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La menstruación, el origen de las matemáticas

Arte

Por: pijamasurf - 09/14/2011

Las matemáticas fluyen por dentro de las mujeres, de la Luna hacia el mundo; tempranos calendarios lunares sugieren que el pensamiento cuantitativo surgió ligado a la menstruación.

Pese a que algunas tradiciones místicas explican el origen de las matemáticas como una especie de  transmisión divina o revelación iniciática del orden del universo, si nos ceñimos al ámbito de la paleontología todo indica que el desarrollo de las matemáticas está ligado a la menstruación y a la observación de la Luna. 

Borba y D'Ambrosio, en su trabajo sobre las etnomatemáticas, definen a las matemáticas como una serie de técnicas cuantitativas desarrolladas para responder problemas y tareas relacionadas a la supervivencia humana —el surgimiento del pensamiento cuantitativo.

La evidencia empieza con el hueso de Ishango (la imagen anterior) encontrado en Zaire, el cual ha sido fechado en un período entre el 25,000 a. C. y el 20,000 a. C. Este hueso es un calendario lunar de seis meses.

De manera similar el  bastón de cuernos de venado de Isturitz, Francia, de entre el 25,000 a. C  y el 20,000 a. C., se le identifica también con un calendario lunar de cuatro meses. Lo mismo sucede con  la placa ósea de Blanchard, la cual es aún más vieja y parece representar un calendario lunar de dos meses.

Estos calendarios lunares constituyen el uso más antiguo de números conocido en el hombre. John Kellermeier cree que es evidente que existe una relación entre el pensamiento cuantitativo y el reconocimiento de los ciclos de la Luna, los cuales están ejemplificados de manera más directa en la menstruación, aunque también tiene aplicación en la agricultura. Por esta razón es muy posible que sean las mujeres quienes hayan desarrollado las matemáticas primitivas.

El contexto en el  que surgió el pensamiento cuantitativo es el periodo paleolítico, caracterizado por la adoración de la Diosa Madre —a la par que se han encontrado estos calendarios lunares se han encontrado vasijas de divinidades femeninas. La adoración de la Diosa está representada por imágenes de vulvas, senos, caderas y  pintura roja que simboliza la sangre menstrual que enaltecen la cualidad dadora de vida de la mujer (ejemplos de esto son las Venus de Willendorf  y Laussel).

Hay cierta lógica originaria en que las matemáticas hayan surgido para llevar registro del tiempo y, en este sentido, existe una unidad etimológica entre el mes y la menstruación: el río rojo de matemáticas adentro de la mujer y, arriba, fluyendo también por la Luna.

"Los calendarios lunares no serían solamente métodos de contar el tiempo sino de una resonancia reflexiva entre las fases de la Luna y los ciclos menstruales sagrados de las mujeres. La evidencia apunta a que los ciclos menstruales de las mujeres dieron lugar a las primeras matemáticas. También sugiere que las mujeres fueron las primeras matemáticas", escribe Kellermaier.

[Tacoma Community College]

 

“Pequeños adultos”: la infancia rendida ante la opulencia (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 09/14/2011

¿Qué sucede con los niños que crecen en círculos privilegiados? ¿Qué transformaciones sufren la candidez o la chispa infantiles ante la suntuosidad que da la riqueza material? La fotógrafa Anna Skladmann nos ofrece un notable atisbo a este fenómeno.

La infancia puede ser o no ese paraíso perdido del que tantos hablan, una de las edades más felices en la vida del ser humano, llena de alegría y libre de dolor. La infancia puede tener poco o mucho, incluso nada de esta idealización pero, en cualquier caso, lo que resulta innegable es que se trata de uno de los momentos más extraños de la existencia, sobre todo por esa azarosa conjunción de circunstancias que se tejen alrededor de un niño y de su desarrollo. Si ya el nacimiento es en sí mismo un enigma, a esto se añade el entorno en donde esa persona viene a recalar. Si nadie pide nacer, mucho menos elige el lugar, la familia o las condiciones en que crecerá.

Este es el caso de los retoños que ahora mismo germinan entre lo más selecto de la sociedad rusa, esa nueva clase privilegiada que ha prosperado al amparo de los regímenes post-soviéticos y que ahora se permite lujos y excentricidades como mansiones fastuosamente amuebladas o colecciones de automóviles antiguos, entre los que su progenie se adiestra para tomar algún día las riendas de la riqueza familiar.

La fotógrafa Anna Skladmann —de padres rusos pero nacida en Alemania — ha capturado en una serie fotográfica la singular atmósfera que rodea a estas criaturas, enfatizando con inquietante claridad el contraste entre la opulencia y el esplendor material —que algo tienen de ancien régime— con la supuesta libertad que debería ser inherente al espíritu infantil, el desenfado del niño, el desparpajo y la travesura que en estos retratos quedan totalmente nulificados y sustituidos por un halo de tristeza y seriedad constante en los rostros de los infantes. Su trabajo se titula precisamente Little Adults, en obvia referencia a la precoz madurez que se les exige a estos niños a causa del suntuoso medio social en el que viven.

La idea de este proyecto la tuvo Skladmann en el año 2000, cuando visitó por primera vez la tierra de sus ancestros y asistió al baile de disfraces de la víspera de Año Nuevo. Ahí tuvo el primer contacto con algunos de estos niños, ahí las primeras impresiones que comenzaron a bullir y a inquietarla, a decirle que ahí había algo que merecía registrarse más allá de la memoria. “La manera en que se conducían en la mesa, la manera en que actuaban alrededor, no era solo lo que conocía de los niños criados en Europa. Se veían, por el contrario, como pequeños adultos”. En ese entonces la futura fotógrafa tenía 14 años de edad.

En 2008 Skladmann volvió a Rusia, donde se encontró con Nastia, una niña de ocho años con quien entabló una relación sumamente cercana. Hija de un famoso director de cine ruso, la niña vive en una burbuja de riqueza en la que Skladmann introdujo un poco de novedad. Luego de hacerla protagonista de un proyecto escolar, Skladmann siguió en contacto con Nastia y comenzó a fotografiarla al interior de la casa donde reside, una mansión construida en estilo Art Decó. Curiosamente, el vínculo creado entre ambas trascendió la relación maquinal entre el lente y su objetivo: “Me di cuenta de que no era yo yendo a su casa a tomar una fotografía: era un diálogo. Ella estaba tratando de decirme algo también”, asegura Skladmann.

Esto, que podría tomarse como una sensación vaga o pasajera, se repitió con la última imagen tomada por la fotógrafa, una en la que la pequeña Varvara salta tímidamente frente a la pantalla de su sala de cine personal: “Para mí”, dice Skladmann, “esta fotografía es ella rompiendo un capullo, como una mariposa tratando de volar lejos de algo”.

¿Qué pensar ante estas imágenes? La respuesta inmediata podría ser el escándalo moralino o celoso ante la supuesta injusticia que sufren estos niños, cuya infancia resulta asesinada en aras de las convenciones sociales propias del mundo de los privilegiados. Sin embargo, una de las virtudes de esta serie (como de cualquier expresión artística auténtica) es que confronta esas ideas sencillas, habitualmente idealizadas, que tenemos sobre la infancia y su aura de paraíso perdido.

¿O es que estos niños no viven en un paraíso?

(En el sitio personal de la fotógrafa se encuentra la serie completa).

[NY Times]