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La misteriosa web 8-3-11 (la creación de un mito viral)

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/27/2011

Una misteriosa página viral en la que se daba a conocer la enigmática imagen de una niña ha sido explicada por su autor como un experimento social.

Desde hace unas semanas empezó a circular el meme de una misteriosa página de internet con el nombre de 8-3-11 (el 3 de agosto del 2011 en la datación inglesa) que no explicaba el significado de este número ni de la inquietante foto en blanco y negro de una niña identificada como Belle, cuya imagen se exhortaba a difundir. Aparentemente la niña estaba enferma pero no se pedía ayuda económica ni tampoco se pedía buscarla, como la distribución de afiches en las calles podría sugerir.

Cientos de personas empezaron a pegar esta imagen en calles de todo el mundo, sin tener la más vaga idea de cuál era el propósito de su difusión, acaso participando como autómatas fascinados por ser parte de un enigma.

Se empezó a especular que se trataba de una campaña viral en la que el marketing usaba la fuerza de la gente para activar una nueva película o producto —incluso se habló de Los Pitufos, cuya versión en 3D se estrenará en esa fecha.

Asimismo, dado que al nivel del marketing solo se encuentran la religión y el fanatismo, poco después se aseguró  que  el 8-3-11 aludía a una especie de profecía apocalítpica o mensaje religioso, citando el pasaje de la Biblia Juan 8, 3-11, donde puede leerse la conocida frase «El que esté libre de pecado que tire la primera piedra».

Otros creyeron que se trataba de una comunicación paranormal en la que la niña era un espectro interdimensional atrapado entre mundos.

No había duda que la campaña había funcionado con bastante éxito cuando su autor confesó de qué se trataba. Más interesante que las teorías anticipadas, al parecer todo fue un ejercicio epistemológico social, un experimento sobre cómo se viraliza la información en nuestra época siempre que exista un vacío atrayente. El autor señala que el hombre es un ser que, en las condiciones adecuadas, puede creer en lo que sea —y su experimento lo demuestra de manera brillante, como una conceptual novela de misterio que explota la viralidad desde una trinchera lúdica.

«Comenzó como un simple proyecto de verano. Una manera de divertirse un poco. Hay que reconocer que se volvió mucho más grande de lo que jamás podría haber imaginado. Honestamente, no pensé que saldría de Houston. Algunos de mis amigos y yo solo publicaríamos el folleto por la ciudad y eso sería todo. En retrospectiva, probablemente lo habría dejado allí.

»Cuando elegí la fecha, 8- 3 -11, fue totalmente al azar. Y entonces lo busqué en línea para ver si estaba relacionado ya con algo grande. Vi el versículo de la Biblia pero al principio no creía mucho en él. Luego, cuando empezó el verano, pensé que tal vez en 8-3-11 en realidad debería haber algún propósito, por lo que hice el crudo boceto de una escultura interactiva que era una especie de modelo de una lapidación. Esas fueron realmente las únicas dos cosas que nunca fueron intencionalmente relacionadas entre sí. Comenzó a ser una especie de cosa rara, conciencia de la lapidación, si se le puede llamar así.

»La idea en realidad nunca se desarrolló porque estaba ocupado con otras cosas.  Así que todo empezó a volar en línea y la gente pensaba que era un juego de realidad alternativa (ARG). Yo no sabía lo que era un ARG antes de todo esto y todavía no lo tengo claro. En cualquier caso, la gente estaba interesada en él y esto era interesante para mí, así que le di "pistas". Pongo esto entre comillas porque no tenía idea de a dónde iba con todo el asunto. Yo no soy mucho un contador de historias. En realidad iba a cerrar esta hace unas semanas (probablemente debería haber seguido mi instinto), pero fue muy interesante la lectura de las ideas, la gente venía con un montón, y muchos parecían estar realmente divirtiéndose. No parecía importarle que era posiblemente nada, así que seguí adelante.

»Eventualmente todo el asunto empezó a desmoronarse, porque nada tenía un sentido mayor (probablemente debido a que casi todas las "pistas" son bits al azar de la información). Mucha gente parecía pensar que yo estaba tratando de crear un juego para ellos, pero nunca pensé realmente que era un juego, por eso pienso que se trataba de un juego realmente terrible. Para la gente que piensa: 8-3-11 se supone que traiga un poco de tierra rompiendo noticias, lo siento. Quiero decir, es una niña y una fecha con algunos ruidos espeluznantes, ¿qué importancia puede tener realmente? Y tiene una cuenta Formspring... sí.

»En cuanto a que sea una campaña viral, fue muy bien hasta estrellar todo y quemando parte al final. Todo lo que hice fue poner 10 volantes en mi ciudad y dos días después el sitio tenía 1000 visitas... una bola de nieve a partir de ahí.

»Definitivamente fue interesante ver cómo algunas personas pueden llegar a concentrarse tanto en algo de lo que no sabían prácticamente nada. Que incluso inspiró una spin-off en algunos. Nunca estuve en esto para dañar a nadie. Yo nunca he dicho que algo realmente pasaría el 8-3-11. Lo siento si molesté. Esto nunca tuvo la intención de ser una broma o algo por el estilo.

»Ninguna de las chicas que encontraron tenía nada que ver con el proyecto y no debe molestarlas. Éramos solo yo y un amigo que trabajamos en esto juntos.

»Al final creo que lo que realmente querían era un misterio que resolver y lo hicieron. Para ser honesto creo que eso es muy bueno. Sé que es muy cursi decirlo, pero es muy salvaje para ver qué se puede hacer cuando trabajan juntos como lo hicieron en este sentido. Por lo tanto, buen trabajo. Supongo que en realidad tenía un poco de diversión exponerme.

»Por cierto, me di cuenta de que alguien puso una tienda CafePress con 8-3 -11 como marca de sus mercancías. Ese no era yo. Como he dicho antes, nunca estuve en esto por algún tipo de beneficio».

D. B. Cooper: El misterioso secuestrador de aviones que manchó la historia del FBI

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/27/2011

En 1971 un hombre secuestró un avión, recibió $200,000 por sus rehenes y huyó saltando en pleno vuelo, sin que nunca más se supiera nada de él. ¿Por qué el FBI revive ahora el “enigma Cooper” que en cuarenta años nunca pudo resolver?

Sabemos bien que, entre otras consecuencias, el 11-S hizo de la seguridad en los vuelos un asunto prioritario y de medidas que en su exageración parece alcanzar el ridículo. Sin embargo, el secuestro de aeronaves no era, ni siquiera entonces, algo totalmente desconocido, ni en la ficción ni en la realidad. Como ejemplo ficticio recordemos una película menor, totalmente hollywoodense, estelarizada por Harrison Ford, Air Force One (Wolfgang Petersen, 1997). Como ejemplo real —y del cual trata esta nota— el misterioso caso de D.B. Cooper.

El 24 de noviembre de 1971 un hombre en apariencia tranquilo, cuarentón, de traje y corbata como cualquier oficinista o ejecutivo de medio pelo, se acercó al mostrador de la aerolínea Northwest Orient en Portland, Oregon, para comprar un pasaje hacia Seattle que pagó en efectivo y para el cual dio el nombre de “Dan Cooper”. A poco de despegar pidió un trago, bourbon y agua mineral, y se dispuso a disfrutar del vuelo. Sin embargo, no tardó mucho en entregar a una de las sobrecargos una nota en la que aseguraba llevar consigo una bomba escondida en su portafolios, al tiempo que le pedía se sentara al lado suyo. La mujer, que realmente no tenía otra opción, obedeció al pasajero y confirmó su amenaza: ahí junto, en una valija de segunda, el hombre le descubrió un amasijo de cables que, todos supusieron, formaban parte de un circuito explosivo. Con otra nota, escrita por la aeromoza a petición de Cooper y dirigida al capitán del avión, el secuestrador exigía $200,000 dólares en billetes de $20 y cuatro paracaídas a cambio de la vida de sus compañeros de viaje.

Una vez llegados al aeropuerto de Seattle, las autoridades accedieron a las demandas del que ahora llamarían “terrorista” y le entregaron el dinero y los paracaídas a cambio de los 36 pasajeros a bordo del Boeing 727, mismo que volvió a alzarse con rumbo a la Ciudad de México. Pero antes de arribar a su destino, en pleno vuelo y, según se piensa, sin saber exactamente dónde se encontraba, Cooper saltó de la aeronave y nunca más se supo nada de él.

Cooper murió para el gran público y solo sobrevivieron los rumores y los enigmas de su aventura. Se dijo que actuó solo, porque acordar con un cómplice el momento y lugar del salto sería prácticamente imposible. También se presumió que tenía una amplia experiencia, que quizá sería un renegado paracaidista de sólida formación, pero esta hipótesis también quedó desechada: “Ningún paracaidista experimentado habría saltado en una noche tan oscura, en medio de la lluvia y con un viento de 300 km/h pegándole en la cara, de mocasines e impermeable; simplemente sería demasiado arriesgado”, dijo en 2007 Larry Carr, agente especial del FBI, la instancia encargada de fracasar en la investigación del crimen, ya que nunca pudo descubrir la verdadera identidad de Cooper ni saber de su paradero o el del dinero. Quizá para salir del paso y no admitir que habían sido burlados por un personaje ciertamente hábil, el FBI dijo que muy probablemente Cooper no había sobrevivido al salto.

En medio de tantas conjeturas y falsas pistas que ciudadanos bien intencionados enviaron a la agencia, el único rastro seguro para ir en busca del hombre fue un fajo de billetes que un niño de ocho años, Brian Ingram, encontró en la ribera del Columbia, cerca de Vancouver, Washington, zona donde vacacionaban el niño y su familia. Tres paquetes notoriamente deteriorados en los que, a pesar de todo, los billetes todavía estaban unidos por ligas de plástico; análisis posteriores revelaron que su número de serie coincidía con algunos de los que le habían sido entregados a Cooper. Dos paquetes de 100 billetes y uno de 90 para hacer un total de $5,800 dólares (recordemos que Cooper había pedido solo billetes de $20). Sin embargo, todo esto sucedió en 1980, tres años después del incidente, y lo único que provocó fue la multiplicación de las sospechas y las deducciones sin conclusiones reales. Una de las más extravagantes, sugerida entonces por el editor de un periódico local, proponía que en algún momento de la travesía posterior al salto Cooper, a solas en una región inhóspita y acaso desconocida, cayó en cuenta de que nunca podría gasta el dinero (sobre todo por los controles puestos por las autoridades, entre ellos el registro de los números de serie), razón por la cual habría decidido incinerar una parte y arrojar al río otra y, totalmente desesperado o fuera de sí, prenderse fuego él mismo. Aunque posible, esta cadena de circunstancias parece salido de la imaginativa y desmesurada mente del periodista, aunque sería sorprendente que su intuición al final se revelara certera.

Sea como fuere, aunque el caso siempre ha sido una piedra en el ancho y pesado zapato del FBI, ahora vuelve al panorama público porque casi cuarenta años después Ayn Sandalo Dietrich, vocera del Buró, asegura que sus agentes andan tras los pasos de un nuevo sospechoso, acaso uno que sí sea el verdadero Cooper. “La pista es alguien cuya posible relación con el secuestrador sea fuerte”, dijo Dietrich. Al parecer este “alguien” entregó al FBI un objeto que podría tener impresas las huellas digitales de Cooper: “Sería una pista significativa y la más prometedora que tenemos hasta la fecha”, concluyó la vocera.

Pero, quién sabe, quizá todo esto no sea más que una historia de las agencias norteamericanas para distraer al gran público con un enigma de tintes detectivescos.

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