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Una extraña alineación planetaria ocurrirá este próximo viernes 13

Por: pijamasurf - 05/12/2011

Este próximo viernes 13 Júpiter, Venus, Mercurio, y Marte, quedarán alineados; el temor se esparce entre los supersticiosos que consideran a estas fechas como señales de mal augurio.

En lo que ha sido calificado por los astrónomos como un evento bastante singular, el cual solo gesta cada 50 o 100 años este próximo viernes 13 se consumará la alineación entre cuatro planetas: Júpiter, Venus, Mercurio, y Marte. El sincrónico desfile planetario se registrará justo antes del amanecer y podrá ser observado desde ciertas regiones del hemisferio sur, principalmente desde el este de Australia, por lo cual los científicos de ese país ya se relamen preparando sus herramientas de observación. Debido a la carga negativa que la cultura pop ha asignado a los días "viernes 13's" el hecho de que precisamente en esta fecha ocurra un particular fenómeno astrológico ha favorecido la tensión entre ciertas personas alrededor del mundo, e incluso ha detonado las infaltables alusiones apocalípticas.

La última vez que los australianos pudieron gozar de un fenómeno similar fue en 1910, y según los cálculos astronómicos tendrán que pasar otros 42 años para que la tetralineación vuelva a ocurrir. "Cada par de años puedes percibir dos o tres planetas que se acercan, pero que esto suceda con cuatro planetas es particularmente raro" afirma Geoffrey Wyatt, quien labora en el Observatorio de Sydney. Durante la alineación, cuyo climax visible será aproximadamente a las 5:00 am del viernes 13 de mayo, Venus estará en medio y destacara por su brillo más intenso, a la izquierda se colocará Júpiter, mientras que a la derecha estará Mercurio.

El mes de mayo está marcado por una danza planetaria entre estos cuerpo celestes (incluyendo a Urano y Neptuno invisibles al ojo desnudo).  En el siguiente video se muestran las configuraciones geométricas planetarias a lo largo del mes:

[HeraldSun]

Para algunos una grotesca reinterpretación del cuerpo y para otros, en cambio, un elegante acercamiento a la transmutación de la forma; lo cierto es que es casi imposible practicar la indiferencia frente a la obra de Berlinde De Bruyckere.

Si el fin último del arte fuese la provocación, que en si no lo es pero a la vez esta ligado a su esencia más profunda, entonces la obra de Berlinde De Bruyckere podría considerarse impecable. Realmente resulta casi imposible practicar la indiferencia cuando se esta frente a una de sus piezas: las cuales, sin excepción, se encuentra exquisitamente deformadas (¿O reformadas?). pero más allá de gustos o de juicios de valor implícitamente subjetivos, lo que resulta casi innegable es que De Bruyckere propone un incitante acercamiento, una especie de reflexión proactiva, frente a la figura del cuerpo -por cierto uno de los detonantes arquetípicos más relevantes, o estorbosos, dependiendo de como se quiera ver, para la conciencia del ser.

Pero más allá de la seducción amorfa que generan sus figuras, esta artista belga utiliza otro recurso para reforzar su retórica experimental en torno a la proyección de un cuerpo: la eliminación del rostro. Y es que la ausencia de una identidad facial, en combinación con una interpretación del cuerpo como una entidad que representa la permanente lucha entre la forma y la abstracción, terminan por dotar el discurso de De Bruyckere con una naturaleza expresiva que se torna ineludible: una especie de paraíso imperfecto que te orilla a asumir el plano material, el mundo de lo físico, como algo palpablemente relativo.

Finalmente, existe un tercer elemento que reafirma la exploración cuasi-anatómica de De Bruyckere: la asexualidad. A lo largo del último siglo la sociedad (al menos entendida desde el estándar occidental) se ha caracterizado, entre otras cosas, por un abuso en su relación con el mundo de la materia, dinámica a la cual en un plano físico podría adjudicársele la figura del cuerpo como un estandarte. Y el eco conceptual de esta interacción es la identidad, la cual depende en buena medida de la diferenciación física, corporal, que nos distingue. Y tal vez por eso, al jugar con la expectativa que tenemos de un cuerpo, distorsionándolo, aunado a la eliminación de dos pilares alrededor de nuestro concepto de identidad, los órganos sexuales y el rostro, el resultado es una cruda invitación a observar nuestra inédita desnudez y, sobretodo, a replantear el diseño de nuestra autoconciencia.