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Manipulación sutil en la oficina: el sonido y la luz al servicio de la producción laboral

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/04/2012

Los mecanismos de control verdaderamente efectivos son los más sutiles: ¿qué tan intensa es la luz en tu trabajo? ¿de qué colores está pintada la oficina? ¿qué tan cerca estás de una ventana? Factores que combinados quizá con nuevas tecnologías neuronales hagan realidad el sueño de la producción incesante.

Producir, producir, producir siempre y en todo momento, sin parar nunca, sin distracciones banales ni tiempos muertos, sin cansancio, sin pausas inútiles y vacías que rompan con la cadena de producción y consumo. Producir, producir, producir siempre.

Para algunos, ese sería el estado ideal del mundo. Uno en el que la actividad productora de bienes de consumo nunca cese, en el que el trabajador optimice su desempeño y se convierta en un ser dedicado exclusivamente a cumplir con la labor por la cual recibe un salario. Sin pláticas insustanciales con sus compañeros, sin visitas innecesarias al sanitario o al expendio de golosinas más cercano, sin visitas infructuosas a las redes sociales: enfocado únicamente en sumar cifras, embonar piezas, contabilizar mercancías.

De ahí que exista en torno a esta aspiración una amplia gama de estudios e investigaciones que intentan encontrar los medios que contrarresten esa debilidad humana hacia la distracción y el aplazamiento, variaciones sutiles en el ambiente laboral que inciten al trabajador a trabajar si no mejor, por lo menos más.

La música y la luz son dos de los elementos más estudiados en este sentido. Desde hace tiempo se descubrió que, en el primer caso, ciertos sonidos son mejores que otros al momento de trabajar. Concretamente está la música desarrollada por Muzak, una empresa estadounidense que a mediados del siglo XX aseguró que sus composiciones poseían el sustento científico necesario para incidir sobre el comportamiento humano:

[…] en una oficina, los trabajadores tienden a trabajar más, con mayor eficiencia y sentirse más felices. En una planta industrial las personas se siente mejor y, menos fatigadas y menos tensas, su trabajo les parece menos monótono. En una tienda, los clientes realizan sus compras relajados y tranquilos. En general, la gente se siente mejor en donde esté, sea en el trabajo o en su tiempo de descanso. Muzak es todo esto y más. Por eso decimos que Muzak es mucho más que música.

 

Sus estructuras sencillas previenen contra cualquier sobresalto que saque al escucha de su concentración, una especie de encanto hipnótico que lo sumerge (o esa es la intención) en esa única tarea que le ha sido asignada. En producción creciente, además, pues dicha firma acuñó el concepto de "Stimulus Progression", una supuesta inducción inconsciente a hacer cada vez con más ahínco lo que se realiza. De acuerdo con esto, cada bloque de música con una duración de 15 minutos tenía una numeración ascendente que se correspondía con el nivel de estimulación de la pieza: Stimulus Progression 1, Stimulus Progression 2, etc.

Por otro lado tenemos ese otro elemento imprescindible en un lugar de trabajo, la luz, en torno al cual existen también investigaciones sobre sus efectos sobre las actividades laborales, desde la cantidad de luz adecuada para un mejor desempeño, hasta la influencia que tienen las ventanas en el estado de ánimo del trabajador.

En un estudio llevado a cabo por investigadores suecos del Lund Institute of Technology, se encontró que el humor de los trabajadores de países más alejados del Ecuador (por ejemplo, el Reino Unido) variaba mucho más en comparación los de aquellos viviendo cerca de esta línea imaginaria que parte horizontalmente en dos a nuestro planeta. Estudiando a trabajadores de cuatro países en distintas latitudes y estaciones del año, los investigadores encontraron que la intensidad de la luz en el lugar de trabajo afecta directamente el estado psicológico de quienes ahí laboran. Así, por ejemplo, un estado de ánimo más bien bajo y tristón sobrevenía cuando las luces se sentían demasiado oscuras; en caso contrario, con una luz percibida como brillante, el ánimo mejoraba, pero si dicha intensidad era excesiva, entonces el ánimo volvía a caer. Con los colores los resultados fueron similares.

En cuanto a la distribución espacial, los resultados fueron variables y sumamente interesantes. Al parecer la felicidad laboral sigue este curso: mientras más cerca se encuentre de una ventana, más infeliz es el trabajador; su felicidad aumenta conforme se acerca al centro de la habitación, pero si llega a este, entonces vuelve a sentirse infeliz; la felicidad vuelve si se le aleja del centro y se le acerca a una pared, sobre todo si es una persona que disfruta estar separado del mundo exterior.

Investigaciones de este tipo podrían pronto verse complementadas con otras de distinto orden, cercanas a la neurociencia, en las que se analiza el efecto de pulsos lumínicos y sonoros en el cerebro y como estos pueden impulsar acciones sin mediación de la voluntad. En la Universidad de Arizona, por ejemplo, un grupo de investigadores experimenta con cerebros de ratas, exponiéndoles a ultrasonidos que desencadenan determinada actividad cerebral.

Por otro lado, en Stanford los estudios en optogenética prueban si la luz puede reprogramar el cerebro: a caballo entre la óptica y la biotecnología, los miembros del Optogenetics Resource Center introducen genes que decodifican para enzimas fotosensibles: de esta manera, por medio de un cable de fibra óptica introducido en el cráneo de un animal y con la gradación correcta de luz, los científicos manipulan la actividad cerebral, aprendiendo cómo la luz se relaciona con las funciones neuronales.

Ahora bien, como apunta Keith Veronese, estas medidas pueden considerarse desde al menos dos perspectivas. La más inocente, que su aplicación sirve para mejorar el ambiente laboral, para hacerlo más amable y cordial para los trabajadores. La segunda, un tanto suspicaz, es que todo este conocimiento sobre los factores que modifican el comportamiento, que lo inclinan hacia uno u otro lado sin que sea, estrictamente, un acto elegido libremente, sin duda puede utilizarse como una forma sutil de manipulación, mecanismos de control que pasan desapercibidos y justo por ello son altamente efectivos.

Con información de io9 y boingboing.

La vida del hacker y entrepreneur digital Kim Dotcom Schmitz es una muestra del ascenso y la caída de un moderno pirata que intentó hacerse millonario con la divisa de la información.

La operación liderada por el FBI que culminó con el cierre del popular sitio MegaUpload y con el arresto de 4 personas, cambió la historia de la compartición de archivos en Internet, haciendo, entre futuras amenazas, al menos un poco más difícil descargar y transferir archivos en la red. En el centro de este caso esta Kim Schmitz: aka Kimble, Kim Tim Jim Vestor y finalmente Kim Dotcom. Este hombre de más de 130 kilos de peso, casi 2 metros de altura, aficionado a las carreras de autos ilegales, las modelos, los yates y todo tipo de negocios en la frontera de la legalidad, es el fundador de MegaUpload y la encarnación del sueño megalómano del hacker: el dinero rápido que ofrece el poder de la información.

Kim Dotcom aguarda extradición de Nueva Zelanda a Estados Unidos, donde se le acusa de haberle costado a propietarios de derechos de autor al menos 500 millones de dólares en ingresos perdidos. Dotcom, de  37 años y de nacionalidad alemana y finlandesa, dijo hace poco que había dejado atrás su vida de hacker y de malversador de fondos: estaba contento de tomar café con sus vecinos y de estar cerca de convertirse en un buen ciudadano de Nueva Zelanda. Sin embargo, cuando los helicópteros de la policía descendieron sobre su mansión, lo encontraron encerrado con una escopeta.

La carrera de Kim Dotcom en los margenes de la ley y de la atracción mediática empezó a principios de los noventa cuando lanzó una compañía de  seguridad cibernética, utilizando la reputación que tenía como hacker. A los 18 años fue entrevistado por la versión alemana de Forbes, en un artículo sobre la "nueva ola de cibercrimen" en el que, según la revista Wired, se aprovechó de la falta de conocimientos técnicos de los reporteros para crear una imagen más sexy y peligrosa de  sí mismo. Esta sería la constante en su vida: una especie de trisckster capaz de nadar entre la mareas y de recubrir su inseguridad con dinero y con falsas proezas y autolisonjas, dignas de un moderno Falstaff.

Poco después Dotcom dijo ser el líder de un grupo internacional de hackers llamado Dope y presumió haber hackeado los sistemas PBX de cientos de compañías estadounidenses; sostuvo también haber desarrollado un teléfono encriptado que no podía ser intervenido. Dijo luego en el 2001 al diario Telegraph que había hackeado Citibank y transferido 20 millones de dólares a Greenpeace, algo que esta organización negó. Quizás queriendo un poco de la popularidad lograda por Gary Mckinnon, también se jactó de haber hackeado a la NASA.

Lo que Dotcom sí hizo fue traficar números de tarjetas telefónicas robadas (al menos según la policía). Fue arrestado en 1994 y condenado a un mes; en 1998 se le condenó por 11 cargos de fraude cibernético y diez cargos de espionaje de datos, pero logró no pasar su sentencia tras las rejas.

Esta notoriedad de hacker le permitió propulsar su compañía de ciberseguridad Data Protect, a la cual colocó como proveedor de Lufthansa. Al fluir el dinero, Kim Dotcom empezó a fondear su pasión por autos deportivos, mujeres y grandes farras. Por esa época produjo una película en Flash llamada Kimble, Special Agent, en la que su alter ego animado conduce un "Megacoche" y luego un "Megabarco" (el inicio de la obsesión Mega) antes de burlar la seguridad del complejo de Bill Gates y deletrear con una metralleta "Linux". 

Poco después produciría el clásico de cine hacker de autolisonja Kimble Goes to Monaco (en ese entonces su mote era Kimble, inspirado por la película de Harrsion Ford The Fugitive): una road movie de un viaje a Mónaco en un yate con una subtrama paranoica en la que Bill Gates espía al gran Kimble (que se moldeaba como una especie de Dr. Evil).

En el año 2000, antes de que se rompiera la burbuja de dotcom (de donde tomaría su nombre), Kim vendió 80% de su participación en DataProtect, con lo que logró una buena parte de su fortuna. Un año más tarde la empresa se fue a bancarrota.

Ese mismo año el empresario alemán protagonizaría un escándalo al inyectar más de 300 mil dólares en la compañía en quiebra LetsBuyIt.com, y abandonar a sus inversionistas.

El crecimiento de las acciones y el supuesto anuncio de que él invertiría otros 50 mdd, dio a Schmitz una ganancia de casi millón y medio de dólares. Sin embargo, Dotcom jamás realizaría la última inyección de dinero, por lo que fue detenido en Tailandia y deportado a Alemania. Fue condenado a 20 meses de cárcel (que no cumplió) y una multa de 100 mil dólares por utilizar información confidencial (insider trading).

Con ese dinero Kim Dotcom compró un Mercedes Brabus EV 12 Megacar (con Internet, un diseño en el que había contribuido). Con este auto llegó en primer lugar en el rally Gumball 3000.

Kim decidió mudarse a Hong Kong para probar leyes más favorables. Ahí montó una serie de compañías interrelacionadas y registró Kimpire Limited en el 2002. El primer vástago de la compañía fue Trendax, "una máquina de hacer dinero" o fondo de inversión que supuestamente contaba con una inteligencia artificial que prometía insólitas riquezas para los inversionistas. En febrero del 2003 registró, entre otras compañías, Data Protect Limited, la compañía que se convertiría en Megaupload. No queda claro cómo estaba ganando dinero, pero Kim Dotcom vivía en Honk Kong la vida de un pasha digital, aumentando su colección de autos de lujo y de carreras y prometiendo a todos los que participaran en su "Kimperio" un lugar en su "Salón de la Fama" con inconmensurable riqueza.

Todo esto fue el preludio especulativo y esquivo a un esquema verdaderamente rentable: el negocio de compartir archivos en línea. Para hacer esto, Kim buscó romper con su pasado turbio y cambió en el 2005 el nombre de su empresa Data Protect a Megaupload y registró a otra compañía, Vestor Limited, como su dueña.

El rol de fundador de Kim Dotcom de Megaupload no se reveló hasta el 2011; su 68% de acciones por fin le suministraron el tipo de dinero que toda su vida estuvo fantaseando y fingiendo. Según el gobierno de Estados Unidos, Megaupload había ingresado 175 millones de dólares desde su formación (significaba hasta el 4% del tráfico total de Internet). Kim Dotcom nunca fue alguien que escatimara: al tiempo de la redada, la policía de Hong Kong reveló que rentaba un oficina a 12,800 dólares el día.

Al mismo tiempo Kim quería limpiar su acto: intentó comprar una mansión de 24 millones de dólares en Auckland, Nueva Zelanda, y ganarse la ciudadanía invirtiendo 10 millones de dólares en bonos del gobierno. Donó generosamente a los damnificados del terremoto de Christchurch y gastó medio millón de dólares en pirotecnia para el espectáculo público de año nuevo de Auckland.

Ahora todos sus bienes han sido incautados y se le usa como ejemplo de la inmoralidad que supuestamente caracteriza a la compartición de archivos protegidos por derechos de autor: un moderno megapirata. Más allá de que Kim Dotcom es víctima de la forma en la que los medios "inflan" y sesgan las historias o del efecto mediático de escarmiento que busca el gobierno de Estados Unidos (y mártir en cierta forma de una absurda política anti copyright), también es cierto que la filosofía intachable de compartir información sin fines de lucro (aunque esté protegida por derechos de autor) quedó en cierta forma manchada por su insaciable ambición, por su desmedida lascivia: la información puede ser una fabulosa orgía, pero cuando es usura poco dura. Es muy probable que Kim Dotcom haya sido escogido como villano precisamente por esto, porque bajo el estupor de su excentricidad y sus conductas financieramente poco éticas, se diluye la discusión sobre la poca ética que muestra el gobierno al proteger solamente los intereses de las grandes corporaciones.

[Wired]