Pijama Surf

Baudrillard: tema y variaciones (la fantasía de no estar dentro de un simulacro)

Jean Baudrillard dijo alguna vez que la función de Disneylandia es ocultar que toda la realidad es Disneylandia, en un mecanismo de fantasía contrastada, esta reflexión es la misma hasta cierto punto que la de la Matrix

Por: Juan Pablo Carrillo Hernández - 17/03/2011 a las 14:03:30

En un libro publicado originalmente en 1977 (el mismo que en su traducción al inglés aparece brevemente en The Matrix), Jean Baudrillard escribió una frase que ha gozado de cierta fortuna en la memoria de sus lectores y también en la de aquellos que nunca han tocado sus libros y lo conocen nada más de oídas, una reunión de palabras que en ciertos círculos y a través de ciertos personajes se ha desprendido tanto del autor como de la obra donde figura para pasar de boca en boca y repetirse con el fin de impresionar a un auditorio o para remachar un alegato sobre la elusiva realidad de la época inaugurada luego de la doble caída del Muro de Berlín y del bloque soviético y el consecuente triunfo de la ideología occidental-liberal-estadounidense tan cacareado por los ideólogos del statu quo. Dicha cita, rebosante de inteligencia, dice así: «Disneylandia existe para ocultar que es el país “real”, toda la América “real”, una Disneylandia».

La idea toma por sorpresa al lector, sobre todo por la genial y precisa sobriedad con que describe, de un solo trazo, la esencia de la vida americana de fin de siglo. Un profesor, repitiéndola a su modo, prefería recordarla bajo esta forma (sin omitir el crédito al autor): «Disneylandia está ahí para que la gente crea que cuando sale, sale a la realidad». Esta segunda versión, purificada por la memoria (según decía Borges), rompe un poco con el minimalismo del original en aras de una mayor claridad expositiva necesaria para el salón de clase.

Sin embargo, justo después de tal muestra de genio, Baudrillard agregó, entre paréntesis, la siguiente analogía: «al modo como las prisiones existen para ocultar que es todo lo social, en su banal omnipresencia, lo que es carcelario», que, aunque notable (resumió en un renglón el fenómeno al que Foucault dedicó un libro, Vigilar y castigar), resulta una torpeza discursiva y da al traste con los descubrimiento hasta entonces logrados, porque dicha comparación irrumpe súbitamente al interior del hilo argumental y lo confunde, lo enreda y, cual niño alebrestado a la mitad de un parque intentado inútilmente agarrar una paloma, provoca una desbandada de ideas, relacionadas o no con la trama de donde surgieron.

Hace unos días pensé en esta cita o, mejor dicho, en su apéndice, por dos escenas cotidianas, una trivial y una que podría caer en el rubro de lo importante. Las reconstruyo aquí, como un ejercicio de distracción o de seriedad, de corrección discursiva o de divertimento argumentativo.

1. Viernes, Ciudad de México, una o dos de la tarde. Como en cualquier metrópoli, la mayor parte de las actividades y relaciones utilitarias y provisionales que entablo con desconocidos tienen como fin la satisfacción de un servicio, para mí o para el desconocido. Un trámite burocrático, el cobro de un cheque, el traslado de un lugar a otro en transporte público. Pero es viernes y es la Ciudad de México y el reloj marca una hora incierta después del medio día. Todo es lento y parsimonioso y el calor de afuera, el intenso sol de febrero y marzo, solo acentúan el fastidio de la secretaria, la desidia del cajero, el ánimo contemplativo del chofer, quienes, como autómatas, dejan que sus cuerpos cumplan sus tareas involucrando al mínimo su mente, que piensa ya en la fiesta, el solaz, las cervezas de fin de semana, el fútbol, la comida familiar de los domingos, en la borrachera y los excesos, en refocilarse y dar gusto a sus apetitos.

Pienso entonces en Baudrillard y en una idea que tuve antes. Pienso, tangencialmente, en Contra la vida activa, el librito de Rafael Lemus. Pienso en que los viernes están ahí para engañar a la gente, para hacerle creer que trabajar, ocupar una tercera parte del día en labores estériles e insignificantes, es no solo necesario, sino deseable; para ocultar la miseria a la que voluntaria y gustosamente se somete el empleado de lunes a viernes, de 9 a 6; para difuminar el hecho de que los fines de semana pertenecen también a ese horario laboral, al empleador que firma nuestros cheques y asigna nuestros salarios.

2. Miro pasar un convoy militar. Tres o cuatro camiones llenos de soldados, jóvenes casi todos, ninguno mayor de treinta años. Recuerdo una nota más o menos reciente sobre el supuesto patrullaje que personal del Ejército mexicano realiza en las calles de la Ciudad. Recuerdo el escándalo de algunos, sus pataleos de púberes pseudoanarquistas, los reclamos y la exigencia de que los militares abandonen la capital de inmediato y sin rechistar.

Pienso, sobre todo al equiparar su juventud con la mía, en lo tonto que resulta vaciar en la milicia el odio y la frustración de una sociedad cuando lo verdaderamente vergonzante y punible debería ser la administración de un país que orilla a cientos de miles de jóvenes a enlistarse, a considerar el ejército como su única posibilidad legal de desarrollo.

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Comentarios

  1. Anónimo dice:

    Los “pensamientos geniales” de Baudrillard y Foucault únicamente fortalecen el paradigma imperante (Son en últimas, igualitos a Freud, Marcuse, Kissinger y un largo etcétera). En el trasfondo de la frase “Disneylandia está ahí para que la gente crea que cuando sale, sale a la realidad”, se encuentra el mismo “problemita” de toda la filosofía experimental: ¿Acaso el ser humano no es más que sensación? Disneylandia no importa mis amigos, como tampoco importa Newton y el paradigma científico imperante. Todos los problemas pasados, actuales y seguramente futuros, parten de una equivocada concepcion epistemológica, de un error de método que se remonta a las falacias dictadas por Arístoteles, todas contrarias a una mejor visión del hombre: la de Platón, que consideraba que todo ser humano tiene potencial ilimitado para desarrollar sus facultades. En resumen: El género humano es la influencia más poderosa para las formas deliberadas de cambio progresista a estados superiores. Mientras no comprendamos esto… Se hará difícil, pero nunca será imposible.

  2. Juan Pablo CH dice:

    Yo tampoco creo que sea digno, güero margarito, todo lo contrario. Legal sí es, aunque nos pese. En cuanto a lo del camino alternativo de la marginalidad, del outsider, del clochard, del vago o el pícaro tan caros en el imaginario hispánico (desde el Lazarillo hasta Cantinflas, pasando, como bien señalas, por el Periquillo sarniento), supongo que también es una opción de vida, una riesgosa y radical, sin duda, una sobre la cual recuerdo algo que W. S. Maugham dice en “Al filo de la navaja”, citando directamente el Evangelio: que son muchos los llamados pero pocos los escogidos (aquí la cita completa, por si te interesa http://tumblr.com/xul1t1mml8). Sobre tu última conjetura no creo que pueda agregar nada, lamentablemente puede que estés en lo cierto. Saludos, y gracias por tomarte el tiempo para dejar tu comentario.

  3. güero margarito dice:

    ser soldado o policía federal o del cdg o mañoso no creo que se nada digno ni legal. sí, los soldados matan y violan legalmente. Pero también podemos tomar el papel del periquillo sarniento y john dillinger juntos (camino progresivo para nosotros la juventud menor a 23 años) y aunque en funcionamiento también se vale del miedo para progresar al menos no termina en homicidio directo.
    Es la verdad lo que oculta que no hay verdad [...] esa sentencia de Baudrillard me pone a pensar en hasta donde podemos empujar nuestras mentes a través de este desolladero para terminar cuerdos al final de la guerra o lo menos enfermos posible.

  4. Juan Pablo CH dice:

    Julio, gracias por el comentario. Eduardo, gracias por el entusiasmo. Saludos para los dos.

  5. Eduardo Araiza dice:

    Grande, grande. Qué artículo, sigo a Pijama Surf, pero esto no tuvo madre.

  6. Julio Riquelme Capdevielle dice:

    La REALIDAD está en otra parte como diría Kundera, pero insisto lo de Baudrillard son divertimentos intelectuales, que todo parece fingido, que es una cultura de simulación si…estoy de acuerdo…los medios te remiten a la fantasia…a esconder lo real…pero lo real son los hombres esclavos…los politicos corruptos(que otra cosa podian ser)…las corporaciones que rigen el sistema…la idea del dinero…del poder…pero tambien los niños que se mueren de hambre…para que los ricos se hagan mas ricos…lo real está en otra parte…en tus frases del final del articulo…bueno por cierto…lo real esta aquí…es dificil distinguirlo entre la fantasia…esa es la trampa…saludo Julio



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