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Fotógrafo indio capta una magnifica imagen de un pavo real levantando vuelo, la cual trae recuerdos del ave fénix, el poderoso símbolo del renacimiento a través del fuego.

Esta extraordinaria imagen de un pavo real volando —abriendo las alas en una celeste crucifixión— ha circulado en Internet recordando a algunos la poética leyenda del ave fénix. La imagen fue tomada por un aficionado indio a la naturaleza, Kulashekara, y destaca por capturar en todo su esplendor el vuelo de un ave que comúnmente se observa anclada a la tierra, pero que durante el vuelo reluce con los colores del sol naciente en sus alas y las joyas relumbrantes de su cola.

El pavo real es históricamente el ave que más semejanzas tiene con el fénix; al igual que el fénix, para el cristianismo el pavo real simbolizó la resurección y la inmortalidad (y por lo tanto a Cristo). Los egipcios, probablemente por su similitud descriptiva con el fénix, consideraban al pavo real un ave sagrada. Por su belleza, es comprensible que el pavo real fuera el ave favorita de la suprema diosa griega Juno.

En China se dice que  la cabeza del Ave Fénix guarda semejanza con el cielo, los ojos al sol, la parte trasera a la luna, sus alas al viento, las patas a la tierra  y su cola a la distancia. 

Jorge Luis Borges, en su Libro de los Seres Imaginarios, dice del fénix:

«Los antiguos creyeron que, cumplido ese enorme ciclo astronómico, la historia universal se repetiría en todos sus detalles, por repetirse los influjos de los planetas; el Fénix vendría a ser un espejo o una imagen del universo. Para mayor analogía, los estoicos enseñaron que el universo muere en el fuego y renace del fuego y que el proceso no tendrá fin y no tuvo principio».

 

Los cambios en la superficie de la Tierra —el fuego y la nieve— son registrados por satélites de la NASA en una serie de interesantes videos.

Usando un par de satélites geoespaciales la NASA ha registrado millones de incendios en la última década. Las imágenes tomadas por los satélites, animadas, componen un timelapse de los cambios topográficos de la Tierra, flujos y reflujos, estaciones, incluyendo los cambios en la vegetación, la nieve, las nubes, las temperaturas de la superficie, de los océanos y, por supuesto, los incendios.

África, la tierra maternal, es la tierra del fuego, registrando hasta el 70% de los incendios en el planeta desde el 2002, especialmente intensos en el verano del 2006. Estados Unidos registró el 2% del total planetario en la misma ventana de tiempo.

Recomendamos a nuestros lectores que visiten Wired para ver videos detallados de cada zona del planeta.