*

X
Terence Mckenna recorre el último laboratorio de alquimia de Europa y canaliza al mago John Dee, en un fino documental sobre el sueño global de los alquimistas.

En uno de los más elegantes documentales que hemos tenido el gusto de ver en la red, sinápticamente sincronizados por el Logos, Terence Mckenna nos lleva a través de la historia de la alquimia europea, trazando la parábola de un sueño colectivo de transformar al planeta. Mckenna se convierte en John Dee, el mago del imperio británico que lanzó el sueño alquímico de reformar la sociedad. Recorriendo los caminos de los alquimistas de los siglos XVI y XVII, el etnobotánico y cibershamán conecta los puntos como constelaciones en la noche y recupera la noción de que la gran obra alquímica de convertir la materia en espíritu, el planeta en piedra filosofal, sigue viva.

John Dee fue un ocultista renacentista: navegante, experto en espionaje, astrólogo, matemático, fluido en el lenguaje de los ángeles (o de Enoch), poseedor de un misterioso espejo de obsidiana azteca, y consejero áulico, caro a la Reina. La imagen que tenemos en la cultura pop de Merlin está basada en John Dee, el hombre más admirado por los enterados de su época: pocas veces la historia ha podido conjugar la política con la alquimia. Una política encausada hacia erigir un imperio opuesto a la decadencia de la materia (y el materialismo).

En Il Penseroso, el poeta John Milton hace una alusión al trabajo del alquimista:

…With thrice great Hermes, or unsphere

the spirit of Plato to unfold,

What Worlds, or what vast Regons hold,

The inmortal mind that hath forsook

Her mansion in this fleshly nook

John Dee era protegido y financiado por el Conde de Northumberland, quien había saqueado los monasterios católicos en tiempos de Enrique VIII, esto le daba carta blanca para obtener los textos que quisiera y contar con los recursos necesarios par cualquier tipo de estudio o experimento. Dee agrupó a las figuras culturales más reconocidas de su época, como Sir Phillip Sidney, alrededor de la Reina Isabel, bajo una mística arturiana. La Reina de las Hadas, representante de la diosa, se convirtió en la musa que gestaría el sueño de materializar el espíritu de la alquimia, una forma de poesía, en el imperio británico: producir la piedra, el lapis philosophorum, la quintaesencia.

Mckenna lee está profecia de la literatura hermética, conocida por Dee: “Un día vendrá en que los hombres ya no cuidarán la Tierra, y ese día los dioses se irán y todo será arrojado al caos primordial”, apremiante de la necesidad de lograr la Gran Obra antes de la disolución.

Parte importante de la visión de Dee fue sustentada por el alquimista rosacruz Edward Kelly quien llegó a Dee con un misterioso libro de jeroglíficos y un polvo rojo que sostenía era un elíxir alquímico parcialmente completado. Con Kelley logró comulgar con entidades enochianas y accedió a las dimensiones angélicas que tanto buscaba. Diariamente Kelley y Dee se retiraban a la cámaras privadas del consejero de la reina para tener sesiones de invocaciones paranormales, séances, en las que canalizaban espíritus.

John Dee viajó a Praga, la capital del ocultismo en ese entonces iluminada por el reinado de Rodolfo II, el emperador místico, a quien presentó su plan de una reforma alquímica mundial. Este plan de unir a Europa bajo la filosofía hermética, influyó probablemente en el arreglo del matrimonio de Federico V del Palatinado y Elizabeth Stuart , ambos de 16 años, simbolizando el matrimonio sagrado de los elementos, verdaderamente enamorados, aconsejadosrpor los alquimistas germanos.

Dee murió en 1608 en la pobreza, su sueño de alquimia tendría que ser cumplido por otras personas, en la tradición de la hipóstasis.

El laberinto arquetípico anfiteatro del misterio, se convierte, en la imaginación europea, en el palacio, la corte impregnada de posibilidad mnemónica, el mandala social. Es ahí en el palacio de Heidelberg donde Federico, rey de Bohemia, y Elizabeth representaron la pareja divina que floreció el misterio del tres vez grande Hermes y su arte que dio a luz a toda ciencia.

El bardo psicodélico Terence Mckenna penetra el palacio de Heidelberg, el laboratorio central de la alquimia Rosacruz,. “El último laboratorio de alquimia en el mundo antes del surgimiento de la ciencia moderna”. En el laboratorio podemos ver la imaginación simbólica de los alqumistas plasmada en sus aparatos de destilación , como el elegante “pelicano” (así llamada por el mito del ave que liba sangre de su propio pecho) y que sirve para destilar la Prima Materia. El pelicano simboliza al alquimista en su relación intrapersonal, nutriéndose de sus propias fuerzas psíquicas para desarrollar el embrión espiritual en su interior.

Los aparatos de la alquimia no están al servicio de canalizar gases o líquidos sino de canalizar el espíritu fuera de la materia hacia las dimensiones superiores donde pueda ser recondensada y completar el misterio central de la piedra filosofal.

De occulta philosophia

En el laboratorio del alquimista donde se fragua el jardín dorado, Mckenna, melancólicamente, con el espíritu de Saturno, recuerda los axiomas centrales de esa filosofía hermética que fluye por las venas secretas del paneta.

“Hemos entendido que la alquimia no era el trabajo de la transmutación de metales en oro, sino una especie de danza de la imaginación donde los procesos psicológicos dentro de los alquimistas se entrelazaban, amalgamándose con procesos químicos creando una mitología de la materia, un paisaje donde el león verde, el dragón rojo la reina hermafrodita, el perro de cuatro cabezas… eran figuras fluyendo en las especulaciones febriles de los filósofos… La creencia era que el hombre podía trabajar con la naturaleza, en completa sociedad con el proceso divino y redimir la luz caída en la materia y de esta forma redimirse a sí mismo”.

“Aurum nostrum non est aurum vulgi”, dice la literatura hermética. Mckenna:

“Es el ser que buscamos recobrar, esta es la luminae de luminae, la lux natura, la luz atrapada en la materia , obtenida de la naturaleza y condensada, que luego se convierte en la panacea. Esta es la medicina universal que cura todos los males, es la respuesta, lo que todos bucsan y nadie puede encontrar”.

La disciplina de la magia:

“Los alquimistas laboraron durante siglos padeciendo el tormento del sulfuro, el tormento del cinabrio, buscando el auriga triunfal del antimonio, buscando la quintaesencia que representa la unión de todo el mundo...”

“Los filósofos alquimistas vivían en un sueño despierto y muchas de sus recetas estaban diseñadas para disolver las fronteras entre la vigilia y el sueño. Las etapas de la gran obra empezando en el nigredo, el ennegrecimiento; el rubedo, enrojecimiento; el citrinitas, amarillamiento; el viriditas, el verdecimiento; y finalmente el albedo, el emblanquecimiento y la purificación (o ablutio), con subetapas de  disolución , coagulalción y refinamiento de contenidos psíquicos que culmina en el “hidrólito sófico”, como dice Mckenna, que  viste  de Dee y atraviesa los laberintos.

Esto permite proyectar en la materia el contenido de la conciencia y la inconciencia sublimada en la piedra. Esta enfocado en suspender la creencia de que el mundo interior está separado del mundo exterior, una creencia que sólo suspendemos en estados psicodélicos, según Mckenna. “Las plantas levantan la prisón del ego y el ego flota hacia el mundo. El chamanismo esencialmente es una tradición viva de alquimistas que no están buscando la piedra, pero que ya la han encontrado. Han entendido que el vehículo de la transformación alquímica es el cuerpo”, en el cuerpo se encontraran con los procesos y los símbolos de la alquimia.

El reduccionismo de la ciencia ha perdido “El entendimiento de que el mundo es una sola cosa y es una cosa viva, con una intención y un espíritu.”

“El análisis racional nos dice que la materia sólo está compuesta de átomos moviéndose en el espacio obedientes a leyes matemáticas invariantes y toda la creatividad, todo el sentido de conexión que experimentamos como seres vivos contemplando la naturaleza como miembros de la sociedad es negado. Y esto llega a su culminación en una frase de Jean Paul Sartre, que dijo “la naturaleza es muda”. La naturaleza no da claves, el hombre está solo en el universo, con sus complejos y obsesiones, él confiere el significado. Yo rechazo esto, creo que el mensaje de la experiencia pisodélica es que la naturaleza se está comunicando, todo ser está lleno de lenguaje”.

La conciencia holográfica de Hermes, el hacker cósmico de la tabla de surf esmeralda:

“Uno de los más famosos axiomas de la alquimia es ‘como arriba, es abajo’, significando siempre que hay en lo pequeño un reflejo de la gran superestructura de la realidad , y en las estructuras grandes están ocultas los secretos de los más pequeños.

Mckenna busca seguir tejiendo el sueño de Dee , la alquimia planetaria, planteando la transmutación de nuestra ecología -una ecología también de espíritus- transformar la basura y la cultura, y hackear la tecnología para producir arte subversivo, para remitificar nuestra narrativa en comunión con el Logos de la naturaleza.

Twitter del autor: @alepholo

Sistemas dinámicos de un universo fractal: el arte de James Moss

Arte

Por: pijamasurf - 10/04/2010

Registros fractales de la transformación de la materia, madeja de mandalas que conecta cada cosa con todo el cosmos, James Moss se apoya en la vanguardia de la ciencia para plasmar visualmente el nuevo paradigma holístico.

Un tema central recorre la historia del arte místico: la unidad inherente a todas las cosas. El reto central de un artista visionario sería entonces reflejar o representar esa unidad inherente dentro de la multiplicidad del universo. Es decir, el arte místico, es un arte holográfico –en cada parte brillan todas las partes-, un arte que, al igual que la ciencia, estudia y extrapola los sistemas integrales -ya sean confederaciones de ángeles, de estrellas o de neuronas- y el caos fractal –la dinámica metamórfica de la autosemejanza: el Logos en un espejo infinito-.

Arthur Koestler acuñó el término holón, para describir algo que es simultáneamente un todo y una parte, mutuamente embebido en sistemas más grandes y en subsistemas más pequeños, en contextos y campos de interacción (holoarquías). Este orden holónico, o estabilidad orgánica estratificada, es la forma en la que naturaleza surge y construye sobre sí misma a través de la autoorganización dentro de campos dinámicos de información o campos mórficos.

Sobre este lienzo hologramático James Moss sustenta su obra plástica. Un relativamente desconocido artista de Missisipi, con un notable dominio del nuevo paradigma emergente de la física cuántica, la teoría de sistemas, las matemáticas del caos, la biología morfogenética, las sustancias psicodélicas, el chamanismo, y el arte visionario, siguiendo el trabajo de Alex Grey entre otros artistas. El trabajo de Moss, más allá de que tal vez estéticamente pueda o no parecer fuera de serie, es notable por su esfuerzo por ser un espejo cósmico y proyecta los procesos del universo, en cuya contemplación reside el misticismo.

La serie de imágenes presentadas está titulada “Macrodynamic Morphogenesis” y buscan “integrar la ciencia y el espíritu a través del fenómeno interconectado de la complejidad emergente, la autoorganización, la autosemejanza, y la conciencia, para revelar un paradigma fractal más amplio que subyace la evolución cósmica e individual”.

En este sentido el arte es el mapa y la memoria que refresca esta gnosis, de estar entrelazados en una telarañá de luz cósmica, dentro de un madala cuyo centro está en todas partes. James Moss cita a Einstein como guía en el sendero de la reconexión holística:

“Un ser humano es parte de un todo, llamado por nosotros el Universo, una parte limitada del tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo como algo separado del resto- una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es como una prisión para nosotros, restringiéndonos a nuestros deseos personales y la afección solo por algunas de las personas más cercanas a nosotros. Nuestra labor es liberarnos de esta prisión ampliando el círculo de compasión para abrazar a todas las creaturas vivas y la totalidad de la naturaleza en su belleza”.

Moss cita a Alfred North Whitehead, sobre el principio creativo que subyace a todas las cosas:

“La creatividad es el universal de universales caracterizando los hechos de la materia. Es el principio máximo por el cual lo múltiple, que es el universo disjunto, se vuelve lo uno en ocasión actual que es el universo de forma conjunta. Está en la naturaleza de las cosas que lo múltiple entre en unidad compleja”.

El siguiente tríptico se llama "Eros: Emergence". Según Moss en esta serie busca expresar la relación resonante entre la dinámica de campos, entre cómo las partes y los sistemas integrales se unen para expandirse en sistemas integrales más grandes. Cada parte es a la vez un sistema en sí mismo con subpartes y parte de un sistema integral más amplio.

 

"Origin Ocsillation-Transformation", 2010, oil on canvas, 61 x 61

"Self-Similar Cellular Resonance", 2009, oil on canvas, 61 x 61

"Nonlinear Neural-Net Macro-Intricacy", 2010, oil on canvas, 61 x 61

La siguiente serie se llama "Logos Attractor", consta de tres mandalas hiperdimensionales inefables. Moss dice que adivina un atractor supradimensional o arquetipo integrando la experiencia del universo y su proceso de complejidad. Siempre en el centro un cícrulo o vórtice, similar a un mandala, que lleva o conecta con la fuente de todas las cosas.

Esta es también la emanación del Logos, o código de vida ubicuo, firma luminosa que se expande por el universo en un proceso de diáfana geometría dinámica. Como el motor de Aristoteles que estaba (y gestaba) al principio del tiempo, poniendo el universo en movimiento a través del electromagnetismo del amor, a la vez como el punto Omega de Teilhard de Chardin, o el extraño atractor de Terence Mckenna que magnetiza desde el fin de los tiempos la crísalida cósmica: la mariposa galáctica que cristaliza la codivinidad.

Vía Metamorphoptics