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1,500 arquitectos e ingenieros evidencian que el WTC 7 colapsó por una demolición controlada el 11-S

Por: pijamasurf - 09/12/2011

Más de 1,500 arquitectos e ingenieros estadounidenses han montado un contundente caso que parece probar que el WTC 7 fue derribado por una demolición controlada el 11 de septiembre del 2001, lo cual contradice la versión oficial.

Muchas personas no saben que el 11 de septiembre del 2001, además de las dos Torres Gemelas del World Trade Center, también cayó un tercer edificio parte de este complejo, el WTC 7, horas después supuestamente debido al impacto de residuos de los otros edificios que habrían ocasionado un incendio, que de manera increíble hizo que se colapsara. Esta es la versión oficial.

Más de 1,500 arquitectos e ingenieros y arquitectos certificados, así como numerosas familias de la víctimas, se han unido por la verdad de los acontecimientos del 11 de septiembre, montando un sólido caso que corrobora la hipótesis de que este edificio se desplomó por una demolición controlada. Numerosos expertos han analizado la forma en la que sucumbió este edificio, argumentando de una manera contundente que el WTC 7 tuvo que haber sido demolido de manera controlada, lo que significa que esto fue planeado con anticipación.

Pese a que la evidencia de la Zona Cero fue destruida con premura, se han encontrado ahí restos de nanotermita, un poderoso explosivo, y de acero derretido, algo que solamente ocurre con una explosión y no con un mero incendio.

Las imágenes de la cobertura de ese día reiteradamente recuperan testimonios de periodistas y testigos que expresan la sensación de escuchar y ver una explosión, una demolición controlada.

El edificio WTC 7 albergaba solamente oficinas de agencias gubernamentales (entre ellas la CIA) e instituciones financieras. El dueño del edificio, Larry Silverstein, recibió 7 mil millones de dólares en compensaciones de seguros, una cifra suficientemente jugosa para mantenerlo contento por haber volado su edificio.

¿Cómo afecta el lenguaje nuestra percepción de los colores? (VIDEO)

Ciencia

Por: pijamasurf - 09/12/2011

Aunque pocos nos detenemos a considerar la importancia de los colores, así como sus implicaciones neuronales y filosóficas, el siguiente video expone lo distinto que podría ser nuestro mundo si utilizáramos menos palabras para nombrarlos o si no supiéramos distinguirlos claramente.

Para casi todos nosotros los colores no son, en lo absoluto, un problema serio. A excepción de quienes padecen algún problema visual como el daltonismo, la mayoría pasamos nuestra existencia sin preguntarnos nunca por la naturaleza cromática del mundo que nos rodea y el cual, solo por un azarosa fortuna, conocemos bañado en innumerables y casi irrepetibles matices posibles gracias a la improbable conjunción de la luz, las partículas subatómicas con las que esta entra en contacto y nuestra retina. Solo por comodidad hablamos del rojo, del amarillo, del azul, del blanco y el negro y las múltiples combinaciones entre cada uno, pero, ¿qué significa todo esto? «¿Qué es, pues, algo rojo?», se preguntó el filósofo de origen austriaco Ludwig Wittgenstein.

Como incentivo a esta curiosidad o cuestionamiento presentamos en esta ocasión el siguiente video producido por la BBC que retoma varias de las interrogantes o ambigüedades en torno al “vocabulario de los colores” [Farbwörter] que tanto atormentaron a Wittgenstein.

Partiendo de los procesos cerebrales que implica, primero, la percepción de los colores —desarrollada durante los primeros tres meses de vida— y después el aprendizaje de las palabras que denominan dicho universo, este breve reportaje plantea la posibilidad de que saber distinguir los colores, darles un orden y designarlos con su nombre correcto, aunado al hecho de aprender el lenguaje, cambia la manera en que nuestro cerebro percibe y categoriza al mundo, sugiriendo además la inseparable relación entre el aprendizaje de los colores y el del lenguaje en sí.

Para ejemplificar este enigmático fenómeno que sucede casi exclusivamente a nivel neuronal, la BBC recurrió a la tribu Himba que habita al norte de Namibia, en la zona sur de África. Entre las muchas singularidades de los Himba destaca la percepción totalmente distinta que tienen de los colores con respecto a como los consideramos en las culturas occidentales-europeas. En inglés, por ejemplo, se dice que se tienen once palabras para los colores principales (red, green, blue, yellow, black, white, grey, pink, orange, purple y brown), en español la cifra debe ser similar, pero los Himba solo poseen cuatro términos: zoozu, vapa, borou y dumbu, con los cuales nombran toda la escala cromática de su mundo, a veces combinando en una misma palabra significados que para nosotros serían diferentes cuando no opuestos. Con “dumbu”, por ejemplo, designan las tonalidades verdes pero también los rojos y marrones, y la mezcla es más o menos similar con sus otros tres términos.

Sin duda esta aparente parquedad en su vocabulario de los colores provoca cierto desencuentro al momento de equiparar perspectivas: para ellos el agua es blanca como la leche y el cielo es negro. Pero todavía más importantes son las consecuencias que, como se planteó al inicio, el lenguaje y el aprendizaje de los colores tienen en el desarrollo del cerebro.

Con dos experimentos claramente expuestos en el video, se mostró cómo los Himba son capaces de distinguir con suma facilidad matices francamente cercanos de un mismo color pero, por el contrario, requieren un esfuerzo mayúsculo al momento de distinguir entre el verde y el azul porque en su lenguaje estos colores no están tan netamente diferenciados como en el nuestro.

Esta es apenas una pequeña muestra de cuán importante es el problema de los colores. Más allá de, como nos propone el video, pensar en la multiplicidad que de visiones de mundo existen y cómo este puede ser radicalmente distinto dependiendo de la cultura en cuestión, quizá sería mejor recordar que podemos ser extraños o extranjeros incluso en nuestro propio lenguaje y civilización si en un momento de ocio o de curiosidad nos atrevemos a pensar por qué pensamos como pensamos y por qué no pensamos de otra manera.

«¿Es la concordancia entre los hombres lo que decide qué es rojo? ¿Se decide este apelando a la mayoría? ¿Se nos enseño a determinar así el color?» (Wittgenstein, Zettel, 431).

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