Inicio > AlterCultura > Alter existencia
Visitas | 10157

Menéame

Share

El poder de la publicidad, una amenaza contra el individuo y el planeta

La publicidad, que sostiene al sistema de consumo dominante, es una seria amenaza contra el ecosistema planetario, los recursos naturales y hasta nuestra individualidad, que al ser expuesta a la propaganda de la mente grupal se aleja de su autoconocimiento y autorrealización

La ubicuidad de la publicidad hace que generalmente no reparemos en su efecto y en lo que significa para el orden de las cosas. A lo mucho consideramos sus mensajes como una molestia menor y zappeamos o bloqueamos instintivamente sus imágenes cuando navegamos por Internet o vamos por un horizonte urbano. Pero seamos consciente o no de su presencia, esta se filtra a lo más profundo de la psique colectiva e influye en el mundo que habitamos.

La era de los medios masivos de comunicación es también, indisociablemente, la era de la publicidad. Ya que la publicidad, una industria anual de medio billón de dólares, fondea la comunicación en todo el mundo, la información está en buena medida determinada por las grandes corporaciones que inyectan miles de millones de dólares a los consorcios mediáticos. Recordemos que en el sentido más básico la información es lo que programa nuestra realidad. Ahora bien, la publicidad sirve a una serie de intereses, el principal de ellos: la propagación de un estilo de vida.

Uno de los padres de la publicidad fue Ed Bernays (sobrino de Sigmund Freud), para quien la publicidad es un eufemismo de la propaganda (después de Goebbels este término fue relegado justamente como una estrategia de marketing de la misma publicidad). Bernays desarrolló una serie de conceptos que marcarían el destino de la publicidad, entre ellos el de “ingeniería del consenso” o “empoderamiento a través del consumo”, implementando el modus operandi fundamental de la asociación de un producto con el inconsciente (algo que tal vez aprendió de su ilustre tío). Actualmente, gracias a Bernays y a otros más, la publicidad es la propaganda del consumismo por todos los medios posibles. Más allá de un mensaje puntual de tal o cual producto, la publicidad promueve siempre el consumo y esto es algo que tiene serias consecuencias en el individuo y el planeta.

El profesor Justin Lewis, de la Universidad de Cardiff, ha escrito un notable ensayo sobre los peligros de la publicidad en el mundo actual, haciendo hincapié en que podemos estar acercándonos al punto en el que la publicidad se convierta en un serio peligro para el planeta.

Lewis advierte que la publicidad es el género principal de TV que vemos. Un espectador británico ve en promedio 48 comerciales de televisión al día; en Estados Unidos una persona se expone a 25 mil comerciales año. En Australia una tercera parte del tiempo de TV es publicidad; en Estados Unidos la cifra se acerca al 40%. Y si bien muchos de nosotros nos sentimos inmunes a la publicidad, ya que supuestamente tenemos criterio y somos analíticos, numerosos estudios muestran que el cine y la televisión penetran nuestro inconsciente afectándonos de diversas formas.

La multimillonaria industria de la publicidad sabe que para ser efectiva debe de emplear una serie de trucos o técnicas de persuasión, y para eso paga sueldos astronómicos a las personas más “creativas” del planeta —convirtiéndose en una especie de calamar vampiro de la creatividad. Algunas de las mentes que podrían ser las mejores de nuestra generación (si tan solo abandonaran la industria del marketing y la publicidad) queman sus neuronas buscando la manera de engañar a las personas para que compren un producto. De manera algo deleznable, en los rascacielos de las grandes urbes del mundo puedes ver a un grupo de creativos tomando LSD para invocar una “gran idea” que haga a tal candidato obtener más votos, o fumando marihuana o quizás sirviéndose una “cuba” o un whiskey de su minibar para pensar en algo que te haga desear (sin saber por qué) comprar más Coca-Colas. Y así sucesivamente  mucha de la energía creativa de nuestro mundo se consume en un loop de circuito cerrado alimentando a la sociedad consumo. Esto sin contar que la mayoría del presupuesto que se destina a la producción de comerciales es inmensamente superior al presupuesto que se tiene para obras de creación artística, científica o educativa.

Mientras tanto, de manera taimada o solo ingenua asumimos que la industria publicitaria es esencialmente apolítica. 

«La publicidad podrá ser individualmente inocente, pero colectivamente es el ala propagandística de la ideología consumista. La moral de las miles de diferentes historias que cuenta es que la única forma de asegurar el placer, la popularidad, la seguridad, la felicidad o la prosperidad es a través de comprar más; más consumo sin importar lo que ya tenemos», escribe el profesor Lewis.

Este mensaje que hace del santo grial de nuestra existencia una serie de productos que de alguna forma —si tenemos suficientes— nos harán cumplir nuestros sueños, aquello que vemos en las personas que aparecen en la TV y en las películas, es evidentemente una enorme falacia. Como indica Lewis, existen estudios que claramente marcan que no hay una conexión entre el volumen de objetos de consumo que una persona acumula y su bienestar. No solo no necesitamos un gadget o un nuevo cosmético para sobrevivir en un plano material ni en uno emocional, sino todo lo contrario: los objetos de consumo son muchas veces lo que nos permite no enfrentarnos con nuestra emociones, sumiéndolas en un plano inconsciente.

«La investigación muestra que una caminata en el parque, la interacción social o el trabajo como voluntarios hará más por nuestro bienestar que cualquier cantidad de “terapia de compras”. La publicidad, en ese sentido, nos empuja a maximizar nuestros ingresos en vez nuestro tiempo. Nos aleja de las actividades que nos dan placer y significado en nuestras vidas llevándonos a una arena que no nos puede proporcionar esto —lo que Sut Jhallu llama “el mundo muerto de las cosas”», escribe Lewis en Open Democracy.

Aún más importante es el hecho de que, en un mundo finito,  nuestro ritmo de crecimiento de consumo es insostenible. Para el fin de este siglo, si seguimos consumiendo como lo estamos haciendo, la economía mundial tendrá que ser 80 veces más grande —y los recursos naturales del planeta lo sufrirán.

Además de amenazar el ecosistema, la publicidad es parte fundamental del programa cultural de la mente grupal: una transmisión memética que, sin aplicar un juicio de valor, nos moldea individualmente conforme a un paradigma establecido por aquella élite que se dedica a la ingeniería del consenso, para poder mantener el status quo. En cierta forma la publicidad es la forma en la que la clase dominante se comunica con las masas, una comunicación vertical, desde la cima de la pirámide electrónica hacia abajo.

«Si entendemos el mecanismo y los motivos de la mente grupal, entonces, ¿no sería posible controlar y regimentar a las masas, según nuestra propia voluntad sin que ellos lo sepan? La reciente práctica de la propaganda ha probado que es posible», escribió Ed Bernays en los albores fundacionales de la publicidad.

La publicidad actualmente, con la industria del infotainment, va más allá de los anuncios comerciales, penetra el contenido de la mayorías de los programas en los medios masivos, es en sí  misma el programa dominante:

«Este programa de deseo sexual incluye todas las cosas que se requieren para tener sexo: dinero, estatus, éxito, imagen, belleza, estar en forma, confianza, carisma social y otros. Todas estas cosas son deseables para nosotros de acuerdo con un fin especifico: tener sexo. La publicidad es un recordatorio constante de lo anterior, lo mismo que el porno. Actualmente los dos se han fundido: la publicidad es frecuentemente pornográfica y los sitios de pornografía (al igual que los de encontrar pareja) y sus anunciantes han inundado, literalmente, el Internet», escribe Aeolus Kephas, en Escritores del Cielo en Hades

El mass media, con su masaje masivo de la psique, nos recuerda constantemente, en su fusión con la publicidad, todas las cosas que necesitamos para tener sexo, para ser felices o para conseguir nuestro sueños. Y de tanto recordárnoslo —la tautología que se vuelve verdad— nos implanta una especie de memoria y deseo ajeno, donde corremos el peligro de querer (e incluso conseguir) lo que todos quieren —y dejar a un lado el descubrimiento y la búsqueda del individuo, que solo puede ser él mismo, en su totalidad, si se desprende del colectivo y de la programación mental masiva.

Twitter del autor: @alepholo

[Open Democracy]

ENVIAR POR MAIL
IMPRIMIR
TAMAÑO DE TEXTO

[ TAGS ]

, , , , ,

[ COMENTARIOS ]

24 Comentarios

alguiencito dice:

Si tan en contra estas de la sociedad y del mundo pegese un tiro o devuelvase en el tiempo

Otro alguiencito dice:

1era opción: Resignarse (conformista)
2da opción: Tratar de contribuir para un cambio hacia algo mejor. (Para mí; la mejor opción… prefiero eso a ser víctima, sentado y cruzado de brazos.)

Retrofuturismo dice:

Tu nick sintetiza bastante bien tu comportamiento. Tu concepto de sociedad no es inmóvil. Podría cambiar si abrieras un poquito el cerebro. Un poquito basta.

Logain dice:

Aunque creo que no siempre las buenas ideas terminan en algo negativo, chequen esto bit.ly/pdi2i23

Michael dice:

Excelente articulo

ErenoNakawe dice:

La publicidad no atenta contra el individuo, el individuo es, y desde tiempos remotos, un ente social que necesita moverse en masa y buscando la aprobación para alcanzar un ideal, ideal que obtuvo en el momento en que descubrió su capacidad de preguntarse quien era y qué hacía en este mundo, es parte de los genes. La publicidad no atenta contra el planeta, el planeta ya estaba amenazado cuando los seres humanos lo comenzamos a habitar.

El ser humano siempre ha sido parte de un sistema por más renegado que el individuo sea, siempre se ha conformado en grupos, siendo parte de algo, de una idea o creencia siendo así un consumidor. Y bajo esas ideas o creencias es como se ha creado el mundo actual. El ser humano, como raza, es quien finalmente tiene la última palabra del camino a elegir.

Retrofuturismo dice:

la (r)evolución precisamente consiste en dejar este estado primitivo. Solo hemos adornado nuestra capacidad de consumo. Seguimos siendo los mismo cavernicolas que necesitan sexo y comida. Sólo que hemos creado un proceso de sofisticación. ¿Y eso te parece que está bien? El hehco que lo hayas explicado no lo justifica. Tu que al menos lo puedes ver no entiendo cómo te conformas. Buena suerte.

silva dice:

Hey me gusto lo que escribiste, estoy totalmente de acuerdo.. me llamo mucho la atención. Era para eso. Que estés bien!

David dice:

Ved the Century of the Self y veréis cómo nos han moldeado el cerebro durante el siglo XX. Bernays, Ana Freud, etc…

http://www.youtube.com/watch?v=MLD7LmWnzrA

Cualquier documental de Adam Curtis es altamente recomendable.

Johan dice:

Excelente!!!

metahermes dice:

super pagina, no la conocia, muy interesante,

Srta. Publicista dice:

Siempre leo tus artículos y la verdad me agradan bastante, pero la verdad soy publicista y me encanta mi trabajo, apesar que sirva al mundo capitalista. Lamentablemente no se puede aún vivir fuera del sistema, (no creo que tú vivas sin dinero, o que no vayas al supermercado) y para mi, la cosa es clara: nadie te obliga a nada. Por ejemplo solamente, yo no consumo las cosas que publicito, consumo lo que necesito y punto. Si entramos a culpar a la publicidad de la infelicidad de la gente, estamos mal, la gente es infeliz desde antes y humildemente creo que es por el sistema en el que vivimos, del que la publicidad es sólo una pieza más. La publicidad destruye a los débiles, y a la gente que por una u otra razón, no tuvo la posibilidad de estar en un entorno que fomentara su inteligencia y su espiritualidad, pero si fuera 100% efectiva, todos seríamos unos monos sin cerebro, sin excepción.

Escribir un comentario

*

 
Newsletter