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El despertar de circuitos neuronales dormidos en la noche de la historia: Mark Changizi argumenta que el siguiente paso evolutivo no se dará a través de la ingeniería genética, la cibernética o la selección natural, se dará a partir del reciclaje neuronal, como alguna vez ocurrió ya con la humanidad 1.0 que aprendió a hacer música, a escribir y a hablar o hacer aritmética

Enfrentando un latente horizonte de eventos, es natural preguntarnos ¿qué será lo que nos lleve al siguiente paso en la evolución humana? Las respuestas más comunes pueden dividirse en la evolución genética (como en X-Man o en el caso del New Age a través de una energía cósmica), la ingeniería genética (como en Gattaca) o  el mejoramiento a través de la cibernética (como el General Grievous en Star Wars o como los postulados del Transhumanismo).

Mark Changizi argumenta para la prestigiosa revista Seed Magazine que ninguna de estas teorías evolutivas están cerca de ocurrir. La primera, la selección natural, tarda miles de años y es imprácticamente lenta; la segunda, la ingeniería genética requiere construir un puente entre los genotipos y los fenotipos, algo que por el momento no se ve cerca; la tercera, aunque ya sucede en cierta medida a través del internet y de nuestros gadgets y smartphones, para actuar en proporciones más aceleradas necesita del desarrollo de la inteligencia artificial que pueda ser compatibe con el cuerpo humano, algo que, según Changizi, no esá tan cerca como a veces se piensa.

Lo que nos queda es más que una evolución biológica, es una evolución mental, posiblemente a través del mecanismo de reciclaje neuronal, en el que las capacidades innatas del cerebro son aprovechadas para realizar nuevas funciones. Algo similar a lo que Terence Mckenna llamaba “el renacimiento arcaico”, o la evolución epigenética, utilizando la cultura y la memética como puentes entre el hombre y el superhombre.

El reciclaje neuronal, según Stanisla Dehaene, es lo que permite al cerebro humano tolerar cierta variación en sus circuitos, una forma de neuroplasticidad evolutiva. También, se argumenta, nuestro cerebro tiene capacidades que han sido usadas a lo largo de la historia pero que actualmente han dejado de utilizarse, pero que siguen ahí y que pueden ser reactivadas.

Changzi plantea que la humanidad ya ha evolucionado de esta forma anteriormente: ya no somos el primer Homo Sapiens, somos el Hombre 2.0, precisamente debido a nuestra capacidad de desarrollar cosas como la escritura, el habla y la música, (las matemátcas) las cuales son, según Changizi, resultados del reciclaje neuronal. En el caso del paso del hombre 1.0 al hombre 2.0, estas cualidades surgieron a partir de nuestro comportamiento, de nuestra naciente cultura que hizo que la escritura fuera justamente apropiada para nuestro sistema visual, el habla para nuestro sistema auditivo y la la música para nuestros mecanismos auditivos y evocativos.

En estos casos el truco de esta evoluvión cultural fue realizar un mejoramiento a través de la imitación de la naturaleza, trazando una ruta que hizo que nuestros cerebros desarrollaran nuevas funciones.

En su libro “Harnessing”, Changizi plantea que el camino a la humanidad 2.0 ocurrirá a partir de esta maximización y reutilización de funciones cerebrales, en este caso posiblemente de manera dirigida.

Lo interesante de este planteamiento es que se basa en la imitación de la naturaleza para desarrollar nuevas capacidades o despertar viejas funciones cerebrales para aumentar nuestra capacidad cerebral y adaptarla a una nueva forma de percibir y dominar nuestra naturaleza. Y esta es la forma en la que hemos evolcuionado hasta ahora; nuestro cerebro puede tomar de lo que observa en la naturaleza y descubrir su propia genética dormida. Así es posible que facultades de percepción suprasensorial –como las de algunos animales que ven el sonido o que perciben campos magnéticos o que se comunican a distancia a través de químicos o de entrelazamiento cuántico- puedan ser aprendidas por el cerebro humano. El camino que se traza es quizás un camino de magia, en vez de tecnología -circular y no en línea recta-  de convertirnos en delfines y en colibríes y no en robots y supercomputadoras. En este sentido es interesante desarrollar y enseñar a ver con el tercer ojo o implementar sistemas de comunicación telepática. En resumen, utilizar todo el poder –alumbrar nuestra conexiones neuronales- que tiene el cerebro humano acumulado, holográficamente, sin poder jamás olvidar, desde la noche de la historia y encender lo que Meister Erckhart llamó el Funkelin.

[Seed Magazine]