantes de un barco de observación en las costas de California; los cetáceos por su parte toman el encuentro con alegría y retan al transporte a una competencia de velocidad.

 

En condiciones usuales los delfines suelen formar grupos de pocos individuos, casi siempre rondando la docena de integrantes. Sin embargo, en ciertos casos, cuando la comida es abundante en determinada zona, estos pueden alcanzar cifras increíbles de hasta mil delfines nadando en las inmediaciones.

El video que ahora presentamos, grabado hace unos días en la costa de Dana Point, California, muestra una inesperada reunión de al menos 2000 delfines surcando el mar con una velocidad de 40 kilómetros por hora, al parecer con el lúdico espíritu de competir con un barco de observación que encontraron en su camino: unas “carreritas” multitudinarias.

Pero más allá de dilucidar si esa era o no la intención de su proceder, el solo número de los cetáceos y la coordinación perfecta de su acción son motivos más que suficientes para observarlos y sorprendernos de su armónico jugueteo marítimo.

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