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Seis grandes consorcios mediáticos controlan el 90% de todo lo que ven y escuchan los estadounidenses (y se extienden por buena parte del mismo); esta falta de diversidad tiene profundos efectos en cómo vemos el mundo.

Cada tanto es bueno recordar de dónde viene lo que vemos. Y relexionar sobre qué significa que la mayoría de las cosas que vemos vienen de la misma fuente. Opuesta a la riqueza fundamental de la vida, la diversidad, está lo que hemos llamado la "uniformediatización" y que ahora este útil infográfico, fraguado por el sitio alter-educativo Frugal Dad, llama "la ilusión de la elección". 

Estados Unidos es el país que inventó o al menos perfeccionó el sistema capitalista-consumista en el que vivimos casi inescapablmente. No podemos escapar de él fundamentalmente porque se transmite por la ionósfera, en las ondas radioeléctricas, inundando el espacio público, convirtiéndose no solo en un programa cultural sino en un medio ambiente. Para entender esta transmisión global de una forma de vida es importante hacer hincapié en que tan solo seis compañías (General Electric, Disney, News Corp., Viacom, Time Warner y CBS) controlan hasta el 90% de los contenidos que se consumen en Estados Unidos. Estas seis compañías extienden sus tentáculos a otros ámbitos comerciales (como el militar, en el caso de GE) y son parte de lo que se conoce como el establishment, la infraestrcutura del sistema dominante de control político-financiero. Es natural entonces que quieran mantener el orden de las cosas de tal forma que puedan seguir disfrutando de un oligopolio, y para ello una de las claves es justamente transmitir contenidos similares, autorreflejantes, que contribuyan a diseminar una versión limitada de la realidad donde consumir programas y productos es la forma en la que las personas satisfacen sus necesidades emocionales —o evitan enfrentarse a sí mismos.

Más allá de los intereses creados y agendas políticas que puedan tener estas compañías de Big Media, es innegable que al reducir el espectro a 6 empresas que abarcan la mayoria de los diarios, revistas, estaciones de radio, TV, cine y que empiezan a tener una fuerte presencia en Internet, nuestra perspectiva, nuestra forma de ver el mundo, y por lo tanto, ya que la percepción es creadora, de experimentarlo, se ve constreñida a una banda más estrecha de la realidad.  Como dijera Baudrillard, el infierno "es la repetición de lo mismo". Existen otros mundos posibles dentro de este, pero esta diferencia, esta otredad, no está a un zap de distancia.

Hoy en día, en la mayoría de las ciudades del mundo, las personas se visten de la misma forma, comen las mismas cosas, ven los mismos programas de TV, las mismas películas y escuchan la mismas canciones, sin importar que estén en Sao Paulo o en Moscú. Esto es una de las consecuencias de la globalización, pero sobre todo una consecuencia de que la comunicación, de que los mensajes que entran a la conciencia y al inconsciente colectivo sean emitidos y controlados por tan pocos emisores y tan ligados entre sí y al poder político-financiero.

El modelo de Estados Unidos se replica por el mundo, ya sea a través de sus mismas cadenas de medios que tienen presencia en otros sitios —como News Corp— o porque este modelo oligopólico se copia en la mayoría de los países donde las compañías que controlan los medios —y por lo tanto influyen en la psique colectiva— pueden casi siempre contarse con una mano y están vinculadas generalmente con el gobierno de forma casi indiscociable.

La pregunta es, ¿quieres seguir usando el uniforme de barras electrónicas de la realidad mediática sin saber que lo tienes como piel, o quieres aventurarte al vacío y salirte de la caja a sentir la inmediatez, sin señal?

 

Luis von Ahn, el creador de CAPTCHA y reCAPTCHA (con el que gente en todo el mundo ayuda en la digitalización de los libros), presenta Duolingo, un ambicioso proyecto que busca traducir toda la Red a los idiomas más importantes y eliminar así las barreras lingüísticas.

Quizá a muchos el nombre de Luis von Ahn no les diga nada. En cambio, si hablamos de CAPTCHA, las cosas cambian. ¿Quién no ha tenido que llenar uno de esos recuadros transcribiendo la imagen de una palabra que se le presenta para tal efecto? Esto, se dice, para comprobar que quien realiza una solicitud —al abrir una cuenta de correo electrónico, al comprar algo en línea, al comentar en una página— es un ser humano y no un programa de computadora. Bueno, pues Luis von Ahn es el creador del CAPTCHA.

El requisito, como el mismo Ahn lo reconoce, es bastante molesto e incluso inútil. Además, haciendo cuentas, tomando en consideración a los millones de personas que diariamente lo realizan, representa un desperdicio de tiempo y esfuerzo humanos que podrían emplearse en otras tareas.

De ahí que el también profesor en Carnegie Mellon haya decidido convertir CAPTCHA en reCAPTCHA, que consiste, en términos generales, en la asistencia humana gratuita en la digitalización de libros: aquellas palabras de una página escaneada que una computadora no puede descifrar, las resuelve un ser humano totalmente adaptado al lenguaje que, en esto, supera incluso la tecnología más avanzada desarrollada hasta ahora. Hay otros detalles al respecto que Ahn explica en la charla que presentamos.

Al ver los resultados de este nuevo proyecto, Ahn comprendió que Internet permite lo que hace 20 o 30 años era impensable: coordinar millones de personas para realizar una tarea. Desde las Pirámides de Egipto hasta la carrera espacial, los proyectos colectivos no excedían los 100,000 integrantes porque después de ese número la coordinación se hace inviable. Con la Red, sin embargo, se puede revertir esta situación.

¿Con qué objeto? Pues ahora Ahn se ha propuesto la increíble tarea de traducir Internet a por lo menos los idiomas más importantes o populares. Como sabemos, ahora la mayor parte de contenidos en Internet está redactada en inglés y, por otro lado, que muchísimas personas en el mundo no conocen este idioma, con lo cual dejan de tener acceso a los mismos. Si aspiramos a que Internet sea un lugar equitativo y horizontal, sin duda una de las circunstancias que podrían corregirse serían estas barreras del lenguaje.

Por medio del proyecto Duolingo, por ahora todavía en su fase de prueba, la tarea ahora es traducir toda la Red, colectiva, gratuitamente, con el motivante más que atractivo de aprender al mismo tiempo otro idioma también sin costo para el usuario más allá del tiempo destinado al aprendizaje. De este modo, una persona que sabe español y quiere aprender inglés, mientras aprende este idioma también está ayudando a traducir, por poner un ejemplo, la Wikipedia.

Sin duda la idea es más que ambiciosa pero también suena, de algún modo, totalmente asequible. Por proyectos como este es que Internet es uno de los hitos en la historia de la humanidad, que está impulsando ya una revolución de alcances todavía imprevisibles. Quizá la única objeción sería por el propietario último de este conocimiento: si todos contribuyen en su generación, este debería también pertenecer a todos, sin restricciones.

 

[CNN]