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Nuevas pistas sobre el colapso de la civilización maya

Arte

Por: pijamasurf - 12/07/2011

Estudio climatológico aporta nueva evidencia sobre el colapso de la civilización maya, sugiriendo que, paradójicamente, su notable desarrollo tecnológico en cuestiones agrícolas terminó provocando la sequía que hizo imposible su supervivencia; una historia del pasado de ominosa actualidad.

El colapso de la civilización maya ha sido durante mucho tiempo uno de los enigmas más apasionantes de la arqueología precolombina y, de entre las varias explicaciones dadas para responder este problema, la más factible parecer ser la del colapso ecológico provocado por el poco cuidado que pusieron los mayas en su entorno natural (acaso un escenario profético-reflexivo en el que podríamos mirarnos actualmente).

Ahora nueva evidencia aportada por Ben Cook, climatólogo que trabaja con la NASA y la Universidad de Columbia, contribuye a fortalecer esta hipótesis. Según parece, los mayas deforestaron la región que habitaban, con el fin de hacer espacio a campos de cultivo, que apresuró un proceso de cambio climático en la zona que eventualmente desencadenó su ruina colectiva.

Analizando simulaciones climáticas, Cook pudo determinar que el nivel de precipitaciones anuales cayó un 20% en un período de 150 años, desde el 800 hasta el 950, dice Cook que debido a la tala inmoderada que incrementó un fenómeno conocido como “albedo”: la reflectividad de la superficie terrestre que, en caso de reflejar más luz, hace que el área tenga menos energía para provocar lluvias.

Paradójicamente, los mayas pudieron haber provocado este fenómeno por el avanzado conocimiento que desarrollaron sobre agricultura, técnicas de cultivo y muchos otros fenómenos de diversas índole ligados con estas actividades, tecnologías que, quizá sin saberlo, terminaron conduciendo a una sequía letal que acabó con su civilización.

¿Una historia del pasado?

[io9]

"Delusiones de autoinmolación": la máquina del suicidio que transforma la conciencia

Arte

Por: pijamasurf - 12/07/2011

Incendios fugaces que invitan a mirar a los ojos de la muerte por un fractal de segundo y vivir una experiencia de transformación psíquica que además es un ritual estético.

La muerte no es solo el límite de la vida, también lo es de la psique y puede servir como un eje de transformación, la máxima terapia de shock.  Simular la muerte para producir una experiencia fuera de lo común, enfrentarse al espejo de humo,  besar el polvo (y hacerlo  con pirotecnia), es lo que motiva la obra de Erik Hobijin Delusions of Self-Inmolation.

Para acercarse lo más posible a la muerte y de la forma más espectacular, Hobijn construyó "una máquina de suicido" hace algunos años. Esta máquina-ritual consta de una plataforma cubierta con gel resistente a las flamas. Una personas se coloca en la plataforma y otra le lanza llamas por menos de un segundo. Luego la plataforma gira de tal forma que la persona que extingue el fuego, situado en el lado contrario de la máquina, puede extinguir a la persona "inmolada" inmediatamente.

Hobijn explica:

Hay tres estados en la máquina, uno lo llamo "azul", otro "término medio" y el tercero "bien cocido". "Azul" significa que sobrevives sin ninguna herida. "Término medio" es más para las sesiones de SM [sadomasoquismo] o para personas a las que les gusta el dolor para entender aspectos de la vida, por tener esta rica experiencia de dolor. La tercera posibilidad es la muerte. Es posible morir en está máquina: solo tengo que cambiar el líquido y cambiar el conteo.

Más de treinta personas han probado la máquina, la mayoría de ellas, enfatiza Holzer, han sido mujeres, experimentando un segundo de autoinmolación, un fractal del fuego de la muerte.

En el reciente festival de arte y new media STRP, en Eindhoven, se presentó la documentación de la obra de Hobijn, incluyendo el video que aquí mostramos. Al parecer la obra ya no puede ser experimentada en vivo debido a que las regulaciones se han vuelto más estrictas en los últimos años y evidentemente esta obra de arte ritual significa un peligro para las autoridades.

Construida originalmente en el 2000, la máquina del suicidio es la respuesta de este artista holandés a los ritos de inicación de otras culturas, bajo el entendido de que la tecnología, como un mito de acero occidental, es el lenguaje universal de nuestra cultura.  El elemento clave de todo proceso iniciático es vivir una experiencia cercana a la muerte (simbólica) para de esta forma regresar al mundo ordinario con una visión sagrada —o resacralizar la realidad con el entendimiento místico que otorga sentir, aunque sea fugazmente, lo que hay detrás del velo, más allá del cuerpo y el ego. En este caso, el trabajo de Hobijin conjura en el fuego a la energía que yace como potencia enrollada en el cuerpo y en cuya conflagración se despide la quintaesencia del ser.

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