*

X
La araña conocida como Tejedora del Orbe Dorado tiene el tamaño y habilidad suficientes, como lo muestran estas imágenes, para atrapar y devorar pájaros

Hace tiempo fueron captadas unas increíbles fotografías que muestran la escena en la que una araña conocida con el sugerente nombre de "tejedora del orbe dorado" (Golden Orb Weaver) se alimenta de un pájaro pinzón de pecho castaño Mannikin. Las imágenes fueron obtenidas en un jardín de Queensland, en Australia, por un aficionado a la observación de los fenómenos naturales. La "aúrea tejedora de orbes" o "tejedora del orbe de seda dorada" , además de tener un nombre que parece salido de las antiguas dinastías chinas, se carcteriza por una telaraña multiproteínica, escrita con pautas zigzageantes (stabilamenta).

Su nombre proviene del color de sus textos, de la filigrana brillante de sus telas teñidas por el sol, y no del color de su cuerpo. Es raro que estás arañas atrapen pájaros, normalmente se alimentan de insectos grandes, pero estas fotos demuestran que tienen la habilidad y tamaño suficientes para victimar animales mucho mayores a sus propias dimensiones.La Tejedora del orbe Dorado es famosa por su destreza para hilvanar redes de gran fortaleza que pueden fácilmente soportar el impacto de un pájaro en vuelo que aterriza en el portal geométrico que emana de su telaraña, como el espejo de John Dee.

Joel Shakespeare, quien encabeza el área decicada a los arácnidos del Parque Australiano de Reptiles, afirma que las "tejedoras del orbe dorado" llegan a alcanzar el tamaño de la mano de una persona adulta, aunque los ejemplares de las regiones tropicales del norte australiano pueden llegar a superar esas dimensiones. "No se comerá el pájaro completo. Usa su veneno para desprender los trozos que comerá y el resto quedará como una parcela alimenticia para los próximos días" afirma Shakespeare.

via Raramour

¿Accidente cósmico? El asteroide que destruyó a los dinosaurios aceleró evolución de mamíferos

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 10/02/2010

Como si el azar fuera otra cara del destino cósmico, el asteroide que se impactó en lo que hoy es Yucatán hace 65 millones de años, y que borró a los dinosaurios de la Tierra, creó la condiciones para un boom evolutivo de los mamíferos.

Hace 65.5 millones de años un asteroide de 10 km chocó contra la Tierra horadando lo que ahora es la peninsula de Yucatán. El desprendimiento de gases de sulfuro y carbón de las capas de piedra precipitó una catástrofe global en la que los fuegos se propagaron y los cielos se oscurecieron. La tierra se enfrío y la lluvia ácida se descolgó.En meses los dinosaurios habían muerto, al igual que la mayoría de los otros reptiles de agua y tierra, al igual que la mayoría de las aves y las plantas.

Para los mamíferos, la historia fue diferente. Aunque no fue exactamente fácil -la mitad de las especies se extingieron-, aquellas especies que sobrevivieron eran pequeñas, versatiles, de rápida reproducción y sobre todo podían alimentarse de los abundantes restos que dejo el impacto. Pudieron escabullirse de la lluvia ácida y los fuegos; habitando cerca de cuerpos de agua fresca, que se alimentan de materia orgánica muerta, tuvieron más éxito que aquellas especies del mar o de tierra seca.

Estos mamíferos sobrevivientes heredarían la Tierra. Mientras la biósfera se recuperaba, ocuparon los nichos dejados por los dinosaurios. Según evidencia fósil, un “boom” de creatividad evolutiva ocurrió entre el año 65 a 55 millones de años atrás. Una de los linajes que haría su début después del impacto es el nuestro, el de los primates .

Antes de esta intervención extraterrestre –un asteroide de 10 km- los reptiles habían gozado en dominio de la Tierra por 160 millones de años. Más o menos cada 100 años un evento cósmico de esta envergadura sucede; si algo así sucediera actualmente la humanidad sería arrasada, aunque es posible que algunos sobrevivirían, dando lugar a un nuevo apogeo evolutivo, como parte del ying-yang planetario. Nuesto destino parece estar conectado por un hilo plateado, equilibrándose de forma misteriosa, con el destino del cosmos.

Vía New Scientist