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En Norilsk la expectativa de vida es de 46 años, la monumental contaminación ambiental y temperaturas de hasta 56 grados bajo cero hacen de esta ciudad un infierno gélido

Incrustada al este de Rusia, en esa "nada" conocida como Siberia, se encuentra Norilsk, ciudad que por sus condiciones climáticas y medioambientales ha sido considerada como la peor ciudad del mundo para vivir. La falta de insfraestructura, la nula posibilidad de desarrollo sociocultural, y la esperanza de vida media para sus habitantes que es de 46 años, hacen de Norilsk una especie de gélido infierno.

Entre algunos de los factores que ameritan considerar como apropiada esta etiqueta de "la peor ciudad del mundo para vivir" tenemos el rápido detrioramiento de los inmuebeles, la mayoría de los cuales esta en ruinas, Norilsk se asienta en el permafrost. Sus habitantes padecen hasta 56 grados bajo cero el algunos momentos por lo que una temperatura de 10 bajo cero es considerado un momento cálido. Por si fuera poco, la contaminación industrial que envuelve esta ciudad esta a la par de las peores ciudades de China, lo cual la coloca entre las diez ciudades más contaminadas del mundo.

Consulta la lista de los 10 lugares más contaminados del mundo

La crisis existencial generada por el supuesto cambio de signos zodiacales toma tonos rídiculos, místicos o hasta psicóticos, y nos muestra la fagil y caleidoscópica esencia de la psique humana que se construye en movimiento, sin tener una identidad fija, como si fuera una máscara que toma el universo para experimentar uno de sus aspectos

El fenómeno de un supuesto cambio de signos astrológicos, liberando al ruedo al hombre con la serpiente, a Oficuo, probablemente tiene su más significativa manifestación en el ámbito de la psicología humana, mostrando que el mundo es un espejo de nuestra mente. Este fenómeno que supuestamente cambiaría el signo zodiacal recorriendo los signos para incluir un sistema de 13 creó una especie de crisis astro existencial, la cual se pudo presenciar de primera mano en Pijama Surf, con comentarios de cientos de personas, algunas seriamente perturbadas que se rehusaban a cambiar su signo, aferrándose a éste como si fuera parte fundamental de su persona y otros  felizmente recibiendo un nuevo signo ante su descontento con su signo anterior o la inoperancia de los horóscopos.

Más allá del tema astrológico, el cual podemos resumir simplemente en que la astrología occidental no cambia ya que es un sistema fijo basado en una matemática de 12, definido a partir de las estaciones más que de la posición del sol, pero que ciertamente el caso de Ofiuco o las trece (y hasta 14 o 15 si somos estrictos) constelaciones por las cuales símbolicamente atraviesa el sol nos hacen cuestionar cómo es que funciona la astrología y de que forma se puede generar esta influencia astral en nuestra vida... Lo que nos interesa es analizar la psicología moderna y las máscaras que usamos. Cuando nos referimos a las máscaras, nos referimos a la persona en la concepción de  los arquetipos  de Jung, una imagen  con la cual protegemos a nuetro ego de otras imágenes negativas, a veces negando la existencia de nuestra sombra; aunque también a veces una máscara mágica a través de la cual el espíritu puede conocer un aspecto de sí mismo que yacía oculto. Nuestro signo astrológico, más allá de su validez científica o no, opera muchas veces como una máscara. Y cómo sucede con el hábito, después de usar mucho tiempo una máscara ésta se confunde con nuestro rostro de forma indistingible (¿tal vez porque el mismo rostro es en sí mismo una ilusión?). De nuevo hay que recalcar que no porque sea una máscara esto significa que un signo astrológico u otro arquetipo no tiene profundas resonancias con el diseño del cosmos y con nuestro ser como reflejo del universo.

Lo novedoso de Oficuo (un signo que no es nuevo) es que plantea la posibilidad de que podemos cambiar de máscara o revela justamente que estamos usando una máscara. En un mundo marcado por la mutabilidad, donde el rostro, el sexo, el nombre  pueden substituirse fácilmente (hasta el pasado parecía ser más fácil de alterar con nuevas pastilla para borrar memorias específicas), lo que aún se mantenía inmutable era nuestro signo astrológico, como designio de nacimiento, una especie de libro de la vida inicial, con sus monografías que acompañaban a una persona para siempre.

Curiosamente este cambio de signo astrológico fue previsto por Jean Baudrillard:

"Estamos en plena compulsión quirúrgica que tiende a amputar las cosas de sus rasgos negativos y a remodelarlas idealmente mediante una operación de síntesis. Cirugía estética: el azar de un rostro, su belleza o su fealdad, sus rasgos distintivos, sus rasgos negativos; habrá que reparar todo eso y convertirlo en algo más bello que la belleza: un rostro ideal, un rostro quirúrgico. También podemos rehacernos el signo astrológico, el signo de nuestro nacimiento, sincronizar nuestro signo astral y nuestro modo de vida: véase el proyecto, hasta ahora utópico pero no sin futuro, de un Instituto de Cirugía Zodiacal donde obtendríamos, mediante unas cuantas manipulaciones apropiadas, el signo de nuestra elección".

Esta "Cirugía Zodiacal" dejo a muchas personas en el vértigo existencial, aunque no sin cierta frivolidad y en una inercia cliché. Mostrando lo que Baudrillard llama "la mutabilidad de los signos", signos que construyen  nuestra identidad, hasta cierto punto como programas informáticos, los cuales se convierten en nuestro sistema operativo, Capricornio 7.0, artista de origen filipino fan del badmington y del cine gore eslavo, clase media, soltero, seguidor del budismo del Gran Vehículo,  o algo así, pero que puede ser reemplazados fácilmente. Ofiuco como un programa mental.

Algunos de los comentarios de nuestros lectores ilustran esto:

"Mi compatibilidad con el sexo opuesto es distinta. Necesito por favor, me informen, con quien soy compatible de ahora en más", escribió una exigente lectora que al parecer estaría padeciendo un poco del predetermisimo astro romántico que los Magnetic Fields advirtieron en esta canción: "I don't really love you anymore, coz I've read your horoscope, and now I´ve given up all hope".

Otro lector llama al linchamiento de Ofiuco a través de un ejercicio democrático.

Muerte a Ofiuco "Convoco a una Huelga Mundial “Vota por No a Ofiuco” mepg_93@hotmail.com Primero descubro que Soy Gay y Luego que soy Tauro “NOOO” Mi vida No podria ser Peor".

No son pocos los que simplemente se rehusan a cambiar:

lic laura martinez -  ..".me quedo con mi signo porque el me a enseñado mi verdadera identida y no tengo nada en comun con el otro signo".

Carolina- "astrologos de mierda...SOY SAGITARIO, NO DE OFIUCO!"

Otros muestran cierta confusión:

"¡Viva! naci el 29 de noviembre, ahora ya no se como comportarme, y creeme no se si me interesa la alquimia (de hecho creia que eso ya no existia), pero desde luego no me gustan los colores brillantes, por lo demas si, en general tengo bastante suerte, y no se si podría interpretar mis sueños, generalmente sueño que tengo superpoderes y destruyo el mundo y cosas asi".

En cambio otros dan la bienvenida al nuevo signo, incluso evocando la llegada de una nueva era, una sincronización con la cosmovisión maya, un cambio en la piel de serpiente o en la psique colectiva del planeta:

"Mundo resiliente, todos tus días cambian y no deseas que muevan las cosas de su lugar? Acaso has tenido, humano, exito en tus gobiernos? Ordena tu vida".

"13 signos, 13 meses, 13 lunas.... ese acomodo de los signos en los 12 meses no me convence..."

"me siento identificado al cien por cien con el nuevo signo, el ofiuco. Yo nací el 8 de diciembre, reconozco que aunque tengo algunas cosas de sagitario, se me cumple las caracteristicas del ofiuco en su totalidad. Mi madre cuando se enteró de este signo, rapidamente pensó en mi y me lo comentó".

Alguno simplemente se burlan del fenómeno, pidiendo que se haga un remake de los caballeros del zodiaco con trece protagonistas  o gastando bromas que en el fondo revelan un profundo cuestionamiento ontológico:

"si decido ser sanitario en lugar de sagitario?"

Ante la mutabilidad de los signos podrían empezarse a ver cursos de "Cómo ser Sagitario", o veremos nuevas alianzas entre personas que utilizan cinícmanete la cirugía astrológica y puedan oscilar entre signos, usando su zodiaco como una especie de programación neurolinguistica, por ejemplo siendo Sagitario cuando se esta con un Aries y Capricornio con un Virgo, según convenga, mutantes astrales del amor.

Según el libro del Génesis, en el paraíso Yavé no le enseñó a Adán algo práctico, como cómo hacer fuego o un arma o plantar una semilla, le enseñó a nombrar, enfatizando que el acto de nombrar es el acto que más poder tiene, un poder originalmente mágico. A través del nombre Adán obtiene poder sobre todas las creaturas. Un signo astrológico es en cierta forma un nombre que tenemos, el cual podemos padecer como un destino que decide sobre nosotros (una especie de encantamiento), o que podemos usar como una máscara mágica para tomar una personalidad, un aspecto del hombre y del universo que nos puede conducir a manifestar lo que nuestro espíritu busca -la narrativa que necesita para desplegar la totalidad de su ser, un pedazo en el círculo que lo completa.

Quizás una de las más atemorizantes pero también liberadoras interpretaciones de la psicología de los arquetipos o incluso de aquellos sistemas en los que la mente está poblada por diferentes capas como si fuera una pluralidad -el yo, el superego, el ello, etc.- es que en realidad no tenemos una identidad única, no somos una sola persona. No tenemos un rostro verdadero. Somos otros. Solamente un punto de conciencia en el que se refleja el mundo, un espejo tornasol. Tal vez podamos entender esto desde la astrología diciendo que somos todos los signos, todos nos atraviesan y por un momento podemos reflejarnos más en uno que en otro. Más allá del común chantaje del horóscopo, tal vez el hecho de que nos podamos identificar tan fácilmente con un signo o una predicción (que sea tan fácil atinarle) en el fondo obedece a esta especie de sello holográfico del ser, lo cual nos permite predisponernos -como tomando placebo verbal- a cualquier sistema de creencias o realidad, pero no al revés. Tal vez lo que nos convierte tan fácil en lo que creemos que somos, lo que permite ese paso tan frecuente entre creer y ver, es que en realidad somos lo que vemos, no somos un individuo separado, estático, en una definción ontológica que nos acompaña y limita siempre. Por eso cuando osbervamos algo lo modificamos, porque lo que observamos es parte de con lo que estamos observando. Tal vez ni siquiera seamos sólo humanos, es posible que seamos un flujo, un devenir que incorpora diferentes estados de materia y conciencia. Puede ser atemorizante pensar que no somos está entidad -yo, con mi nombre, mi signo, mi pasado único- que nos ha dado la identidad y a la cual nos aferramos como si fuera la única posibilidad. En el fondo, como sugiere Baudrillard, la mutabilidad es total y esto destruye el ego -o lo vuelve simplemente la última ilusión-; pero viéndolo desde el otro lado del espejo, el que yo no sólo sea yo significa que yo-soy-tú y que tú-eres-yo y que somos-todo y eso es lo que yace en el centro del mandala del deseo, humano y divino... parafraseando a Octavio Paz, el jardín perdido y ansiado, es el jardín de los pronombres enlazados.

Una versión de "la máscara holográfica" en "A Scanner Darkly", basada en la obra de Phillip K. Dick