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La jardinería mejora la inteligencia y otras capacidades de los niños

Salud

Por: pijamasurf - 12/01/2011

En un estudio publicado por la Royal Hoticultural Society inglesa se concluye que los niños que practican la jardinería mejoran sus habilidades intelectuales, sociales y físicas.

Una de las preocupaciones más presentes en el desarrollo de los niños ha sido, al menos en las últimas décadas, la que concierne a sus capacidades intelectuales. Y entre las muchas opciones y actividades que se han dado para mejorar este aspecto de los infantes —cierto tipo de alimentación, de música, etc.— ahora destaca uno del que quizá no se esperarían estos resultados: la jardinería.

De acuerdo con una investigación llevada a cabo por la National Foundation for Educational Research y publicado por la Royal Hoticultural Society (ambas con sede en el Reino Unido), los niños que se forman en escuelas que incluyen en su programa educativo actividades de jardinería presentan sensibles mejoras en sus capacidades académicas e intelectuales, sociales y físicas.

El estudio consistió en entrevistar a 1,300 profesores y examinar 10 escuelas del Reino Unido, tanto de grandes como de pequeñas ciudades, encontrando que en aquellas donde los niños practicaban con cierta frecuencia la jardinería, estos destacaban de otros grupos por un mejor conocimiento y entendimiento científico relacionado con las plantas, los fenómenos naturales en torno a su crecimiento y cómo lo sembrado se convertía en alimento, además de una ampliación notable de su vocabulario y el fortalecimiento de su autoestima y de la confianza en otros. Se desarrollaron además con la jardinería habilidades motoras finas y el sentido de la responsabilidad, una actitud más positiva frente a las opciones de alimentación saludables y, en general, un carácter inclinado al bienestar emocional.

Sin duda una buena opción a considerar en el desarrollo integral de los niños.

[Ecoosfera]

Alguna vez un psiquiatra se dio a la tarea de investigar qué colores preferían los pacientes con distintos trastornos mentales, pensando que con esta información sería posible hacer más amable el entorno de un enfermo.

Prácticamente desde su origen la psiquiatría se ha distinguido por intentar trazar con tanto detalle como sea posible el perfil de los llamados enfermos mentales (noción que, por cierto, nació justamente con esta disciplina).

Esta manera de hacer frente a la locura ha suscitado lo mismo elogios que críticas y, en algunos casos, estudios un tanto extravagantes de los que es un tanto difícil que se elaboraron con toda la seriedad o el rigor científicos que, también es cierto, ha caracterizado a esta indagación sobre lo humano.

Este es el caso de una publicación que data de 1931 en que Siegfried E. Katz, del New York State Psychiatric Institute and Hospital, dio cuenta de los colores favoritos de las personas que padecían algún tipo de trastorno psicológico.

Ayudado por un colega, Katz presentó a 134 pacientes del hospital cartulinas coloreadas en 6 tonalidades: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Ni negro ni blanco ni grises. Y la mecánica consistió en mostrar una por una estas tarjetas al tiempo que el doctor pedía a sus pacientes que señalaran con el dedo cuál era su color preferido.

Katz reseñó que algunos de los pacientes se mostraron cooperativos e hicieron las seis elecciones, mientas que otros “rápidamente perdieron el interés y eligieron únicamente uno, dos o tres [colores]”.

En cuanto a los resultados, el 38% de los pacientes con dementia praecox (el término decimonónico para lo que ahora conocemos como esquizofrenia) y maníaco-depresivos prefirieron el azul, frente al 42% de pacientes con otros trastornos.

El color verde fue la elección de solo el 16% de los esquizoides y 9% de los maníaco-depresivos y el 13% en otros trastornos. El rojo se distribuyó en un 12%, 16% y 15% respectivamente. El naranja y el amarillo fue el perferido de los maniaco-depresivos, el verde el de la dementia praecox y el violeta para otras enfermedades.

La utilidad que, según Katz, podría tener esta información, es que el entorno residencial de los enfermos mentales podría cambiar en su color para hacerlo más amable: desde los muebles hasta la ropa de quienes se encargan de asistirlos (según parece, el personal del hospital donde trabajó Katz siguió, no se sabe si conscientemente, estas recomendaciones).

[Neatorama]