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La nueva entrega del "Diario de un Joven Comedor de Psicodélicos" nos cuenta sobre el bicho de tacuara, posiblemente el primer insecto psicoactivo conocido en el mundo.

Alguna vez empecé a escribir una historia sobre unos adolescentes que tenían una especial afición por los psicodélicos: en una escena uno de ellos recibía una sorpresiva visita de un amigo que se suponía estaba en el Amazonas. Tenía algo en la lengua, estaba morada. Se suponía que había ido a tomar ayahuasca. Emocionado por conocer sus aventuras con esta liana cósmica, el anfitrión lo cuestionaba impacientemente. El otro le decía que no había encontrado ayahuasca pero que había encontrado otra cosa y sacaba un caracol, también con un sello morado. Entonces observaba que tenían un pequeño gusano en la lengua. El gusano, le decía, era una potenete droga psicodélica que permitía viajar en el espacio: justamente a través de agujeros de gusano o wormholes.

Esta torpe tentativa que ahora sirve de introducción me regresó a la mente el otro día cuando navegaba por la página del Dr. Cliff Pickover, el matemático psicodélico que, entre otras cosas, plantea la teoría de que la visión de la zarza ardiente (de dios) de Moises fue generada por el DMT en la glándula pineal del profeta (detonación enteógena) . En la página del buen doctor, me encontré con un link que decía “Hombre come intestinos de gusano psicoactivo para ver nuevos universos” (Man eats psychoactive worm intestines to see new universes).

Debo de confesar que al hacer click sentí esa vaga electricidad que anticipa la contemplación de algo que nos excita (sí la contemplación mémetica de un gusano psicoactivo me excita). Pense en ese instante sináptico amplificado en la posibilidad sincromística de que el universo pudiera generar un gusano que justamente permite atravesar agujeros de gusano hacia otras dimensiones. Al universo le gustan los símbolos y las autorreferencias ¿por qué no un gusano justamente como vehículo para un viaje interdimensional a través de lo que el hombre ha llamado “wormholes”? ¿Si comieramos luciérnagas para viajar a las estrellas?

Este gusano hipotético es el “bicho de tacuara”, una larva que se alimenta del bambú, que además de delicioso parece tener propiedades psicoactivas, pero que, lamentablemente, su uso parece haber sido olvidado. El bicho de tacuara es descrito en la literature por el explorador Augustin de Saint Hilaire, en 1824:

“Cuando estaba entre los Malalis, en la provincia de Minas (Gerais), se hablaba mucho de una larva que consideraban como un alimento delicioso, el cual es llamado “bicho de tacuara” (tacuara es bambú) porque se encuentra en los tallos de los bambúes, pero solo cuando tienen flores. Algunos portugueses que han vivido con los indios valoran estos bichos no menos que los mismos nativos; los derriten en el fuego para que tomen una masa aceitosa y así los prserevan para usarlos en su comida. Los Malalis consideran la cabeza del bicho de tacuara como un veneno poderoso; pero todos están de acuerdo, en que esta creatura, seca y reducida a polvo, constituye un poderoso remedio (para curar las heridas). Si uno le debe de creer a los indígenas y a los portugueses, no es sólo para este uso que se conservan los bichos de tacuara. Cuando las emociones los vuelven insomnes se tragan uno de estso bichos secos, sin la cabeza, solo el tubo intestinal, y caen en una especie de sueño extático, el cual muchas veces dura más de un día, similar al de los orientales cuando toman opio en exceso. Dicen al despertar de sus sueños que vieron bosques espléndidos, comieron deliciosas frutas y cazaron sin esfuerzo las más preciadas presas; pero estos Malalis añaden que solo indulgen rara vez en este placer debilitante".

Saint-Hilaire, Augustin F.C.P. de (1824) Histoire du Plantes les plus remarquables du
Bresil et du Paraguay.

Al parecer el uso de esta larva que mide hasta diez centímetros y se convierte en la mariposa Myelobia (Morpheis) smerintha (¿fumar mariposa, o fumar larva para una crisálida astral?) ha sido perdido, lo que se podría explicar por el hecho de que la cultura Malalis prácticamente ha desaparecido. Según la descripicón hecha por Saint-Hilaire, la sustancia activa de este bicho podría estar en sus glándulas salivales.

Evidnetemente es necesario estudiar estos insectos par aver si en realidad tienen una propiedad psicoactiva. De tenerla se convertiría en el primer insecto psicodélico conocido. (Algunas personas consideran a los alacranes psicodélicos, algo que, sin contar la posibilidad de su veneno, puedo atestiguar que no es cierto; fumar alacranes fue uno de esos ociosos pasatiempos de una noche de verano; sí un mareo (un buzz), una afectación; pero de ninguna forma similar a las grandes familias alucinógenas como las indolealkilaminas) .

Sin embargo existen otros animales que sí contienen propiedades alucinógenas poderosas, el pez sarpa salpa, o pez de los sueños, al parecer tiene un efecto alucinógeno similar al del LSD. Y, sobre todo, el sapo Bufo Alvarius contiene, precisamente en sus glándulas salivales, el más poderoso psicodélico conocido por el hombre, el 5-MeO DMT. De este poderoso sapito, escribiré en mi siguiente blog: “Me acuerdo de la prmera vez que fume 5-MeO DMT (la mólecula de dios)".

Hojas de Triptamina: Diario de un Joven Comedor de Psicodélicos

El New Museum of Contemporary Art inaugura la primer retrospectiva del más exquisito artista underground: Brion Gysin; mago, inventor, neuronauta, poeta, y maverick de la mente

Artista, mago, psiconauta, genio, estos son algunos de los adjetivos que me llegan a la mente cuando pienso en el buen Brion, en mi opinión uno de los personajes más elegantes del siglo XX. Su paradójica personalidad lo condenó a ser famosamente desconocido, o conocido para los famosos pero ignorado por las masas, tanto que a pesar de ser una de las mentes más brillantes del siglo pasado, su obra recibe, apenas hoy 24 años después de su muerte, la primer retrospectiva en un museo, el New Museum of Contemporary Art de Nueva York.

Poeta sonoro, escritor, pintor, performancero, e inventor, Gysin era ampliamente reconocido y querido en el círculo alter jet set de la segunda mitad del siglo XX. Entre sus amistades más cercanas se encontraban William Burroughs, quien utilizó la técnica de aleatoriedad literaria redescubierta por Brion conocida como “cut-ups”, el pintor Max Ernst, el siempre refinado David Bowie, Iggy Pop, Keith Hearing, y Paul Bowles, entre muchos otros.

Algún momento de principios de la mítica década de los sesentas, vio nacer a la hija prodiga de Brion: la maquina de los sueños. Este artefacto fotomelódico pasaría a convertirse en la aportación más preciada del polifacético creador. Frente al estímulo que nos convida, el cerebro responderá con multicromáticos paradigmas mentales que favorecen la concepción de nuevos planos de realidad (arte+ciencia/luz = desarrollo espiritual).

“Los sujetos reportan luces destellantes con inusual brillo y color. Elaboradas construcciones geométricas increíblemente intrigantes que se forman a partir de un mosaico multidimensional, y transmutan en bolas de fuego, como los mandalas del misticismo oriental, o se definen momentariamente en imágenes individuales y escenas poderosamente dramáticas como brillantes y coloridos sueños” reportó alguna vez William Burroughs sobre la experiencia .

Básicamente la Maquina de los Sueños consiste en un cilindro, que rodea un foco, con cortes que permiten un paso intermitente de la luz a través de ellos en sincronía con un movimiento giratorio. Montado sobre una base que gira a una velocidad de 60 rpm, el sujeto debe colocarse a unos 30 centímetros de distancia del cilindro con los ojos cerrados. Tras unos segundos o quizá un par de minutos, el cerebro en cuestión se sintonizará a una frecuencia de entre 8 y 16 Hz, con lo cual accederá a una plácida frecuencia de ondas alpha. Además del potencial psiconaútico de esta herramienta, resulta increíble que se puede desarrollar caseramente.

A continuación la crónica de un neuroexplorador amateur que se propuso construir una Máquina de los Sueños, como tributo a Gysin y a la expansión de su propia conciencia:

“Alguna vez me propuse construir mi máquina de los sueños. Una atmósfera involuntariamente ritual inundó el cuarto que serviría de taller galáctico. Y me enfrente a mi, me encontré envuelto en un sincero diálogo con mi propia dislexia. Vino el acto de cortar una cartulina, recortando huecos de acuerdo al patrón matemático que el instructivo me requería, los mismo huecos que terminarían por transformarse en compuertas fotónicas. A través de ellas la luz se liberaría, impactándome en el rostro, permeando mis ojos, coqueteando con mis neuroconexiones hasta detonar el esperado ritmo en las frecuencias cerebrales que me daría acceso a la dimensión alpha. Por momentos, tras varios cortes equivocados, el obstáculo pareció infranqueable, sin embargo, asumo que la nobleza de la empresa pudo más que la dislexia y eventualmente emergió, como pavorreal blanco o divina quimera, una máquina de los sueños hecha en casa.”

Hoy, a medio siglo del nacimiento de la primer maquina de los sueños, este objeto se ha convertido en una verdadera herramienta de culto para psiconautas, artistas experimentales, y amantes de la luz como detonador para experiencias que van más allá de la conciencia cotidiana. Sin embargo, la exposición “Dream Machine” New Museum of Contemporary Art de Nueva York, busca difundir la obra de Gysin más allá de este mítico artefacto giratorio, inductor de trances cinéticos, y del que por cierto se exhibe el diseño original. La retrospectiva nos muestra más de 300 pinturas, collages, y microcortometrajes, que hicieron de Brion Gysin, uno de los más lúcidos y discretos artistas de la corriente underground.

Laura Hoptman, curadora en jefe de este museo neoyorquino y organizadora de la exposición, nos dice “desde mi perspectiva Brion Gysin emergerá finalmente a través de esta retrospectiva, en plenitud, como el artista que realmente fue. Pero esta es sólo una visión sobre él. Y quizá algún día todos los músicos con los que convivió, las chicas con las que se acostó, y la gente que ha trabajado profundamente influida por él, terminarán por compartirnos se propio punto de vista”. Y ya en plano más íntimo Hoptman nos confiesa: “Su manera de trabajar ciertamente me habla. Atravieso fases en las que estoy escribiendo, construyendo, y luego tratándo de encontrar a alguien con un gato persa entrenado. Posteriormente, sin darme cuenta, me veo a mi misma sumergida en una cámara de privación sensorial buscando detonar una experiencia psicodélica”.

Considerado por Burroughs como “el único hombre al que realmente he respetado”, impulsado por un espíritu creativo y su afán por transgredir sistemáticamente los márgenes establecidos por la percepción cultural, Brion desarrolló una faceta alterna a la del artista alternativo y neuroexplorador: la magia. Fue a finales de la década de los 50´s cuando, en compañía de su entrañable amigo Burrougs, Brion dedicó buena parte de su tiempo a la exploración lúdica y mística con bolas de cristal, espejos, y otros recursos del ocultismo occidental, en busca del poder de la desmaterialización, algo que aparentemente consiguió a pesar de que algunos lo desacreditan por la enorme cantidad de narcóticos que solía tener, dispersados, a su alrededor. “Si quieres desaparecer… date una vuelta y te daré lecciones privadas” les decía a sus amigos. “Brion desaparecía justo enfrente de mis ojos durante periodos de entre 15 y 20 minutos” afirma Roge Knoebber, otro de los amigos de Gysin.

Nacido el 19 de julio de 1916 al sur de Inglaterra, en Buckinghamsire, y muerto setenta años después en Paris, el genial Brion encarna el más refinado linaje de los hombres que han cuestionado, con modales exquisitos, las fronteras de la determinante convención social, aquella que conocemos como realidad. Entre los bordes con brillo plateado, que separan, y unen, las disciplinas de la psiconaútica, el arte, la magia, el ocultismo, y la exploración genuina como filosofía de vida, ahí se encuentra sentado, en un trono piramidal, el espíritu del famosamente desconocido Gysin, underground maverick que nos recuerda que esto que escribo, y que tú probablemente estarás leyendo, es una simple y coqueta proyección que nos une en sincronía.

Feliz cumpleaños Brion Gysin.

Blog del autor: bitter but blue butter