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¿Son el poder psíquico y el sexo tántrico las claves para ser exitoso en los negocios?

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 10/18/2011

De manera singularmente extraña, el libro más influyente en la historia de los libros de autoayuda, "Piense y Hágase Rico", de Napoleon Hill, fue compuesto con la ayuda de inteligencias astrales, argumentando que el poder psíquico y la transmutación sexual eran claves para volverse ricos.

«existe abundante evidencia de que en muchas formas del pensamiento moderno —especialmente en la llamada "psicología de la prosperidad", sistemas metafísicos de "entrenamiento de la voluntad" y en los sistemas de "ventas bajo alta presión"—la magia negra ha pasado meramente a través de una metamorfosis, y aunque su nombre puede haber sido cambiado, su naturaleza permanece idéntica».

- Manly P. Hall, Masonic, Hermetic, Qabbalistic and Rosicrucian Symbolical Philosophy, 1969

Aunque seguramente uno de los géneros de menor calidad literaria, la literatura de autoayuda se ha convertido en un enorme negocio para sus autores y editores, erigiéndose en relativamente poco tiempo como por arte de magia y detrimento del arte de la escritura, en uno de los géneros dominantes en lo que se refiere a la interacción entre la mente del lector y el texto. Curiosamente uno de los autores más leídos del mundo hoy en día, Paulo Coelho, escribe literatura de autoayuda disfrazada de literatura fantástica o de ocultismo y el autor más leído de este género antes del brasileño, Napoleon Hill, escribía literatura con una veta ocultista que pasaba casi totalmente desapercibida bajo el disfraz de ser solamente literatura de autoayuda y de negocios.

David Metcalfe, sin embargo, ha notado que Napoleon Hill (1883-1970), el autor del libro Think and Grow Rich, el libro seminal del género con más de 10 millones de copias vendidas, tuvo una importante influencia esotérica, hasta el punto de que Hill confesó haber escrito parte de este libro canalizando telepáticamente un maestro ascendido. Publicado en 1937, Piense y Hágase Rico (como fue traducido al español) es sin lugar a dudas el libro de superación personal y de la llamada cultura del éxito más influyente de la historia, se ha mantenido en la lista de bestsellers de Business Week por más de 70 años y llevó a Hill a convertirse en asesor de dos presidentes, incuyendo a Franklin D. Roosevelt (quien tuvo otro acercamiento con el ocultismo a través de su secretario de Agricultura, Henry Wallace, quien  a su vez estaba obsesionado con encontrar el santo grial siguiendo la influencia del místico ruso Nicholas Roerich). 

Como bien apunta David Metcalfe en Modern Mythology,  es una sorpresa encontrarse con la inspiración ocultista de Hill, cuyo libro es una especie de biblia del hombre de negocios —la cual ha sido redactada con la ayuda de lo que algunas personas, en siglos pasados, llamarían el diablo. Metcalf, en su investigación de este libro, comenta que aunque se lee en todo tipo de seminarios y lo consultan todo tipo de ejecutivos, por alguna razón misteriosa nadie o casi nadie recuerda y repara en el décimo paso a la riqueza (la transmutación sexual) y en el paso 13 y último (el sexto sentido). Hill se refiere a la transmutación sexual con un lenguaje  que hace eco del tantra:

«La emoción del sexo lleva un estado mental a existir. Debido a la ignorancia en este tema, este estado mental es generalmente asociado con lo físico, y debido a influencias impropias, a las que la mayoría de las personas han sido sujetas, al adquirir conocimiento del sexo, las cosas esencialmente físicas han sesgado de sobremanera la mente. La emoción del sexo contiene la posibilidad de tres potencias constructivas: 1. La perpetuación de la raza humana. 2. La conservación de la salud (como agencia terapéutica no tiene igual). 3. La transformación de la mediocridad  en genio a través de la transmutación».

Es evidente que Hill considera vital para el éxito económico que una persona transforme el deseo sexual en energía creativa; es la sexualidad, a fin de cuentas, la creatividad y lo que llama "la fuerza irresistible" que puede hacer que un hombre atraiga la riqueza (aunque es un concepto un tanto radical para un libro de autosuperación dedicado a las masas de 1937, el lector podrá detectar ciertas verdades ocultas atemporales).

El paso trece es "El Sexto Sentido, la Puerta al Templo de la Sabiduría":

«El treceavo principio es conocido como el SEXTO SENTIDO, a través del cual la Inteligencia Infinita puede y se comunicará voluntariamente, sin esfuerzo alguno,  según su demanda, con el individuo. El sexto sentido es la parte de la mente subconsciente que ha sido referida como la Imaginación Creativa. También se ha llamado el conjunto receptor a través del cual las ideas, los planes y los pensamientos destellan en la mente. Estos "destellos" algunas vez son llamados "corazonadas" o "inspiraciones". El sexto sentido desafía toda descripción, no puede ser enseñado a quien no ha amaestrado los otros 12 principios de esta filosofía [...]. El sexto sentido es probablemente el medio de contacto entre la mente finita del hombre y la Inteligencia Infinita, y por esta razón, es una mezcla de lo mental y de lo espiritual. Se cree que en este punto es donde la mente entra en contacto con la Mente Universal».

La importancia de estos capítulos esotéricos en el libro de Hill queda constatada por una visita metafísica que tuvo, la cual le ordenó que debía escribirlos. Hill confesó años después de escribir Piense y Hágase Rico: 

«Una voz habló. No vi a nadie. No puedo decir de dónde vino esa voz. Primero dijo una contraseña conocida por solo pocos hombres, lo cual cautivó mi atención. "He venido", dijo "para darte una sección más para que incluyas en tu libro. Al escribir esta sección podrás hacer que algunos lectores te dejen de creer, sin embargo, escribirás honestamente y muchos te creerán y serán beneficiados. El mundo ha dado muchas filosofías por las cuales a los hombres se les prepara para morir, pero tú has sido escogido para otorgarle al mundo una filosofía con la que se preparen a vivir felices". "¿Quién eres?", dije en una voz suave. "Provengo de una Gran Escuela de Maestros. Soy uno de los del Consejo de los Treinta y Tres que sirven a la Gran Escuela  y sus iniciados en el plano físico"».

Napoleon Hill continua describiendo a este maestro espiritual que lo visita de manera similar a uno de los maestros ascendidos de la Gran Fraternidad Blanca de Shambhala que se describen en la teosofía (quizás no sea casualidad que el político Henry Wallace, quien recomendó a Roosevelt a incluir el ojo en la pirámide en el billete de un dólar, también tuviera una conocida relación con la teosofía).

Hill descbribe a partir de sus visitas astrales un ejército de fuerzas equivalente a una legión angelical que una persona puede usar y ordenar a voluntad.

«Si consideramos que los nombres de los ángeles, cuando son traducidos, pueden referirse directamente a una fuerza específica de la Agencia Divina, Piense y Hágase Rico se convierte en mucho más que un soporte popular para el mito popular. Ya que Hill alude al potencial de la inmortalidad para aquellos que dominen el secreto del éxito, parece que el libro es una especie de grimorio psíquico para lograr la unión con la mente universal», dice David Metcalfe.

Extraño secreto el de este libro que ha programado la mente de millones de personas en el mundo con un origen en la profundidad del ocultismo. ¿Una insospechada corriente de magia negra que fluye a través de las grandes corporaciones y los deseos de riqueza o simplemente una manifestación esotérica de las buenas intenciones de un autor de literatura de autosuperación?

[Modern Mythology]

Twitter: @alepholo

¿Qué tan severo es el impacto del consumismo en el medio ambiente?

Por: pijamasurf - 10/18/2011

Los hábitos de consumo propios del "american way of life", adoptados en muchos otros países, tienen al planeta al borde del colapso ecológico.

Con la expresión american way of life se intenta caracterizar el modo de vida del estadounidense promedio y si bien, como casi cualquier concepto, resulta un tanto ficticio o ingenuo pensar que la compleja realidad puede resumirse así de fácil, podemos aceptar de inicio la existencia de ciertos elementos comunes que reflejan un cierto modelo cultural que además, en un contexto de globalización o sutil colonización, ha sido adoptado por millones de personas en muchos otros países con singular beneplácito.

Durante algún tiempo este modus vivendi se comprendió sobre todo en cuanto a sus dimensiones culturales, un amplio espectro ideológico y práctico que iba de la política al entretenimiento, de la alimentación a la religiosidad o la moral pública y, por consiguiente, sus críticos alertaban contra la homogeneización cultural que el american way of life traía consigo.

Si bien es cierto que podemos hablar de hamburguesas, películas de Hollywood, liberalismo o algún otro elemento presente en la construcción de este concepto, quizá podríamos agrupar esas pequeñas piezas en categorías más amplias y decir, por ejemplo, que uno de los elementos más importantes del american way of life se relaciona con los llamados “hábitos de consumo”. En efecto: si algo caracteriza a la economía estadounidense es su vertiginosa dinámica industrial basada en el consumo: nadie consume tanto en el mundo como los estadounidenses, de ahí que otros países como China o México dependan tanto de lo que puedan venderle a estos ávidos e insaciables compradores. Una economía, además, en la que desechar para volver a comprar es uno de los pasos más importantes en esta cadena aparentemente productiva en la que el dinero no puede dejar de circular.

Entonces es este modelo económico y las prácticas cotidianas que favorece (especialmente en cuanto al consumo y el desecho de lo producido) lo que está en el fondo del american way of life, lo mismo que la razón por la cual esta serie de hábitos se han propagado a otros países que guardan algún tipo de relación económica con Estados Unidos.

Sin embargo, últimamente esta euforia consumista se ha revelado como el factor principal que tiene al planeta al borde del colapso ecológico. Un informe reciente de la Global Footprint Network —organización que mide el impacto que el ser humano provoca en el medio ambiente— asegura que si todos los seres humanos viviéramos como vive el estadounidense promedio, se necesitarían cinco planetas Tierra para satisfacer nuestras necesidades de consumo, sobre todo porque la Tierra es incapaz de emparejarse en sus procesos naturales al ritmo de vida que le imponemos.

Las emisiones de dióxido de carbono, por ejemplo, superan en un 44% las emisiones que naturalmente podrían reabsorberse. Dicho de otro modo: cada año la humanidad produce tanto dióxido de carbono como la Tierra podría procesar en 18 meses. ¿Qué pasa con ese excedente de 6 meses que este “servicio ecológico” no puede admitir?

La variable base que utiliza esta organización es la “huella ecológica” [ecological footprint] que se calcula relacionado la cantidad de tierra y mar que determinada población necesita para producir los recursos que consume y también para reabsorber sus emisiones de CO2. Así, el estadounidense promedio tiene una “huella ecológica” de 9 hectáreas globales: son necesarias 9 hectáreas de tierra y mar para satisfacer sus hábitos de consumo y reabsorber las emisiones de dióxido de carbono que estos generan. En el otro extremo se encuentran los habitantes de Malawi, Haití, Nepal o Bangladesh, que requieren aproximadamente ½ hectárea global para lo mismo (aunque, sospechamos, más por pobreza y precariedad de condiciones que por otra causa).

A este respecto Nicole Freeling, vocera de la Global Footprint Network, declaró lo siguiente: “Aunque quizá las personas que viven en los niveles mínimos de subsistencia o incluso por debajo de ellos necesitarían incrementar su consumo para salir de la pobreza, la población más pudiente puede reducir su consumo y aun así mejorar su calidad de vida”.

Es cierto que es difícil encontrar el punto de equilibrio entre comodidad individual, consumo y cuidado del medio ambiente, sin embargo, tal vez sea necesario replantear algunos de nuestros hábitos cotidianos con miras a postergar o evitar completamente la catástrofe natural que parece inminente. Se dirá, quizá, que las grandes corporaciones también tienen mucha responsabilidad en este asunto, pero es un poco ingenuo esperar que de un día a otro dejen de hacer lo que tantas ganancias les sigue redituando solo porque el planeta se está yendo a pique.

[Green Change]