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A pesar de la creencia popular, el punto más alto del planeta es el Monte Chimborazo y no el Everest, ya que su altura sumada a la altitud de esa zona de Ecuador superan por 1.5 millas al gigante de los Himalayas

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Al reflexionar sobre cuál es el punto más alto del planeta el imaginario colectivo automáticamente apunta su mirada hacia el Everest. Este mítico monte ubicado en el Himalayas, cerca de Nepal, con 29,035 pies de altura, es probadamente la montaña más alta (sin tomar en cuenta los picos sumergidos en el mar).

Sin embargo, el punto más alto del mundo no es la punta del Everest, sino la del Monte Chimborazo, en Ecuador. Este pico que forma parte de los Andes ecuatorianos apenas supera los 20,000 pies, pero esta ubicado en una de las regiones de mayor altitud en el mundo (la gente de Ecuador, Tanzania, y Kenia se encuentra 13 millas más cerca de la luna que los habitantes de los polos Norte y Sur). La combinación de estos dos factores hacen que la punta del Chimborazo de encuentre 1.5 millas más cercano al cielo que el legendario Everest, y con ello acredite el ser considerada la superficie terrestre más próxima a la bóveda celestial.

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Vía NPR

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La fotosíntesis es una de las revelaciones naturales que explícitamente se desdoblan en el plano de la magia; alquimia de luz: didáctico fotomalabar de la madre naturaleza

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Imagina una gran esfera de gas. Dentro de ella, pequeños micro-organismos y grandes extensiones de agua salada. Un gran laboratorio de vida en constante transformación y evolución. Más organismos. Más grandes y más complejos. Todos conviviendo en esa esfera de agua, tierra y gases. Ese fue el gran caldero donde se inició la vida en nuestro planeta hace 3,400 millones de años. Para que se desarrollaran miles, millones de formas de vida vegetal y animal en nuestra Tierra, surgió un fenómeno maravilloso de transformación de luz en energía: La fotosíntesis.

La fotosíntesis es un proceso bioquímico esencial para la existencia y la diversidad de la vida en la Tierra. Gracias a ella las plantas, algas y algunas bacterias utilizan la energía solar y su luz, para transformar, la materia inorgánica, en materia orgánica, que después utilizarán los diferentes seres vivos a través de la cadena alimenticia para su crecimiento y desarrollo. La clorofila, un pigmento de color verde, es la encargada de absorber la luz del Sol necesaria para que la fotosíntesis pueda ser llevada a cabo. El proceso comienza cuando los organismos que utilizan la fotosíntesis aprovechan de la luz solar para absorber agua y dióxido de carbono, formando sustancias orgánicas energéticas como la glucosa, de manera que la energía luminosa se transforma en energía química.

La fotosíntesis se realiza en dos fases principales: la reacción lumínica, y la reacción en la oscuridad, y ambas permiten que la transformación de la energía sea permanente. La reacción lumínica actúa en presencia de luz con independencia de la temperatura, mientras que la reacción en la oscuridad no depende de la luz, sino de la temperatura, aunque ésta debe mantenerse dentro de unos límites en ambos casos.

La finalidad de la fotosíntesis fue intuida a principios del siglo XVII, aunque los investigadores siguen publicando en la actualidad descubrimientos que abren diversas posibilidades científicas. Así, por ejemplo, un equipo de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá, descubría que una bacteria verde del azufre en la costa de México podía vivir sin luz solar. Los científicos creen que estas bacterias, que viven sumergidas a unos 2.400 metros, obtienen la luz de las fumarolas hidrotermales que tienen en sus proximidades. Este es un hecho que tiene implicaciones muy importantes para el estudio de las fronteras de la vida y la capacidad de supervivencia de ésta, tanto en la Tierra como en otros planetas. Sea la luz...