*

X

El arte anti-Iluminati de David Dees

Arte

Por: pijamasurf - 10/14/2010

David Dees es el caricaturista de las agendas ocultas, satirista del nuevo orden mundial y la manipulación mediática en la que vivimos inmersos.

David Dees se ha convertido en uno de los comentadores satíricos de la política más destacados, de los pocos que tocan los controvertidos temas de la agenda oculta de las sociedades secretas y la elite mundial que sofisticdamente usa al planeta como un campo de concentración voluntario. En la tradición de los grandes caricaturistas políticos, pero en una era digital, alterando las imágenes para revelar a los protagonistas de la mafia planetaria en su manipulación mediática, farmacéutica, financiera... Dees se ha convertido en un referente dentro del Internet, exponiendo de forma a veces explíctia, a veces metafórica, y generalmente satírica, la gran farsa global.

Los hilos de la doninación: el aparato financiero que sustena la manipulación mediática usando a los grandes consorcios de información como títeres, incluso los que aprentan ser liberales como el New York Times, la máquina militar que genera enormes contratos privados para las grandes familias Iluminati y forma parte de la narrativa de control mental, la reducción de población, la pobreza y el envenamiento masivo de la población, un bloqueo también de las capacides perceptivas de las masas. El gran titeretero invisible en la cima de la pirámide, la entidad que controla a los que controlan.

La intoxciación mundial a través de la industria del alimento y de las farmacéuticas, creando al ciudadano modelo del nuevo orden, obeso, aquiescente, votante, apaciguado con el entretenimiento corporativo, vigilado y enfermo.


Estados Unidos como el país de la ilusión de la democracia, una misma ave rapaz de alas de diferente colores, pero la misma cabeza a fin de cuentas. Los partidos políticos controlados por los mismos intereses. La democracia como la forma moderna de esclavitud social voluntaria: votar como placebo de la libertad.

Monsanto, la asesina del campo, la gran compañía de las semillas genéticmente modificads que ha destruido a los pequeños campesinos a lo largo del mundo, e impunemente marcha campantente protegida por la pirámide corporativa, vendiendo maiz espectral.

El pase del balón de opio entre Bush y Obama. Afganistán, el país que produce casi todo el opio del mundo, parte fundamental de la política exterior de Obama, después de que Bush hijo siguiera el trabajo de su padre, el ex director de la CIA, creando una red de narcotráfico en un país de terroristas entrenados por la CIA en los años ochenta.

¡Vamos al campamento FEMA! La agencia de Estados Unidos encargada de manejar emergencias federales o desastres como Katrina, famosa por construir tumbas masivas. Vamos felices a FEMA cuando nos dosifiquen con el virus o nos ataquen con HAARP.

Imágenes vía Deesillustration

Te podría interesar:
¿Tienen los bots de Google lo que se necesita para traducir poesía o es parte de la megalomanía de sta meta entidad que busca abarcar al mundo entero?

La semana pasada, debo confesarlo, opté por el camino fácil, por el de la denuncia más o menos simplona sobre algo bastante evidente: la paulatina intromisión de Google en algunas de las actividades y conductas de nuestra vida diaria y también en la conformación de la subjetividad contemporánea. Sin embargo, mi intención original era escribir sobre otra cosa, glosar a mi manera el anuncio de que algún día Google traducirá poesía poéticamente, es decir, respetando en la traducción la rima, la acentuación o la métrica de determinado poema.

No sé bien por qué me inquietó esta nueva pretensión googleleana, tanto como para reincidir en el tema. Quizá porque me gusta leer poesía. Quizá porque tuve la fortuna de comenzar a leerla con seriedad tardíamente, sólo cuando fui capaz de advertir las razones por las cuales un poema es un objeto siempre sorprendente, único, inimitable. A la luz de esta experiencia sé que un poema puede ser admirable o conmovedor gracias a su rima, su acentuación o su métrica —o a pesar de todo ello: más allá de las reglas, más allá del molde a llenar o de la estructura por cubrir, late una fuerza distinta que anima desde el interior al poema, una fuerza que procede lo mismo de la genialidad del poeta que del lenguaje mismo, el cual, por un instante, emerge ilusoriamente como un ser autónomo que se sobrepasa a sí mismo sólo para cubrir con la sombra de su exceso la creación del poeta. Sin ese toque, como dice más o menos Paz en algún lugar de El arco y la lira, el poema no es poema, el poema es apenas un mecanismo retórico.

Tal vez por eso hasta ahora se ha dicho que sólo un poeta puede traducir a otro poeta. Se cree que sólo un poeta posee el juicio, la experiencia y la sensibilidad necesarias para saber ver ese núcleo precioso que mantiene con vida un poema y para trasladarlo íntegro a otro lenguaje, a un medio distinto. Para hacerlo resulta indispensable, además de conocer a cabalidad ambas lenguas técnicamente, la de origen y la de destino, tener oído para sus ritmos, sus pausas, sus coloraciones, trazar los límites de su expresividad, reconocer las flaquezas y los talentos de cada una. Se necesita talante poético, intuición y a veces también suerte.

Los ejemplos de traducciones geniales no son pocos y se remontan a varios siglos. Uno reciente aunque quizá ya no tan novedoso es el del Hamlet de Tomás Segovia, notable poeta e incansable y variopinto traductor (a Segovia le debemos la traducción de autores tan disímiles como Harold Bloom, Lacan y Breton, entre muchos, muchos otros).

Como sabemos incluso sin haber leído nunca el drama de Shakespeare, uno de sus momentos más importantes es ese en el que Hamlet inicia un monólogo con el  archiconocido verso «To be, or not to be: that is the question». Sabemos también que la traducción usual de la segunda mitad ha sido, en español, “ese es el dilema” o, más comúnmente, “esa es la cuestión”, frases totalmente artificiales, tan ajenas para nuestra lengua que, sin duda, este es el único lugar donde se han pronunciado y desde donde se esparcieron a otros contextos. Tomás Segovia, en cambio, dio otra traducción al hemistiquio. Por su condición de poeta conoce al dedillo las reglas más básicas y las más extravagantes de la poesía española, conoce también la naturaleza de esta lengua, la esencia que permanece a pesar de los accidentes. Para él, el monólogo de Hamlet comienza, en español, de esta manera: «Ser o no ser, de eso se trata». [Y aquí más vale decir, con el Evangelio, qui habet aures, audiat, o de una forma menos hermética pero igual de tautológica, que la poesía no se explica —cuando se entiende]

Quizá por eso permanezco tan escéptico ante el anuncio de Google. Para mí, acaso un reaccionario irremisible, es imposible codificar la creatividad poética, reducir la poesía, una de las formas de la genialidad, a un algoritmo, al patrón que debe seguir un programa de computadora.