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Los poemas pornográficos de Aleister Crowley: herejía erótica y misticismo

El polémico ocultista británico Aleister Crowley dejó escandalosos versos en los que atraviesa lo más abyecto de la sexualidad en el proceso alquímico de transmutar el plomo (del cuerpo) en oro (de espíritu).

Por: Alejandro de Pourtales - 03/09/2011 a las 23:09:44

Aleister Crowley fue muchas cosas —espía, ocultista, casanova, alpinista— pero quizás lo que más quiso, al menos en su juventud, fue ser poeta. Sin nunca alcanzar las alturas líricas de su archirival W.B. Yeats, la Gran Bestia dejo un cuerpo poético que alcanza ciertos resplandores, fruto de su conciencia alterada: más que nadie más allá de lo ordinario. Si hay una constante en este fascinante hombre-camaleón es su gusto por el shock, por agredir las “buenas costumbres” de la sociedad victoriana.  Crowley tomó como máxima la idea de que lo único sagrado es que no hay nada sagrado, ya que el hombres no solo es imagen de la divinidad, sino que participa en ella (es la flama que arde “como un sol invisible” en el cuerpo) y por lo tanto la ley es haz lo que quieras. El Último Mago de Occidente alguna vez se preguntó: “¿Si supieras que eres dios y que todos los demás son igual que tú, les dirías?”. Y este (auto)conocimiento de la divinidad, en buen medida, surgió a partir del sexo: el teatro cósmico donde la bestia operaba su magia. Crowley hizo del sexo una ciencia mística:

We place no reliance On Virgin or Pigeon;

Our method is Science, Our aim is Religion.

[No confiamos ni en la Virgen ni en la Paloma;

Nuestro método es Ciencia, nuestro objetivo Religión]

Para llegar al punto en el que sus encuentros sexuales abrían portales dimensionales o canalizaban espíritus cósmicos (copulando con su Diosa Escarlata o su aprendiz per vas nefandum: el ojo de Horus), Crowley tuvo que experimentar ampliamente, abandonando los límites establecidos por la moral. Haciendo del libido algo metalúdico, en lo que se ponen en juego las fuerzas creativas del universo, llegó a probar todo tipo de operaciones sexuales, incluyendo su famosa Misa del Fénix, en la que consumía “pasteles de luz” horneados con semen, sangre, saliva, como hostia:

“Una eucaristía de algún tipo debe de ser consumada diariamente por todo mago, y debe de ser considerada como el mayor sustento de su vida mágica. Es más importante que cualquier otra ceremonia, porque es un círculo completo. La totalidad de la fuerza gastada es reabsorbida; la virtud es la vasta ganancia representada por el abismo entre el Hombre y Dios… El mago se llena de Dios, se hincha, se intoxica de Dios”.

En 1896, bajo un seudónimo, Crowley, quien gastó buena parte de su dinero en publicar sus libros, escribió el poemario White Stains [Máculas blancas], una evidente referencia al amancillamiento del esperma. Con temas como la pedofilia, la bestialidad, la necrofilia e incluso la teofilia,  el poeta atraviesa todo el universo sexual desde la decandencia mágica.  En Necrofilia escribe:

To pour within thine heart the seed
Mingled with poisonous discharge
From a swollen gland, inflamed and large
With gonorrhoea’s delicious breed;

To probe thy belly, and to drink
The godless fluids, and the pool
Of rank putrescence from the stool
Thy hanged corpse gave, whose luscious stink

Excites these songs sublime. The rod
Gains new desire; dive, howl, cling, suck,
Rave, shreik, and chew; excite the fuck,
Hold me, I come! I’m dead! My God!

[Para verter dentro de tu corazón la semilla
Mezclada con la descarga venenosa
A partir de una glándula hinchada, inflamada y grande
Con la raza deliciosa de la gonorrea;

Para profundizar en tu vientre, y beber
Los líquidos ateos, y la piscina
De fétida putrefacción de las heces
Que tu cadáver ahorcado dio, cuyo olor delicioso

Excita estas canciones sublimes. La verga
obtiene un nuevo deseo; penetra, aúlla, aprisiona, chupa,
delira, chilla, mastica, exalta la cogida,
¡Espera! ¡Me vengo! ¡Muero! ¡Dios mío!]

El placer homoerótico en “A Ballad of Passive Paederasty” (este poema puede ser ofensivo, pero recordemos que es un recuento ficticio y habla del deseo, no de concretar el acto):

Boys tempt my lips to wanton use,
And show their tongues, and smile awry,
And wonder why I should refuse
Their buttocks o­n the sly,
And kiss their genitals, and cry:
‘Ah! Ganymede, grant me o­ne night!’
This is the o­ne sweet mystery:
A strong man’s love is my delight!

[Los niños tentan mis labios a un uso licensioso,
Muestran sus lenguas y una sonrisa torcida,
Y me pregunto por qué debo rechazar
A escondidas sus nalgas
Y besar sus genitales, y me lamento:
"¡Ah! Ganímedes*, concédeme una noche!"
Este es el único misterio grato:
¡El amor de un hombre fuerte es mi deleite!

*Ganímedes, príncipe troyano amante de Zeus]

Si bien en estos poemas tempranos Crowley no hace patente la magia sexual, en la decadencia está la llave, puesto que de esta forma el hombre se destruye y puede renacer de sus cenizas, además de que se convierte en todos los hombres, al arrastrarse por el abismo de las almas. 

En “With Dog and Dame: An October Idyll” ["Con perro y señora: idilio de octubre"] vemos al poeta que se libera del tabú y concreta un trío con una mujer y un gran danés:

Autumn is o­n us as we lie
In the creamy clouds of latticed light
That hint at darkness, but descry
A rosy flicker through the night,
My mistress, my great Dane, and I

…and my eyes
Catch rapture, as upon the bed
He licks her lazy lips, and tries
To tempt her tongue. My fires are fed.
Her heavy dropping breasts entice
My teeth to jewel them with blood,
Her hand prepares the sacrifice
She would desire of me, the flood
That wells from shrines of Paradise
Her other hand is mischievous
To bid the monster Dane grow mad,
His red-haw gaze grows mutinous,
Her eyes have lost the calm they had,
My body grows all amorous.

[El otoño llega al tiempo que nos tendemos
En las mulldas nubes de luz de celosía
Que anuncuan la oscuridad, pero distinguimos
Un guiño ingenuo a través la noche,
Mi amante, mi gran danés y yo

... y mis ojos
fijan el rapto, como en la cama
Él lame los labios flojos de ella, e intenta
tentar su lengua. Mi fuego aumenta.
Sus pechos pesados y colgantes atraen
Mis dientes y se enjoyan con sangre,
Su mano prepara el sacrificio
Que desea de mí, la inundación
Que viene de los los santuarios del Paraíso
Su otra mano tiene la malicia
Para para despertar la locura del Danés,
Cuya mirada cárdena se amotina,
Los ojos de ella pierden la calma que tenían,
Mi cuerpo crece, henchido de amor.]

Y en “Jewess” ["Judía], la Bestia encuentra la escandalosa nota de la más alta herejía, propinando un facial a la divinidad cristiana:

She was of noble birth, and — best —
A Jewess; her bad lips enticed
My lips to taste; I held her breast
Fresh from the crucifying Christ;
It seemed her thighs were hot with blood
Sucked from the bastard Son of God.

…Her breasts are Golgotha to me!
Her lips, his dripping hands and feet!
Her secret-cinctured armoury
Of pleasures seems—how utter sweet!—
The gaping spear-wound in his side
Wherein I smote the Crucified…

[Ella era de noble cuna, y —lo mejor—
Una judía; sus malévolos labios invitaron
a los míos a probarlos; sostuve su pecho,
fresco desde la crucifixión de Cristo;
Parecía que sus muslos hervían con la sangre
sorbida del bastardo de Dios.

... ¡Sus pechos son mi Gólgota!
¡Sus labios, sus miembros empapados!
Su secreto y ceñido baluarte
De placeres —¡absolutamente delicioso!— parece
La hendidura que la lanza abrió en su costado
dentro de la cual me regodeo del Crucificado.]

Más allá de cierta vulgaridad, de ciertos versos de desidiosa hechura, lo que subyace energéticamente es una estrategia de libertad. En la época de Crowley el tabú y la represión sexual eran los primeros enemigos de la libertad humana, que se encuentra en el autoconocimiento y, por lo tanto, necesariamente en la exploración del cuerpo, hasta el punto de que pueda ser hackeado y se descargue en él el espíritu. Para esto Crowley utilizaba, como parte de sus artes amatorias, drogas como la mescalina, el hachís y los opiáceos, creando un psicocóctel mágico diseñado para romper la estructura, la armadura corporal  y en el aniquilamiento recibir el relámpago de la divinidad. Pocas personas en el planeta encarnaron mejor aquella frase de William Blake: “El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría”, que la Gran Bestia, un hombre que más allá de que comulguemos o  no con el ocultismo (y quizás nos asuste su presunto satanismo), nos enseñó a cuestionar la realidad y la autoridad e ir más allá, siempre más allá, a una región donde un orgasmo puede extenderse sin final.

[Giving God a Facial with Aleister Crowley]

Twitter del autor: @alepholo


Comentarios

  1. Ulises dice:

    “…The days nights and mornings were exquisite. The rare sex centermost unfurling from tail to crown, mysteriously intuitively, your back purrs should I even glance at its central groove arising hidden and dark from the violet-tinged trikonam cresting up and smoothly down into the sacral well reaching forward between your shoulder-blades then burying into your neck beneath the wisps of child hairs diving into brainstem where seething rhythms of the sapient universe flare invisibly a milky grey conflagration of axons dendrites filled with instinctive movements a million million combinations to trigger hips hands lachrymose adrenaline reflexes dormant like the birth contractions of a childless woman till they are needed, then, in the unswerving perfection of choiceless urgency, it all comes forth, sweat sheens, the breath heaves and prana hunts for a thousand ways to worship existence more fully, grasping everything it finds, hands, lips, buried anguish, lost hopes- loins fuse, juices flow, tongues dive into throats sucking backward: “I am the passion in beings attuned to the Final Goal.”

    The electrified zeal permeates the hypothalamus “little wedding chamber” where all bio-hungers teem: Food now! Labor contractions now! Lactate now! Water, breath of life now! Sweat now! Shiver! Sleep, get up! Estrogen clock now now! Quivering follicles give me your body your seed, your life, now, or else it all ends with you.

    But when that urgent NOW matures more fully, mentored by the longer pineal rhythms, patiently nourished into its puberty by rare pituitary elixirs and incessant spinal prayers into its transformative dark night of the soul, no lamp for light except that one burning in my heart (San Juan de la Cruz) juices of creation transform into ojas tejas retas auras, illuminating citta, further arousing prana awakening Kundalini sending wave after wave of photovoltaic melatonin endorphin bliss currents radiating into the heavenly-winged cerebral lobes, returning the magisterial brain to its original mystical erogenous nature: to FEEL it all, not via worded figurines but throbbingly engorged and saturated drunk with its own honeyed secretions to become like unto gods imbibing deep the soma-rasa madhu mead amrita ambrosia fructified to perfection by your sultry gaze.” (…)

    ~Stuart Sovatsky, “Your Perfect Lips”

  2. Ulises dice:

    Delicioso, caliente, sublime, punzante, dulce y alucinantemente misterioso…”Una oda al sexo devocional” John Wellwood

    ‘Imagine an alternative Christ whose message of love and redemption is conveyed, not by a story of heroic self-sacrifice and martyrdom, but by the passionate love between Man and Woman, The Perfected Couple as Religion, A Mystico-Erotica as its most sacred scripture. As Krishna proclaimed of Himself in his Song of God, “I am the passion in beings that is attuned to (Sanathana) Dharma.”

    A rare kind of sex in which desire shudders throughout the body in myriad crescendos of awe heat bliss rendering all bodiless religions and myopic sexologies vestigial to an age on the wane that had become dedicated to exacting the truest of confessions from a shadow.

    How so?

    Far beyond the thrall of the teenaged awakening Nature has hidden in us numerous rare and mysterious erotic reflexes and transformative puberties (except for “Kundalini”, completely unknown to modern times- did we really believe we had discovered EVERYTHING there is about the erotic universe?) the fleshy basis of all spiritual yearning that only a ever-deeper passion might awaken:

    Shuddering genital reversals vajroli mudra, shakti chalani, that emerge in meditative depths or only after the second hour of embrace, spinal surges Kundalini-shakti,davvening, Quakering, Shakering, zikr-ing, holy ghosting, involving perhaps twenty years novitiates of sublimative maturation, excessively devotional surrenders requiring an ease with tears at the thought of it all, and even more distant throat- choking pharyngeal hypoglossal arousal khecari mudra, soaring into consummate pineal emissions soma-rasa, nectar of the Gods, inebriating the inmost soul with breathless beauties everywhere, perhaps a dozen lifetimes away. In a different economy of bodies and pleasures we might call these awakenings postgenital puberties as in the ancient name for Yoga:

    “shamanica medra” “the going-beyond-genital-awakenings”

    -but beyond into what?

    Always oscillating, Krishna worships Radha worships Krishna man worships woman worships man thus becoming god, becoming goddess from the inside out molting their human skins born out of their arduous longing for this other, the beloved, the ache of it all endured, this life into That into this into That, a weaving maturing of souls verging on oneness, circling auguring ever-deeper into the Source of incarnation itself, close and even closer winding toward the vertiginous center everything quickening the hopes and fears of each lover there ever was or will be.

    The awe of creation, the power of it, life itself. Immortality inward outward the other puberties endlessly beyond words English or Sanskrit to this edge where Happening itself happens this miracle then this, in which we guide word choice action toward that purr in your voice that breaks into sighs hand gripped onto your pelvis breaking free no end can be seen.

    The romantic narrative begins easily: Your eyes, my wonder, your lips, my hunger, Your wisdom, my mystery. I love you till death do us yes and yes again yes yes the only word I know that dusky taste of your interior thigh my forever and ever. I will never leave you for where else is there to go?’…

    ~Stuart Sovatsky, “Your Perfect Lips: A Spiritual Erotic Memoir”



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