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A diferencia de otras especies parecidas, la Nephilengys malabarensis sacrifica su pene a cambio de que la hembra no le corte la cabeza después de la reproducción.

El canibalismo sexual entre los animales, especialmente entre ciertos insectos como la mantis religiosa y la araña que por obvias razones se dio en llamar “la viuda negra”, es una práctica si no común ni plenamente explicada, al menos extensamente documentada. Además, entre dichas especies parece ser también un destino inevitable de los machos: que su vida termine cercenada por la hembra apenas consumado el acto copulatorio.

Sin embargo, existe un arácnido que desarrolló una estrategia para sortear tan fatídico mecanismo evolutivo, aunque no gratuitamente: a cambio de conservar la vida debe perder su miembro.

La especie en cuestión se conocen con la nomenclatura de Nephilengys malabarensis y es característica del sureste asiático (India, Filipinas, Indonesia, etc.) y su reproducción se da por medio de una “cópula remota”, es decir, el hecho de que su esperma sigue transfiriéndose a pesar de que el macho se desprende del palpo que funciona como pene, una emasculación que además incrementa la cantidad de inseminación en la hembra.

La reproducción y el pene a cambio de la vida, ¿un intercambio justo?

[io9]

Investigadores juegan con el comportamiento en grupo de los peces, descubriendo que este puede manipularse por medio de un robot; esto podría utilizarse para conducirlos a zonas alejadas de un posible desastre ecológico.

En un experimento que busca conocer el comportamiento de los bancos de peces, investigadores hacen peces reales sigan a un falso pez hecho de circuitos y plástico.

Investigadores del Instituto Politécnico de la Universidad de Nueva York realizaron un interesante experimento en el que aprovechando los increíbles avances de la robótica, introdujeron la réplica de un pez entre un banco de peces reales para estudiar el comportamiento de estos animales. El objetivo era que los peces no advirtieran el engaño y siguieran naturalmente al robot.

El prototipo, inspirado en la especie Notemigonus crysoleucas, conocida como carpilla dorada, tiene el doble de tamaño de un pez normal pero un aspecto muy parecido en el movimiento de su cola. Según Stefano Marras y Maurizio Porfiri, los autores del estudio, este es el primero en que se prueba de qué forma un robot puede estimular la locomoción animal.

El experimento de Marras y Porfiri consistió en introducir en un mismo tanque al robot e individuos de la Notemigonus crysoleucas para observar su comportamiento. Y, como se ve en el video aquí presentado, los peces nadan junto a la máquina de la misma manera que lo hacen cuando se encuentran en grupos mayores y, por el contrario, con un robot inmóvil, las carpillas nadan azarosamente y al parecer sin objetivo manifiesto. Al parecer es el movimiento de la cola el que hace que los animales acepten al robot y no lo vean como una amenaza.

 

Para los investigadores este descubrimiento podría ayudar a conducir a ciertos animales lejos de peligros provocados por la actividad humana como esos “desastres ecológicos que afectan la vida en los ambientes acuáticos, como derrames petroleros".

[Wired]