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La semilla de un proyecto para implementar un sistema económico alternativo, autosustentable y en favor de los trabajadores y no de las grandes corporaciones.


A continuación la semilla de un sistema de cooperativas que en poco tiempo podría modificar toda una comunidad en beneficio del obrero con un mínimo de empuje económico inicial. Su propagación sería firme y auto sustentable.

A. Partiendo de una suma inicial que pudiera ser un préstamo bancario, público o de un benefactor económico privado en el mejor de los casos, se pone un negocio cualquiera dirigido a consumidores locales.  Un restaurante, por ejemplo. Si dicho negocio necesita diez empleados para operar, estos saldrán forzosamente de la localidad en donde se encuentre el restaurante y esas diez personas ganarán exactamente lo mismo, independientemente del cargo que desempeñen. Esa es la regla básica conforme a la cual se lleva a cabo la contratación. Quien inicia el negocio será el responsable del préstamo ante el banco, el gobierno o el benefactor y su trabajo consistirá en ser, digamos, el director general de la empresa, pero ganará lo mismo que el resto de los empleados, lo mismo que el lavaplatos, el cocinero y el gerente, hombres o mujeres. Las ganancias después de los gastos fijos y los sueldos, reportadas a los empleados-socios una vez al mes o cuando la mayoría decida verlas, se guardan íntegras en una cuenta de banco. Si hay pérdidas, estas saldrán de los salarios. Por eso es importante que el restaurante o negocio en cuestión esté orientado a la gente local y que los empleados salgan de ahí, porque serán ellos quienes, con el incentivo de no solo ser empleados sino también socios del lugar por el solo hecho de trabajar ahí, atraerán a la gente de la localidad para que en lugar de gastar su dinero en algún establecimiento comercial de una gran empresa o una franquicia cualquiera, lo gasten ahí, con ellos, como apoyo.

B. Cuando las ganancias que se vayan acumulando en el banco asciendan al préstamo recibido para abrir el negocio más intereses, el préstamo se le regresará a quien se le debe —y cuenta saldada. Si en cualquier momento alguno de los empleados-socios decide abandonar el negocio, se va dejando su parte a quien ocupe su lugar.

C. Cuando las ganancias posteriores al pago del préstamo asciendan a la misma cantidad con la que abrió el lugar más intereses, se hace una votación general en la que se decide quién de ellos recibirá aquella suma para generar otro negocio cuya única prerrogativa es que no sea competencia directa. Quien generó el negocio en un inicio (esto es, el director general), queda excluido de esta votación secreta, lo que quiere decir que es posible votar por sí mismo. Se pide ser conscientes de elegir a la persona más capaz de llevarlo a cabo dejando de lado consideraciones personales, aunque esto es solo una recomendación. Si todos votan por sí mismos el voto del director general será entonces el que determina al beneficiado. Si hay un empate entre dos o más, se les excluye de la siguiente ronda de votación, se da una plática de opinión entre el resto sin que quienes están en la terna estén presentes y, luego de compartir impresiones al respecto, se repite la votación. Si vuelve a haber un empate se sigue este proceso hasta que finalmente quede un solo elegido. Si se da una pelea muy cerrada esto implica cada vez mayor diálogo al respecto de los candidatos. Como ganar significaría dejar el grupo y ese negocio, quien no desee ser candidato tiene que anunciarlo antes de la votación, conservando su derecho al voto.

D. Antes de que se vaya el encomendado a formar otro negocio se contrata a quien ocupará su lugar. El ganador lo entrena en sus deberes el tiempo que sea necesario y finalmente uno se va y otro toma su lugar y su pedazo del negocio (una posición privilegiada ya que no tuvo que trabajar desde un inicio para sacar el negocio adelante). Sería entonces una plaza muy competida que atraería un candidato excepcional para el puesto. Así se conforma el grupo final que integra la empresa, una especie de cooperativa, cuyas ganancias de ahí en adelante compartirán de manera equitativa, tomando decisiones en conjunto respecto a la repartición de utilidades o la reinversión en el negocio o cualquier otra idea que tuvieran en conjunto en cuanto a la utilización de dichas ganancias: aumentos de sueldo, continuar con más encomendados cada cierto tiempo para propagar el sistema más rápido, abrir otro negocio con las mismas reglas, compartiendo todos solo un pedazo de las ganancias de aquel, como si entre todos fueran el director general de ese, siempre bajo la primicia de no aprovecharse económicamente del trabajo de los empleados. Si ese sistema comunitario les funcionó, ellos como empresa no pueden comportarse hacia fuera como inversionistas capitalistas.

E. El encomendado decidirá, siguiendo el consejo y la aprobación del grupo, qué negocio abrir y en dónde, apegándose a los mismos pasos a sabiendas que tanto las funciones de los empleados pueden ser distintas si el negocio es distinto y que el número de empleados-socios con toda probabilidad será distinto, dependiendo el tamaño y las características del negocio. Sus primeras ganancias más intereses pagarán el préstamo inicial como el primer negocio lo hizo antes y se repartirán entre los empleados-socios originales, él incluido. La segunda etapa de ganancias será para un siguiente encomendado, bajo los mismos estatutos de propagación del sistema, y así sucesivamente. Antes del pago del préstamo inicial, el encomendado le reportará sus operaciones al grupo original mensualmente y de manera meticulosa, y si el grupo quiere ver sus movimientos en cualquier momento, él está forzado a darlas a conocer para evitar un fraude por parte del encomendado o el grupo en su conjunto. Las ganancias cedidas al tercer encomendado serán comentadas de igual manera entre los empleados-socios de ese segundo grupo.

F. Dos consideraciones al respecto de la figura de director general o generador del proyecto:

1. Al ser muy probable que los encomendados que se convertirán en directores generales de un negocio no tendrán mucha idea de la administración de un local, será necesaria la figura de administrador en aquellos negocios sucesivos. Ganará el mismo sueldo que el resto del personal operativo y será también un socio más.

2. El gran beneficio que tiene el puesto de director general o generador del proyecto es su libertad de agenda, es decir, una vez que el negocio funciona puede estar o no estar presente si así lo ve conveniente. Dispondrá de tiempo extra al no tener tareas operativas específicas como el resto de los empleados-socios, cuyos horarios de trabajo serán forzosamente fijos y de vital importancia para el negocio. De esta forma el director general tendrá plena libertad en el uso del tiempo libre del que dispondrá si el negocio marcha bien, esto como incentivo para que todos quieran iniciar este tipo de proyectos y el sistema se propague.

G. Fuera de las reglas generales anteriormente expuestas, el reglamento interno de comportamiento y operación será decidido y aceptado por todos los miembros de la sociedad-cooperativa, no por mayoría, sino por todos y cada uno de ellos. Si uno no estuviera de acuerdo puede renunciar en cualquier momento. El único obligado a obedecer las reglas internas sin haberlas creado en conjunto será quien llene el hueco del encomendado (pequeño precio qué pagar por entrar como socio a un negocio que ya deja ganancias sin haber formado parte del grupo inicial).

H. Las distintas cooperativas se ayudarán entre ellas. Los miembros de cada una de ellas serán clientes naturales de las otras, haciendo tratos comerciales o cualquier tipo de ayuda para resistir el embate de las empresas gigantes del libre mercado. Irían formando poco a poco una amalgama fortificada como si fueran un equipo. Consumir productos de otras cooperativas y no de cadenas transnacionales: crecer juntas.

Si te interesa, por favor difunde este documento. Una simple idea podría cambiar a profundidad una comunidad específica y de ahí a la sociedad en su conjunto.

Blog del autor

El antropólogo y anarquista David Graeber es una de las figuras detrás del movimiento Occupy Wall Street, proveyendo organización e ideología.

Lo que hace más atractivo un movimiento como Ocuppy Wall Street es que aparentemente no tiene una estratuctura jerárquica y remite a una red o a un rizoma de organización horizontal descentralizada. Sin embargo, existen por naturaleza figuras influyentes que son clave en la gestación y consolidación de una protesta que toma escala mundial por su resonancia con lo que le ocurre a millones de personas en la vida diaria.  Una de ellas es David Greaber, anarquista, antropólogo y experto investigador en la conformación del sistema económico actual basado en la deuda. 

Graeber gusta decir que tiene tres objetivos este año: promover su nuevo libro, aprender a conducir y lanzar una revolución global. Hasta ahora, de las tres, la que menos parece ir en marcha es la segunda, ya que Graeber aún no consigue tomar lecciones de manejo para dominar la máquina fordiana. 

A sus 50 años de edad, Graeber, un estadounidense que enseña en la Universidad de Goldsmith, ha participado en muchas de las protestas del movimiento de izquierda mundial como la de Quebec, Génova, Philadelphia y Nueva York, y junto al editor de Adbusters fue uno de los organizadores de Occupy Wall Street en sus inicios. Graeber participó organizando clases de resistencia no violenta, entrenamiento médico y legal y llevando al movimiento al Parque Zucotti (que es privado, por lo que la policía no puede desalojar de ahí a los manifestantes).

Graeber es parte de una familia de anarquistas y desde los 11 años se interesó en el estudio de los jeroglíficos mayas, lo cual lo llevó a obtener una beca e iniciar una carrera académica que se ha visto truncada por su preferencia por la anarquía.

En su libro Debt: The First 5,000 Years, Graeber expone una historia alternativa al surgimiento del dinero y los mercados, explorando la actitud ambivalente que existe ante la deuda, como obligación o pecado, motor del crecimiento económico y herramienta de opresión: por un lado se cree  que pagar las deudas es un asunto de moralidad y por otro se percibe como malignos a aquellos que viven de prestar dinero.

Graeber señala que a lo largo de la historia, la deuda ha servido como una forma para que los Estados controlen a sus súbditos y extraigan recursos de ellos (usualmente para financiar guerras). Y cuando las personas llegan a tener demasiada deuda, se desata algún tipo de revuelta.

El dinero no fue creado por comerciantes para facilitar el comercio, fue creado por los Estados para hacer más eficiente su recaudación de impuestos y para medir la propiedad. En el proceso se introdujo el concepto de precio y de un mercado impersonal que devoró las redes orgánicas de soporte mutuo que existían.

Graeber argumenta que el dinero convierte obligaciones y responsabilidades, elementos sociales, en deuda, algo que es puramente financiero. El sentido que tenemos de que es importante pagar la deuda corrompe el impluso de cuidar el uno del otro. La deuda se vuelve sagrada, cuando las relaciones humanas son en realidad más importantes.

Pero si entendemos los orígenes de la deuda, entonces, nos volvemos más flexibles a negociar las deudas cuando las condiciones cambian, ya sean estas hipotecas, tarjetas de crédito, deudas estudiantiles o de naciones enteras. 

"La sobrenía pertenece a fin de cuentas al pueblo. Tú le diste a los bancos el derecho de crear el dinero que te es prestado. Colectivamente hicimos esto, y lo podríamos hacer de otra forma".

Perdonar una deuda, en un especie de jubileo mundial sería notable "no sólo porque aliviaría mucho sufrimiento humano, sino porque será una forma de recordarnos que el dinero no es inefable, que pagar nuestras deudas no es la esencia de la moralidad, que todas estas cosas son arreglos humanos y si la democracia significa algo, eso es la habilidad de acordar para arreglar las cosas de una forma diferente", dice Graeber.

[Business Week]