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'La Molécula del Espíritu': el matemático Ralph Abraham habla sobre las entidades del DMT

Psiconáutica

Por: Terence Macoña - 08/16/2010

El maverick de las matemáticas del caos, Ralph Abraham, nos habla de su experiencia con las entelequias del DMT, parte del esperadísmo documental "DMT:The Spirit Molecule".

El documental más esperado por la comunidad psicodélica en la la últimoa década está por estrenarse en octubre. Basado en el trabajo del doctor Rick Strassman y con la participación de eminencias en torno a la cultura visionaria y la exploración de realidades alternas, la carta royal del psyfamily: Stan Groff, Dennis Mckenna, Alex Grey, Douglas Rushkoff, Ralph Metzner, Erik Davis, Daniel Pinchbeck, Graham Hancock, Ralph Abraham etc. Esta alineación de cracks (el crack en el espejo interdimensional) no son solamente trippers interesados en las drogas, son expertos en los campos más radicales e innovadores del pensamiento humano: la matemáticas del caos y fractales, la etnobotánica, el tecnoshamanismo, la psicología transpersonal, la pintura enteógena, los sistemas sociales holísticos, la teoría de medios y la neuroprogramación,etc. Todos unidos por uno de los misterios en el centro de la existencia humana: la dimetiltriptamina, el psicodélico más potente que da la causalidad que es secretado por el cerebro humano.

En este sneak preview, el matemático del caos Ralph Abraham, quien escribiera un libro con el embajador del DMT, Terence Mckenna y el biólogo Rupert Sheldrake: "Trialogues", la más amena conversación para salir de tu habitación y enfrentarte con el hiperespacio que te aguarda ubicuo. Abraham en una parte de este docu, habla de que le sorprende tremendamente como la realidad se sostiene, como es increíble que cuando sale de su casa su auto sigue ahí. Creo que es uno de los más simples y brillantes asombros ante la inexplicable consistencia del mundo macroscópico cuando en realidad estamos compuestos de fantasmas superluminales que se comportan como magos infinitesimales: los muy bizarros quantums. Sí, es increíble que mi encendedor siga ahí cuando lo busco en la bolsa (es increíble que esa flama me pueda llevar a Sirius en siete segundos); es increíble que más o menos todos percibamos, hasta cierto punto, las cosas de forma similar. Decía Castaneda, vía Don Juan, que en algún momento fue conveniente para nuestra supervivencia (¿o fuimos programados a?) estrechar el campo de percepción, limitarlo a cierta banda de frecuencias y estandarizarlo. "El misterio no es lo que percibimos, es lo que nos hace percibir".

Abraham en este video relata la diferencia entre el LSD y el DMT y de una forma calma nos revela quids de la experienca del DMT con una claridad libre de hipérboles y euforias lingüísticas, preciso en el trompo del enigma.

Según Abraham, el DMT abrió una ventana para sus experiencias con el LSD que antes estaba cerrada, es decir, después del DMT, sus viajes de LSD ampliaron su capacidad de navegar diferentes panormas de conciencia. El LSD como la mescalina y la psilocibina están más cerca de la realidad ordinaria, el DMT es difícil de relacionar a esta realidad o compartir en un lenguaje en común. En los viajes de psilocibina la realidad está exornada con campos vibratorios, donde puedes ver la conexión entre la realidad ordinaria y esta realidad aumentada. Pero el DMT, dice Abraham, es completamente otro lugar, por lo cual es difícil obtener un significado de estas experiencias, en el DMT, Abraham, que usa las matemáticas como referente de sus viajes, "veía u campo vibratorio, como una gráficas computacionales fractales, que estaban animadas a alta, media y baja velocidad, asi que habían bandas en un diferentes espectro de velocidad y estas actividades a diferentes velocidades aparentaban ser diferentes inteligencias transmitiendo diferente categorías de informacion, podías ver actividades coordinadas en diferentes regiones que estaban coordinadas al punto que tenían que ser un a inteligencia o una entidad, que en la realidad ordinaria solo sería aceptado como una entidad si estuviera conectado, es decir si tuviera un cuerpo, pero esta entidad no sólo tenía más de un cuerpo, estaba dispesrada en el espacio de forma fractal con cierto color y frecuencia, era una dinámica informática, y con el LSD, antes del DMT,las imágenes que veían eran de geometría euclidiana".

Sumamente interesante lo que Abraham nos dice, nos introduce una entidad de campo fractal de geometría hiperdimensional que parece estar dispersa en el espaico de forma holográfica, conectada entre sí a través de un entrelazamiento cuántico, parece casi que esta entidad es el espacio mismo, es los fractales, las imágenes cambian e interactúan de forma inteligente con el usario. El ser se revla como algo fluído, un proceso sin epidermis, interpenetrado por los campos energéticos del universo. Pero esos campos a su vez están interpenetrados de una rara cuota de mente lúdica (o al menos aparenta bizarra y lúdica al no poder sondearla del todo, en el encuentro radical con el Otro).

Abrahams habla de una especie de programa computacional, una realidad virtual fractal. Esto el algo común a los psiconautas del N,N DMT, no tanto del 5-MeO DM, pero nos hace pensar en una cuestión insoslayable: aunque pensamos que en realidad estamos despiertos y concientes de lo que está pasando siempre existe la posibilidad de que estemos inmersos en un juego, en un sueño, en la mente de un demiurgo o de una entidad que se ha convertido ella misma en los límites del programa y que no podemos ver que hay detrás de este programa, no somo conscientes del todo que estamos en un programa, como cuando soñamos y no nos damos cuenta que estamos soñando. ¿Tal vez algún día despertemos de este sueó un poco más largo? El DMT aterradoramente y epifánicamente nos hace hacer girar esa moneda en la mente ¿programa de realidad virtual o realidad autónoma?... y es una moneda que nunca cae, que es águila y serpiente, acaso porque la mueve alguien y puedes ser tú, tu espíritu o alguien más, suprarreal, misterioso y truculento controlador y/o fuente inefable de luz ilimitada.

Un bombardeo de símbolos místicos y psicodélicos como detonador de la conciencia, en el mindsurf del Logos y su caída al mundo de la ilusión; Steve Wilner juega con Jung y con los brujos de la Atlántida en su torre de control, para intentar llegar a una catarsis cósmica

El velo de la ilusión atravesado por visuales hiperspsicodélicos y todo un arsenal de producción de visiones místicas. Un caos de fractales, geometría sagrada y mensajes subliminales, que en su ataque a la psique busca implantar el código de la ascensión planetaria a través de la muerte (ese rito de iniciación).  Steve Wilner, aka Soundless Dawn, maestro de YouTube de videos de conspiración y sincromisticismo hechos como portales o naves psicoactivas, experimenta con un nuevo video sin voz narrativa, "Beyond the Veil Through Black Plasmatic Cosmos", entregándose al reino puro de la imagen: justo ese velo-vórtice-surtidor que es la ilusión del mundo, las fauces fecundas de Maia que generan formas hipnóticas, preciosas seducciones de la materia, pero posiblemente, más allá del velo, más allá de la proyección holográfica, en la enramada de código cósmico, están las claves para descubrir que estamos despiertos en la eternidad comiendo las frutas enteógenas del árbol de zafiro del paraíso.

Extraterrestres grises y reptiles detrás de los sephiroths del árbol de la vida, el ojo que todo lo ve en el templo de Salomon en el hiperespacio, la iglesia masónica de fractales de polvo de estrellas, el sacerdote iluminati de Amen-Ra que hechiza electrónicamente con mass media y prestidigita sigilos con logos corporativos... el apocalipsis anunciado en una molécula de psilocibina, el alquimista que se arroja al abismo de su laboratorio y así vuela solo por el cosmos en su nave nagual de ave fenix. La primera y la segunda Matrix. La confusión pletórica de poderosos símbolos que tal vez para algunas biocomputadoras humanas, en la saturación, en el exceso blakiano de lo sagrado, depuran el entendimiento de que no existe dualidad y todo es parte de un mismo proceso de conciencia.

Según Steve Wilner, "la transferencia deliberada de un deseo a través de símbolos y sigilos con sus significados al subconsciente, así sublevándolos del consciente, es un acto mágico. Bajo la tesis de que el subconsciente es una 'memoria omnisciente' y, siendo cósmica y universal, puede acceder a cualquier fuente de conocimiento, como una serpiente comiéndose la cola sin final en el laberinto de las estrellas".