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Simon Posford, aka Halluciongen y parte de Younger Brother, platicó con MAPS sobre la influencia de las sustancias psicodélicas y particularmente el DMT en su música.

Algunos de nosotros vivimos el surgimiento del movimiento rave en la adolescencia y escuchamos el psychedelic trance como parte de nuestra educación psicoespiritual, y más allá de que para algunos está música actualmente se ha vuelto un poco obsoleta —al estar supeditada a un contetxo tecnológico y psiconáutico—, mantiene un lugar especial en el holograma de nuestra conciencia. Sin duda uno de las figuras más representativas del psy-trance es Simon Posford, el productor londinense que encabezó actos como Hallucinogen, con Raja Ram, el legendario Shpongle y actualmente  ha evolucioanado con Younger Brother, junto a Benji Vaughan de Prometheus. Haciendo una fusión entre sonidos orientales, sintetizadores, una acústica hiperdimensional con ecos extraterrestres y samples de personalidades como Terence Mckenna, los proyectos de Posford son de lo más interesantes, incluso desde su seminal álbum Twisted en 1995, que ha vivido la escena del trance y del ambiente psicodélico.

Posford fue entrevistado para el sitio de investigación de medicina psicodélica MAPS , para quien relato sus experiencias tempranas con sustancias psicodélicas como el DMT, recordándonos que quizás ninguna música esté más relacionada con el uso de poderosos psicodélicos que el psy-trance. Sobre el origen del nombre de Shpongle, Posford cuenta como este nació de la mente del veterano psiconauta Raj Ram.

"Raj estaba trippeando un día, y dijo 'Oh sí, me estoy sintiendo realmente muy shpongled'. Esta palabra es una mezcla de otras palabras que estábamos usando en ese tiempo —como spangled, stoned, monged y mashed [todas palabras para describir el estado alterado de las drogas]— y de estas surgió shpongled . Así que dije que esa era una gran palabra  y que tal vez podríamos usarla como el nombre de la banda o de un track, ya que capturaba la esencia del mensaje que tratábamos de mandar, sin una historia agotada de asociaciones y expectativas que las palabras existentes encapsulaban".

Sobre la influencia de los psicodélicos en la música:

"Diría que masivamente y en un nivel profundo. De hecho, tan fundamentalmente que ni siquiera me gustaba el tipo de música que ahora hago antes de tomar psicodélicos... una vez que tomé psicodélicos solo quería escuchar los sonidos alienígenas, de otro mundo,  futuristas, de la música electrónica, y eso es lo que me inspiró a hacer la música que estoy haciendo ahora.  En cierta forma es fundacional de lo que estoy haciendo  ahora, ya que me llevó por este camino".

Y la primera vez que fumó DMT:

"En realidad  toda la experiencia arrojó más preguntas que respuestas —¿es la naturaleza de la conciencia puramente química?— y también me dio una serie de revelaciones sobre mi vida, incluyendo comportamientos que podría mejorar hasta el punto de la canción en la que estaba trabajando en ese momento. Podía ver la música saliendo de mi cabeza como un río de mercurio líquido con símbolos holográficos de colores, y estos 'elfos mecánicos' parecían alimentarse de ella. Estaban bailando, riendo y disfrutando de ella. Había un pequeño riff de flauta ahí. De repente se voltearon todos serios y me dijeron: 'Tienes que ir y encontrar este riff de flauta, es el riff divino y este es el que tienes que usar.

"Me afectó tan profundamente, en tantos niveles —desde lo que estaba trabajando en ese entonces hasta mis creencias medulares y todos los paradigmas del universo que había topado, desde el budismo, el cristianismo, la ciencia y diferentes interpretaciones que hacen las personas al intentar explicarse el mundo. Me dio un modelo del universo que podía entrar relativamente cómodo en un pequeño cerebro humano".

[MAPS]

¿Y tú qué desayunas? Cómo las corporaciones manipulan tus hábitos alimenticios

Por: pijamasurf - 09/10/2011

¿A quién nutres verdaderamente cuando bebes un café en una cadena comercial o un jugo de naranja pasteurizado? ¿A tu cuerpo o a los grandes consorcios que generan falsas necesidades solo para que sigas consumiendo sus productos?

La historia de la alimentación también forma parte de la historia del poder económico, del toma y daca entre corporaciones y magnates cuyo único interés —adornado en ocasiones con extravagantes creencias pseudoreligiosas o morales— es vender siempre más a consumidores incautos y ayunos de información.

¿Qué tanto de lo que comemos y bebemos significa un aumento en la riqueza de estas empresas? ¿Por qué elegimos esas comidas y bebidas y no otras?

Pensemos un poco en el desayuno, la comida más importante del día. Si bien el clásico “desayuno americano” es mayormente común en las mesas estadounidenses, como cualquier otro producto cultural del modelo dominante ha sido exportado a diversas regiones del orbe: un tazón de cereal, jugo de naranja envasado, alguna variedad de pan también embolsado previamente, café de marca comercial, o todo esto junto y comprado en paquete en alguna cadena de fast-food.

¿Los corn flakes? El invento de John Harvey Kellogg, un adventista del Séptimo Día, partidario de la abstinencia sexual, preocupado por crear un alimento antiafrodisíaco que adormeciera la libido de las personas. El éxito de su popular creación permitió producir una extensa variedad de cereales destinados principalmente al desayuno de casi cualquier miembro de la familia. En Eating History: Thirty Turning Points in the Making of American Cuisine, Andrew F. Smith escribe: «Este tipo de cereales los inventaron los vegetarianos y la industria de la comida saludable, primero la de Kellogg y luego con C.W. Post, quien robó todas la ideas de Kellogg. […] Estas compañías advirtieron pronto que a la gente le gusta el azúcar y que a los niños de verdad les gusta el azúcar, así que cambiaron sus objetivos de ventas de los adultos preocupados por su salud a los niños que adoran lo dulce: en todo rigor, un invento estadounidense».

Del mismo modo el jugo de naranja envasado ganó presencia en los hogares de Estados Unidos (y no solo ahí) gracias al bombardeo propagandístico en torno a los beneficios de la vitamina C y el perfeccionamiento en las técnicas de pasteurización específicamente enfocadas a este en la década de 1930. De pronto esta bebida mañanera se convirtió en un imprescindible de la primera comida del día.

«Los grandes comerciantes de jugo de naranja tuvieron éxito al imponer un halo de áurea nutrición alrededor de su producto. La idea de que el jugo de naranja es “parte esencial de un desayuno balanceado” es común y para muchos irrefutable», nos dice Alissa Hamilton en Squeezed: What You Don't Know About Orange Juice. Y continúa: «Pregúntate a ti mismo por qué, como casi todos, bebes jugo de naranja. Probablemente dirás que porque es bueno para ti o por sus altos contenidos de vitamina C, o porque creciste bebiéndolo y te gusta. Si esto es así, entonces tengo que decirte, francamente, que cuando bebes jugo de naranja estás actuando como un robot».

La postura de Hamilton parecería radical, pero recordemos, como ella misma lo hace notar, que las grandes empresas productoras de jugo de naranja envasado promocionan su bebida como “pura, fresca y sin aditivos”, lo cual, estrictamente, no es cierto. «Aquellos que compran ese jugo de naranja compran las historias que cuenta la industria », apunta Hamilton. Además, la también doctora por la Universidad de Yale nos informa sobre los “garantes de sabor” desarrollados por las mismas empresas que hacen perfumes para Dior y Calvin Klein y que se añaden al jugo para conservar ese gusto y olor a fresco que parece tener al destaparlos por vez primera, a pesar de su larga vida en los estantes.

Por último, el café. Ese regenerador, ese reconstituyente, ese último boost que termina por fijarnos a la realidad y abrirnos los ojos al mundo de las labores diarias y también, para Andrew Smith, el protagonista de la más reciente revolución en la dinámica del desayuno (junto con el té), en este caso impulsada por la empresa más notoria de bebidas calientes en Occidente, una de las que mejor contribuyen a sostener y reproducir este modo de vida lleno de aspiraciones y apariencias: Starbucks.

La historia del cambio que Starbucks ha provocado en el consumo de café por la mañana, al menos en Estados Unidos, comienza en Italia, durante un viaje que el fundador de la cadena realizó en los 80s. Ahí Howard Schultz notó que los italianos —al igual que en otros países europeos— ponían mucha atención a la calidad del café que bebían, a su sabor y el aroma despedido por su fragante taza. «Schultz», nos dice Smith, «vio aquello como algo que los estadounidenses querrían comprar. De hecho lo hicieron, poniendo así todo lo demás en movimiento. Starbucks creó la industria del desayuno con café en este país [Estados Unidos]. Lo que venden es una experiencia —y esto es un cambio increíble». A diferencia de años pasados, cuando el café era una bebida sin mayor importancia, ahora la gente «habla de esta mezcla especial que llegó ayer de Guatemala».

De esta manera se gesta paulatinamente la adquisición de conductas y necesidades, gustos aparentemente propios que en realidad son la consecuencia de la propaganda en la que grandes consorcios invierten para que nunca dejes de comprar tu café de la mañana.

[Alternet]