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Excelente animación de la alegoría de la Cueva de Platón narrada por Orson Welles

Arte

Por: pijamasurf - 07/21/2011

Animación narrada por Orson Welles ilustra la famosa alegoría de Platón sobre un mundo ilusorio del cual es necesario liberarse para percibir la luz narrada.

Mucho se ha dicho sobre la Alegoría de la Cueva de Platón, especialmente en los últimos años con el nacimiento del concepto memético de la Matrix y las simulaciones computacionales, renovando la vigencia de la sempiterna metáfora de Platón, el gran iniciado.

Un mundo —el que experimentamos cotidianamente— en el que, debido al condicionamiento, solo percibimos la sombra de una realidad más luminosa, en el que lo que vemos son meras proyecciones y  ecos de una realidad superior, del mundo de las ideas que solo es accesible para la mente liberada que puede percibir los arquetipos, más allá de la ilusión material: los cuerpos de luz, la energía y el código... esta metáfora y la enseñanza que contiene es, con sus variaciones, la tarea central de la experiencia humana.

"Es la tarea del iluminado no solo ascender al conocimiento y ver el bien sino tener la voluntad de descender de nuevo  con los prisioneros y compartir sus honores y sus miedos... y eso deben de hacer aun con el prospecto de la muerte", dice la poderosa voz de Orson Welles, haciendo referencia al destino del verdadero filósofo que como un bodhisattva se libera a sí mismo pero también regresa al mundo de las cuitas para liberar a los demás.

 

Televisores cubanos, ¿emblema de penuria o de liberación material? (FOTO)

Arte

Por: pijamasurf - 07/21/2011

La lente de Simone Lueck nos ofrece una serie de fotografías con un extravagante protagonista: viejos televisores varados en la isla de Cuba; desechos tecnológicos todavía en uso que nos invitan a reflexionar sobre el excesivo valor que damos a la novedad y el “update” en la vida contemporánea.

La “condición insular” —fórmula que parecería apropiada también para nombrar algún raro trastorno de la mente o la personalidad— alude al particular desarrollo que una isla experimenta a lo largo de su historia, especialmente si, como en Japón e Inglaterra, esta sirve de territorio a una población de número considerable que poco a poco ha ido edificando ahí su país natal (aunque también, en el caso de la evolución natural, la flora y fauna de una isla son sumamente peculiares, como en Madagascar o Tasmania). Al estar separadas de tierra firme, rodeadas únicamente de aguas no siempre tranquilas y navegables y relativamente alejadas del continente, en loca carrera entre la población y los recursos disponibles, las islas adquieren un estatus especial, obligando a sus habitantes a imaginar formas de adaptación novedosas o, en el peor de los escenarios, llevándolos a la conquista y colonización de territorios aledaños, como pasó con los imperios inglés y japonés en el siglo XIX.

Sin embargo, en Cuba, aunque también una isla, la situación actual y desde las últimas décadas del siglo pasado es diametralmente opuesta a la de dichas naciones de supuesto súper desarrollo. La vanguardia tecnológica de Japón o el altísimo costo de la vida en Inglaterra contrastan brutalmente con la estrechez en la que vive la población cubana. Si bien sus índices de alfabetización y salud se ubican entre los mejores del planeta, los cubanos han tenido que sobrellevar la marginación en muchos de los aspectos que en otros países de Occidente consideraríamos habituales —o que incluso pensamos imprescindibles, aunque no lo sean tanto.

Quizá uno de los mejores símbolos de esta banalización de lo necesario o la ornamentación de lo superfluo sea un aparato que, a estas alturas, nos sorprendería encontrar en su forma primitiva de 20 o 30 años de antigüedad, ahora que todos son plasma y pantallas planas y LCD: el televisor.

Como resultado del bloqueo mercantil que Estados Unidos mantiene alrededor de la isla desde 1963, el rezago cubano en televisores es notorio. Los modelos que sirven en los hogares cubanos como instrumentos de información, pero también de entretenimiento, son, en cierta forma, desechos de otra época y también de otras latitudes, provenientes sobre todo de Estados Unidos y Rusia (o la extinta URSS). Con solo dos estaciones controladas, como el resto de los media, por el gobierno, los cubanos sintonizan en esos anquilosados aparatos noticias, transmisiones deportivas (léase béisbol), programas educativos, telenovelas y películas de Hollywood.

Los curiosos retratos que presentamos a continuación se los debemos a la lente del fotógrafo Simone Lueck, cuya mirada supo resaltar al televisor como protagonista de la serie y emblema de la precariedad, insertándolo al mismo tiempo en el contexto de penuria material en el que se desarrolla la vida cotidiana en Cuba.

Sin embargo, más allá de inclinarnos por una postura o por otra, de emprender una encendida defensa del sistema cubano o de unirnos a sus detractores, las imágenes nos invitan a reflexionar al menos sobre un aspecto: la tiranía de la novedad y la perpetua actualización a la que nos somete este modo de vida en el que consumimos, tanto como podemos (que nunca será tanto como quisiéramos), todos esos gadgets que creemos indispensables para completar nuestra existencia, sin ver que, después de todo, podrían no ser tan importantes.

 

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