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Día Fuera del Tiempo y año nuevo maya 2011 (mago rítmico blanco)

Por: pijamasurf - 07/25/2011

Este año el día fuera del tiempo será caminante del cielo rojo entonado y el año nuevo, el 26 de julio, será mago rítmico blanco; ¿De dónde surge esta versión del calendario maya?

Miles de personas en el mundo se sincronizarán hoy para celebrar el día fuera del tiempo y el año nuevo maya. Este año, según la versión (reinterpretada y canalizada) del recientememente fallecido José Argüelles de un calendario maya de 13 lunas, el día fuera del tiempo, ese limbo metafísico, será caminante del cielo rojo entonado y el año nuevo será mago rítmico blanco.

Según el sitio de la red planetaria del movimiento del Encantamiento del Sueño (Dreamspell), el caminante del cielo es el signo de la exploración y el sello entonado del esplendor, guiado por el poder del nacimiento.

El nuevo año, del mago, estará guiado entonces, según el código de Argüelles, por el poder de la atemporalidad con las características psíquicas del mago y de la unificación a través del encantamiento, sellando la salida hacia una nueva era. En el calendario maya tradicional el mago es el signo de Ix, el jaguar (aunque las fechas no coinciden). Actualmente estamos en la luna magnética del murciélago.

Existe cierta confusión sobre la fecha del año nuevo maya y por qué esta se celebra el 26 de julio cada año por una comunidad incipiente (el 25 de julio es el día fuera del tiempo). Por una parte esta fecha coincide, aunque no exactamente, con la conjunción del ascenso de la estrella más brillante del firmamento, Sirio, con el Sol. Estos son los llamados dog days, días caniculares, fecha que era celebrada también por los egipcios relacionada a las inundaciones del río Nilo y que marca un nuevo ciclo. Los mayas llevaban dos calendarios principales, el Tzolkin, el calendario 13:20, el calendario ritual y el más importante, y el Haab, de 18 meses de 20 días con 5 días al final del último mes o uayebs. Al parecer de estos cinco días se extrapola el concepto del día fuera del tiempo. El calendario de Argüelles se basa en la idea de que los mayas llevaban un calendario lunar (Tun Uc) de 13 meses de 28 días: 364, lo que otorga un día extra para completar el ciclo solar, que es entendido como un día de meditación ante el nuevo año; también una especie de día agujero negro o portal dimensional.

El calendario de las trece lunas —o dreamspell— de Argüelles ha servido como una versión pop, con nombres muy atractivos, del tzolkin maya, el calendario de la frecuencia 13:20, otorgando a cada quien un kin o signo solar con una firma galáctica (como caminante del cielo, espejo cósmico, mago galáctico, nombres que apelan al vuelo de la imaginación). Sin embrago, algunos académicos mayas señalan que la versión de Argüelles no refleja el calendario maya tradicional, más bien podríamos decir que es una obra de arte. Como el mismo Argüelles, quien decía ser avatar de Pakal Votan, sostiene: el tiempo es arte. Argüelles podría tener la sensibilidad esotérica para acceder (y entender) a información velada para arqueólogos y etnólogos, penetrar en los misterios de los mayas galácticos, acaso con una resonancia mórfica activada en su linaje espiritual. O Argüelles podría haber simplemente creado un nuevo mito, un sofisticado juego de rol, que en ocasiones juega con las creencias y el fanatismo y raya en la desinformación, pero que también propone un nuevo e importante entendimiento de los ciclos del tiempo en armonía con el ser humano.

“Él y sus numerosos seguidores afirman sin sustento histórico que los mayas utilizaron un Calendario Lunar compuesto por 13 meses de 28 días; y cuando multiplican 13 x 28 les da como resultado 364 días de un calendario Lunar y como les falta un día para el ciclo Solar, decidieron llamarlo Día Fuera del Tiempo”, dice el mayista mexicano Claudio Obregón Marín.

En este contexto es importante realizar un breve repaso de los calendarios mayas, cultura que utilizaba al menos tres modelos calendáricos. Por un lado el Tzolkin, sistema utilizado con fines rituales y de adivinación y el cual estaba compuesto por 13 meses o uinales de 20 kines cada uno (días), resultando en un equivalente a 260 días del calendario gregoriano. También se encontraba la Cuenta Larga, que inició alrededor del año 3113 A.C. Y finalmente el calendario civil o Haab, que regía las ceremonias comunitarias, así como el trabajo de la tierra y los ciclos de cultivo. Este duraba 365 días, con 18 meses de 20 días, y cinco días “fuera del tiempo”, conocidos como Uayeb. El Uayeb era destinado por la comunidad para refugiarse y reflexionar sobre los acontecimientos sucedidos durante el año que recién terminaba, momentos ideales para limpiarse colectiva e individualmente, para los rituales introspectivos y para los intercambios amorosos.

Vale la pena hacer énfasis en dos aclaraciones puntuales. Por un lado el Dreamspell o Encantamiento del Sueño no es estrictamente en sí un calendario maya, como muchos de sus seguidores creen, sino que se trata de una especie de juego psicomágico que supuestamente representa una decodificación de la filosofía calendárica de los mayas, o al menos toma en cuenta ciertos antecedente matemáticos utilizados por esta cultura. Un juego que propone una guía de entendimiento frente a nosotros mismos, a nuestra relación con el prójimo y también frente a los acontecimientos “externos” que por momentos pueden resultar desconcertantes. En este sentido el Dreamspell es un mapa relativamente nuevo que fue creado alrededor de finales de los 80s, tal vez con el fin de ayudarnos a entablar una relación más armónica con el universo y algunos de sus protagonistas: el tiempo, el espacio y la conciencia. El día fuera del tiempo se celebra desde 1992.

La segunda aclaración consiste en una reflexión en torno al poder colectivo de la mente. Es decir, si una fecha es arbitrariamente designada como un día especial, y existen millones de personas considerándola como tal, es innegable que este día sera impreso con una “fuerza especial” resultante del valor agregado que teje una conciencia colectiva sincronizada en torno a un mismo pensamiento o creencia. De hecho, ¿cuántas de las fechas etiquetadas como históricas no son más que una marca arbitraria que a través de la convención masiva transmutan en ejes de una ideología popular, en designios para realizar rituales compartidos, o en estandartes que fomentan un sentido comunitario? ¿Existe alguna fecha importante per se, de acuerdo al sentido de un calendario como mapa cronológico, o más bien es la creencia sincronizada en este carácter “especial” lo que dota de fuerza a un día cualquiera?

José Argüelles falleció este año, antes de llegar a la mítica fecha de 2012 en el que veía la conclusión de un ciclo y la llegada de un cambio planetario que elevaría la conciencia de la humanidad a un nivel superior de comunión espiritual con la noósfera. Este controversial personaje era también músico y artista gráfico, sin duda una mente brillante que para algunos era parte de una especie de conspiración New Age y para otros (incluyendo él mismo) un profeta.

Tomando en cuenta la información que hemos compartido en esta nota, queda en el lector, en cada uno de nosotros, decidir si celebrar o no este 25 de julio como el “día fuera del tiempo” y el 26 como un año nuevo como una fecha con alto valor simbólico, también recordando que cualquier pretexto es bueno para dar una visita al espejo de la conciencia, dedicarle unos momentos de reflexión a nuestra vida, a sus ciclos, y por qué no, saludar a la estrella Sirio -- que simboliza el tercer ojo, "el Ojo que Todo lo Ve", "el sol secreto"-- desde nuestra mundana existencia.

[13 Lunas: festejos del Día Fuera del Tiempo y mitopoética]

 

Freud y Halsted: dos pioneros de la experimentación terapéutica con cocaína

Por: pijamasurf - 07/25/2011

Una publicación reciente examina las primeras experiencias que Sigmund Freud y William Halsted tuvieron con la cocaína y sus efectos terapéuticos. Freud logró desengancharse de su “curiosidad” científica, pero Halsted no.

Uno de los enigmas todavía irresolutos de la vida de Sigmund Freud es el llamado “episodio de la cocaína”: los años en que el eminente médico vienés vivió una relación más o menos cercana con la cocaína, para algunos una adicción en toda forma y para otros un hábito única y profundamente inspirado por su curiosidad científica.

Freud comenzó a experimentar con la cocaína entre 1883 y 1884, es decir, cuando contaba con 27 o 28 años, una edad bastante apropiada para hacer de su cuerpo el laboratorio vivo de sus pruebas. Según relata en su Presentación autobiográfica —con prisa, como si quisiera pasar pronto a otro tema—, en 1884 solicitó la sustancia a una casa farmacéutica local con miras a indagar sobre sus propiedades y efectos en contra del dolor físico y algunos padecimientos mentales. No sabemos si su interés fue genuino o circunstancial, pero sí que se mostró sospechosamente entusiasmado con los resultados de su experiencia: en ese mismo año escribió un célebre reporte, «Über Coca» [“Sobre la cocaína”], casi un panegírico en el que exaltó las bondades del alcaloide; tampoco dudó en prodigar entre sus pacientes no solo las alabanzas, sino las recetas correspondientes que les permitirían acudir a su droguería más cercana en busca de la supuesta cura de sus males. En fin, una respuesta curiosamente febril, acelerada incluso, con una notable urgencia por comunicar a todos su descubrimiento.

Sin embargo, en un libro publicado recientemente, An Anatomy of Addiction, su autor, Howard Markel, hace notar el poco rigor científico de dicho estudio, sobre todo por el hecho de que Freud, al escribir sobre la cocaína, dio mayor importancia a sus “sentimientos, sensaciones y experiencias” que a observaciones netamente científicas.

Con todo, Freud supo resolver esta aparente contradicción con un recurso que, a la postre, haría de él uno de los escritores más importantes del siglo XX (incluso sin tomar en cuenta sus discutibles aportes científicos): su extraordinaria capacidad para tender un puente entre ese cúmulo confuso de oleadas subjetivas y un pretendido marco de objetividad. «En esencia, “Über Coca” presenta un personaje literario que se convertiría en una característica estándar en la obra de Sigmund: él mismo. A partir de este punto, Freud a menudo utiliza sus propias (y más tarde las de sus pacientes) experiencias y pensamientos en sus escritos conforme trabaja para crear una teoría universal de la mente y la naturaleza humanas. Un método que en la época se probó científicamente audaz, imprudente incluso, pero, en términos de la creación del psicoanálisis, sorprendentemente productivo», considera Markel en su libro.

El autor estudia también a otro científico pionero en las investigaciones con la cocaína: William Halsted, un cirujano estadounidense que, como Freud, su contemporáneo, se acercó a la sustancia en busca de un analgésico eficaz. Curiosamente, Halsted comenzó a experimentar el mismo año que Freud, en 1884, cuando trabajaba en el Bellevue Hospital de Nueva York; ahí un pequeño grupo de jóvenes médicos intentaba encontrar el anestésico idóneo para seccionar las extremidades y otras áreas del cuerpo sin poner en riesgo el sistema nervioso. Pero, desafortunadamente, ninguno de los participantes de estas pruebas conocía cuán adictiva puede ser la cocaína y uno a uno terminó cubierto entre sus nieves.

Aunque el destino de Halsted fue un poco diferente. Continuó ejerciendo con bastante éxito su profesión como cirujano, aunque secretamente entraba y salía de clínicas de rehabilitación sin conseguir nunca sanar de su adicción a la cocaína. Pero, según parece, esta sustancia fue indispensable para que Halsted desarrollara nuevas técnicas de cirugía e incluso llegara a ser nombrado jefe de cirujanos en el recién inaugurado Johns Hopkins Hospital. De alguna manera la cocaína le ayudó a desarrollar un mejor control de sí mismo. Aunque no sin consecuencias, como dice Howard Markel:

«Siempre el mesurado cirujano trabajó mucho para calibrar su dosis para calmar su nerviosismo y su angustia sin que esta nublara sus sentidos ni interfiriera con su juicio; con todo, en no pocas ocasiones calculó mal y navegó hacia el olvido narcotizado, abandonando sus responsabilidades».

Un ejemplo extravagante y expresivo de ese “olvido narcotizado” podría ser un texto que, en 1885, Halsted redactó y envió para su dictamen al New York Medical Journal. Un discurso inconexo y sin sentido cuya publicación, a pesar de todo, se autorizó (¿para desacreditar al Dr. Halsted y exhibirlo en su adicción?).

Este es un fragmento de «Practical comments on the use and abuse of cocaine» [“Comentarios prácticos sobre el uso y el abuso de la cocaína”], de William Halsted:

«Neither indifferent as to which of how many possibilities may best explain, nor yet at a loss to comprehend, why surgeons have, and that so many, quite without discredit, could have exhibited scarcely any interest in what, as a local anesthetic, had been supposed, if not declared, by most so very sure to prove, especially to them, attractive, still I do not think that this circumstance, or some sense of obligation to rescue fragmentary reputation for surgeons rather than belief that an opportunity existed for assisting others to an appreciable extent, induced me, several months ago, to write on the subject in hand the greater part of a somewhat comprehensible paper, which poor health disinclined me to complete».

[“Ni indiferentes a lo que de cuantas posibilidades pueden explicar mejor, ni en una pérdida de comprender, ¿por qué los cirujanos, y que muchos, bastante, sin desacreditar, podría haber exhibido apenas interés en lo que, como un anestésico local, había sido supone que, si no se declara, por la mayoría tan seguro de demostrar, especialmente a ellos, atractivo, todavía no creo que esta circunstancia, o un cierto sentido de obligación de rescatar la reputación de fragmentos de los cirujanos más que la creencia de que existía la oportunidad de ayudar a los demás en una medida apreciable, me indujo, hace varios meses, a escribir sobre el tema que nos ocupa la mayor parte de un trabajo un tanto comprensible, que la mala salud inclinado que yo terminara”.]

El célebre Freud y el menos conocido William Halsted: sin duda dos mentes curiosas, activas, inquietas, misteriosamente coetáneas, gemelas en algunos aspectos, que consideraron la cocaína una esperanza de sanación o de escudo frente al dolor físico o mental, pero que, para pesar suyo y también de tantos otros, vieron suplantado el sueño por la pesadilla de la adicción no resuelta.

[Con información de Mindhacks y NYT]