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El aeropuerto de Denver es un santuario Iluminati

Arte

Por: pijamasurf - 03/19/2010

La siniestra arquitectura del aeropuerto internacional de Denver esta repleta de símbolos masones, mensajes apocalípticos codificados, gárgolas, y geometría Nazi

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Catalogado como uno de los sitios más siniestros del planeta, el aeropuerto de Denver se erige como una especie de sombrío santuario repleto de simbologías ocultas desdobladas a través de murales, placas conmemorativas, esculturas, y una distribución espacial basada en la figura de la swástica . El explícito ocultismo que envuelve al Denver International Airport parece un claro mensaje de grupos de poder que se rigen en base al Nuevo Orden Mundial, los protocolos masónicos, y una serie de tormentosas profecías.

Por lo anterior este lugar va mucho más allá que un simple aeropuerto con evidente mal gusto decorativo sino que, desconcertantemente, encarna una especie de catedral del ocultismo New Age. Cada detalle del espacio parece que fue meticulosamente planeado y su costo rebasó los 4,800 millones de dólares, es decir 3,100 millones más de lo que estaba originalmente calculado. El de Denver es el aeropuerto más grande de Estados Unidos ya que fue construido, en 1995, sobre un área de 34,000 acres.

Además del extraño lenguaje icónico que contiene, durante su edificación se registraron múltiples anomalías que estimulan las sospechas en torno a este espacio. Aparentemente, para evitar que un grupo externo dimensionará por completo el espacio, diversas constructoras fueron contratadas para resolver áreas específicas del edificio. Es decir, nadie tuvo acceso a los planos completos del lugar. Durante su construcción se removieron más de 110 millones de yardas cúbicas de tierra, algo que excede por mucho a las mayores construcciones del mundo y lo cual sugiere que se desarrolló un espacio subterráneo de dimensiones gigantescas al cual no se tiene acceso. Lo que esta confirmado es que cuenta con enormes túneles, por los cuales pueden transitar camiones de carga, y que extrañamente están en desuso.

Pero repasemos a detalle la obscura extravagancia de este aeropuerto revisando algunos de sus elementos más explícitos:

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El Caballo del Apocalipsis

Al llegar a esta obscura catedral te recibe una colosal escultura de un caballo azul, con las venas resaltadas y unos ojos diabólicos que por la noche se iluminan con un rojo intenso. Por si no fuese suficiente la maligna presencia de este apocalíptico equino de 32 pies, al parecer la entidad ya cobró una vida: la de su creador. Durante su instalación un pedazo de la escultura se desprendió, golpeando fatalmente al escultor Luis Jimenez.

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Placa Masónica

Situada en un espacio denominado “Great Hall” (el mismo término que utilizan los masones para el punto de reunión dentro de una logia) se encuentra una placa marcada con diversos símbolos masónicos. También se incluyen inscripciones, aparentemente en braile, y en el texto escrito se lee “New World Airport Commission” en una clara alusión al Nuevo Orden Mundial. Supuestamente debajo de esta placa se encuentra enterrada una cápsula del tiempo, que contiene diversos objetos “representativos”, y que deberá ser abierta en 2094.

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Los Murales Proféticos

Abarcando cuatro grandes muros del aeropuerto, el artista Leo Tanguma plasmó una serie de murales que supuestamente representan la paz, la armonía, y la naturaleza. Sin embargo, al observarlos, difícilmente vendrán a la mente estas ideas. Tanguma es un pintor cuya obra generalmente se alínea con el Chicano Art Style, sin embargo alguna vez declaró que para realizar estos murales recibió instrucciones precisas y $100,000 dólares. Posteriormente se retractó de estas afirmaciones y ha evitado comentar la curiosa simbología impresa en esta obra.

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a) ”Paz y armonía con la naturaleza”

A pesar de su lindo título la imagen central de este mural es un grupo de niños visiblemente tristes, rodeados de especies presumiblemente extintas, y con un bosque y una ciudad en llamas al fondo. Analizando detalladamente esta obra se puede observar que uno de los niños sostiene en sus manos una estela maya que representa el fin del mundo. Curiosamente la ciudad que arde al fondo ha sido retocada o modificada repetidamente, lo cual sugiere su importancia en la composición, como si se tratara de representar diversas concentraciones urbanas envueltas en un extraño proceso de destrucción (muestran un halo multicolor que las envuelve, quizá planteando un escenario atormentado por armas bioquímicas). Otro de los niños, una niña rubia, sostiene en sus manos una biblia y una estrella amarilla “judaica”, misma que era utilizada por los nazis para marcar a los judíos. En realidad, más allá del contradictorio título de este mural, pareciera que todos los elementos representados en él estuvieran condenados a la desaparición.

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b) “Niños del sueño mundial de la paz”

Esta obra esta dividida en dos partes. En la primera, de izquierda a derecha, vemos a un grupo interracial de niños ataviados en trajes folclóricos, que aparentemente están entregando armas, envueltas en banderas de distintos países, a un niño alemán que se encuentra en el centro. Este chico, representante de la cultura Bavaria (cuna moderna del linaje iluminati). La sumisión de las naciones del mundo en torno a un destinatario común alude, nuevamente, a la unificación perseguida por el Nuevo Orden Mundial. Y no deja de ser intrigante que en el centro de este nuevo orden de uniformación mundial aparece un niño de origen teutón.

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En la segunda parte del mural, liado a la primera a través de un arcoíris, aparece una agresiva y funesta entidad militar, ataviado con uniforme Nazi, y que porta una máscara antigua. Este macabro personaje sostiene en sus manos un rifle y una especie de cimitarra que apunta hacia la paloma de la paz. Al fondo observamos a unos padres aterrados sosteniendo el cadáver de, presumiblemente, su bebé. En la esquina inferior derecha de la composición aparece un pergamino con el texto de una tal Harma Herchenberg, una adolescente de 14 años que aparentemente murió en Auschwits, quizá en la cámara de gas a la cual el apocalíptico sujeto es inmune gracias a su mascara.

¿Pero realmente es este el concepto de “Niños del sueño mundial de la paz” que tiene Leo tanguta? ¿Qué tipo de programación, además de los 100,000 dólares, recibió este artista chicano?

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El Pasaje de la Swástica

Quizá la mayor manifestación de la extensa alegoría Nazi presente en el Denver International Airport es el propio despliegue de la construcción. Este denota una geometría posiblemente inspirada en la swástica –elemento que los Nazis retomaron del hinduismo, lo cual se puede apreciar a través de fotos satelitales. Una vez más sería difícil creer que se trata de una coincidencia. (Ver imágen en Google Maps aquí)

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Gárgolas

La presencia de estas entidades malignoides en diversas iglesias y catedrales ha sido polémica a lo largo de la historia. Muchos estudiosos aún se muestran sorprendidos ante el emplazamiento de estos pequeños monstruos dentro de estos contextos. Sin embargo, el hecho de que aparezcan a lo largo de los pasillos de un aeropuerto construido en 1995 resulta aún más extraño. 

Denver Airport Conspiracy Theory: A Documentary (part 1)

Denver Airport Conspiracy Theory: A Documentary (part 2)

Via Vigilant Citizen

Reseña de la ominosa película de Terry Gilliam: "The Imaginarium of Dr. Parnassus", una montaña rusa de símbolos y placeres oníricos que acaricia el cielo y se precipita.

No tarda Terry Gilliam en meternos a su universo oniridiscente. Cruzamos el espejo, el portal arquetípico a otras realidades (donde nos vemos como somos, en la abigarrada desnudez del inconsciente), y entramos al interior de la prodigiosa imaginación del Dr. Parnassus, el inmortal monje cuyo trance narrativo sostiene el mundo, como un molino de agua al que hay que seguir dando vuelta... como el eterno loto en el que sueña Brahma.

El vertigo policromático, la activación psíquica de los símbolos y de la teatralidad cósmica rápidamente rapta al espectador a lo que en ocasiones parece el viaje de DMT de un niño después de ir al circo. La lógica onírica del plasma mental en el que la cópula entre el trauma y la fantasía se materializa. Como algunas drogas psicodélicas, el mundo al interior de la mente del Dr. Parnassus puede llegar a convertirse en un viaje de ego(d), de que somos dios.

Gilliam va de lo sublime a lo rídiculo y aunque las alturas a las que llega la película en las crestas iniciales de la montaña rusa hacen que "The imaginarium of Dr. Parnassus" (el Parnaso es la montaña orgiastica de Dionisio) sea más que una experencia desifrutable, hiperestimulante (sincrosináptica), tal vez por la muerte de Ledger la alquimia sólo se completa por fuera. La película sólo nos deja asomarnos rápidamente al engranaje de la máquina cósmica que teje la realidad. Asomarte produce mareo y luces que giran; a Gilliam le cuesta terminar sus películas (como Don Quijote VS los Gigantes Invisibles) , por algun extraño maleficio; él mismo es parte de esta trama símbolica.

Antes de que se desmorone la película, como la mente antes brillante de un cabeza-de-ácido que ha tomado demasiado LSD y ya no puede conectar las perlas luminosas del collar de Indra, autominotauro de su laberinto, el director llega a la máxima altura de las películas que últimamente han construido un subgénero, que podemos describircomo interneuronaútico (Eternal Sunshine of a Spotless Mind, The Cell, Being John Malkovich, entre otras películas en las que se comparten mentes) y que recogen una preciosa tradición de Orfeo de Cocteau, de la Dama de Shangai y obviamente de Alicia en el País de las Maravillas. La montaña rusa de Gilliam nos lleva con el dulce de algodón, con la piel eléctrica de gallina y en el mismo carrito tenemos a un dios egipcio como Thoth y a una inmaculada princesa del sexo, tomandonos de la mano, apunto de revelarnos la carta de nuestro ser verdadrero...

Y se cae estrepitosamente después de la segunda transpersonalización de Heath Ledger en Jude Law... justo después de que la vanidad de Law (perfecto cast simbólico, mal ejecutado en la praxis) acaricia el cielo de las celebridades en una escalera (estilo Edward James) que no lleva a ninguna parte en un mundo virtual como uno de los Super Marios del Supernintendo... cuando el cielo azul se torna en el paisaje sublunar ( el mundo crepuscular del cerebro reptiliano), ahí la película se vuelve un desastre (pierde el flujo de la conciencia mágica que conecta todo) y es sólo soportable por algunas pinceladas intercaladas como la muñeca rusa fractal viviente que devora a los gangsters rusos o escenas como los espejos fragmentados persiguiendo a Valentina (Lily Cole) en el limbo de la cronetera interdimensional que vagamenrte recuerdan el final de la Dama de Shangai.

También se salva de la segunda parte la divina escena erótica entre la diosa escarlata juvenil, Valentina (Lily Cole) y la transpersonalización de Collin Farrel, en un río de agua de záfiro y burbujas irisadas (tambien es el río del poema de Lewis Carrol a Alicia, el sueño de un eterno verano dorado) en la sempiterna balsa del chacal interdimensional Anubis (que antes se fusionara en brillante kitsch con una trajinera con flores mexicanas de la muerte y en una gondola). Gilliam mantiene su humor ) y pasan días y la pareja afortunada pasa horas follando (con un dejo de "Hot Shots") en el extásís de la (ex)virgen ninfa, casi rozando la alquimia sexual con la que Osiris e Isis trascienden la muerte . Hasta que asalta el arquetipo del guasón en Ledger-Farrel, una secuencia que recuerda la fama vana del tiritero John Cusack dentro de la entidad John Malkovich, y que con genial cinismo critica la filantropía como branding de las celebridades.

Lily Cole se convierte en el imaginario colectivo en un poderoso símbolo sexual, Valentina, la hija del Dr Paranassus, concebida en parte gracias a un pacto con el diablo (como Mefistófeles) y que a sus dulces dieciseis, la edad del consentimiento (la edad del film), pasaría a la potestad del mismo diablo, que como un dios celoso se reserva a las mujeres de sus elegidos. Valentina encarna el arquetipo de la hot lolita, pero supera por mucho esta fantasía burguesa, con el añadido de ser también una hadita mágica (ferviente y feral) y una nymphette dionisiaca en potencia. Rubicunda (con ese degradee venusino en los cachetes) y de una belleza pálida (etérea) conforme al ideal del romanticismo inglés de Lord Byron y pelirroja, lo cual la acerca al mismo tiempo al diablo y al amor, el corazón de fuego y la serpiente kundalini (en una genial escena onírica el diablo encarna una cobra hambrienta en el río, a lado de un motel de neón y una pirámide negra como el monólito de Kubrick). El último gran mago de Occidente, Aleister Crowley, decía que para realizar cabalmente la magia sexual era necesario practicarla con una mujer pelirroja, "la diosa escarlata", la cual sirve como medium para entrar en contacto con las inteligencias astrales. Sí, Lily Cole, por momentos es ese bombón inconsumible en el fuego de la imaginación.

El casting a mi juicio es perfecto desde un punto de vista simbólico autorreferencial, donde los actores se convierten hiperrealmente en los personajes que han representado. Christopher Plummer ( The Spiral Staircase, Jesus of Nazareth) es el Dr. Parnassus (Dr. Fausto), la transpersona de uno de los Elohim, del Gran Mago, de la Luz (en este caso desde la vena humorística de Gilliam, donde por supuesto la luz ha perdido la guerra contra la oscuridad y la decadencia los oprime porque el mundo está atestado, como el cuento de Edgar Allan Poe, del diablo en la botella).

Lo de Heath Ledger es sobresaliente, verdaderamente encarnando la personalidad del Guasón, el Juglar, de Le Mat en el tarot, el Trickster que en este caso se convierte en El Ahorcado, sacrificándose en un acto sagrado de expiación ("atonement"). Ledger muy superior a la otra parte de su baraja de Hollywood-juglares (en los alter egos de Depp, Law y Farrel, una resolución que al principio funciona con un destello del "El Oscuro Objeto del Deseo" en Depp, pero luego es la némesis de la película), demuestra que el verdadero actor, cuando se mueve desde el fondo de la conciencia, es un medium de los aquetipos cósmicos que sincromísticamente se tejen alrededor de nosotros (y casi nadie los percibe, pero que juegan un "papel" vital aunque sea virtual). "Naturalmente están transmitiendo poderosos símbolos universales, hasta verdades universales, a través de su brujería y subterfugio. No tienen otra opción más que hacerlo", escribe Aeolius Kephas sobre los actores de Hollywood. Tal vez no percibimos del todo, y las películas en muchos casos son literalmente mágicas, brujería de la imagen en movimiento: reflejos de la trama secreta.

El destino del personaje de Ledger es indudablemente profético, morir ahorcado (después de manifestarse en la carta del Tarot) para sacrificarse por el mundo ( como Osiris-Odin por la virgen del mundo, colgando del árbol del conocimiento con frutas de soma), para que la madeja de la trama siga tejiéndose. Según Gilliam las últimas líneas de Ledger antes de morir fueron "Don't shoot the messenger". El mensajero de los dioses es Mercurio, es Thoth, es él. Un mensaje que encarna inexorablemente. Curiosamente esto ocurre enfrente del teatro masónico (con el tablero ajedrezado) en el que transforma la obra anticuada de Parnassus (de los misterios griegos de Eleusis) para atraer a la moderna vanidad y explotarla, cruzando el espejo entre los intersticios de la Matrix damónica.

Para los conspiracionistas no pasaran desapercibidas las tres ocasiones en las que aparece el símbolo del ojo omnividente en la pirámide.

Al final de la película Gilliam pierde la oportunidad de redimirse cuando toca la puerta del eterno retorno del divino femenino en una moneda que sueña como una campana astral en la mente del mago que puede ser un vagabundo (¿acaso todo es un sueño?). Gilliam tiene la oportunidad de acabar la película con una eterna seducción: la madre es la hija y es la diosa escarlata (o blanca de Robert Graves) que seduce al hombre de conocimiento dando lugar a la energía que mantiene en movimiento al universo: este sueño que se representa a sí mismo como un drama, porque, como dice Hakim Bey, le gusta jugar (y el juego favorito del universo son las escondidillas). En vez de acabar la película con el plano de la mujer que regresa para seducir e irse otra vez, Valentina (vestida de Valentino) con una gabardina ondeando su cabello rojo en el mediodía de Londres ("el laberinto rojo" Borges, El Aleph) y desapareciendo como el infinito, Gilliam concede el final feliz del cliche hollywodesco. Tal vez esta fue una condición que le pusieron para poder terminar el film, que se puso en entredicho por la muerte de Ledger, la cual le costó que esta película no fuera una obra maestra, pero que por otra parte la cargó de una energía casi ultraterrena que se siente en especial cuando Ledger (el medium esta vez de Damien Hirst o del arte conceptual subversivo) vende sueños chantajeando a las acaudaladas mujeres frigidas, a las cuales en realidad las entrega al diablo, que es el sexo, la polaridad.

"Primero fue la fabula", escribía Paul Valery, sí, la ficción divina, la Conciencia que sueña el mundo, y para sostener su sueño crea una trama de fricción, una tragedia que oculta una comedia: de la misma forma que la angustia de alguien que se intenta morder la cola se resuelve en risa. El Dr. Parnassus cree que si no sigue contando una historia el universo se detendrá; el código que se reproduce para seguir creando la realidad es la autodescripción del mundo. El diablo le muestra que el mundo es falso. La ficción también es profecía.

La posibilidad de que el universo que vivimos sea la representación símbolica de un diseño informático, de que cada uno de nosotros esté actuando su propio drama cósmico en el que si bien es "teatro, actores y auditorio", también participan interpenetrados en nuestra conciencia los arquetipos de la gran narrativa universal. De la misma forma que dentro de la mente del Dr. Paranssus, la realidad es cocreada por el programa mnemónico y libidinal de cada persona que cruza el espejo, y la mente de dios y el diablo en su "farsa" bélico erótica. "Demon est Deus inversus", escribió H.P. Blavatsky, al final y al cabo dios y el diablo, se necesitan entre sí para que la historia siga siendo interesante.

La última vez que Ledger atraviesa el espejo de la mente de Parnassus se le muestra la portada del tabloide The Mirror que nos revela su "verdadera" identidad, la de el Trickster. Al cruzar el portal dimensional de papel mercurial nos dice: "Don´t listen to what they say in the mirror". Y aunque Ledger muere y muestra su otra cara, también permite que la historia siga infinitamente: las variaciones del mismo loop. Esta es la quintaesencia paradójica del mundo, la contradicción divina. En palabars de Blake:

"Do what you will, this world's a fiction and is made up of contradiction".

Quizás en la totalidad representada, al igual que Heath Ledger, no somos más que los símbolos de un sueño pan-arquetípico siempre en proceso de volverse lúcido.

Twitter del autor: Aleph de Pourtales /@alepholo

Ve gratis en línea la película "El imaginarium del Dr. Parnassus"