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Jean Paul Sartre en mezcalina era perseguido por langostas imaginarias

Arte

Por: pijamasurf - 11/29/2009

Un nuevo libro revela que después de que empezara a tomar mezcalina en 1935, Jean Paul Sartre padeció una alucinación constante en la que se materializaban una serie de langostas que lo acompañabana a todas partes... el existencialismo tuvo su portal de comedia psicodélica

divulgacao_cientifica_sartreHabría que hacer esta caricatura: el genial (y a veces pedante) filósofo francés Jean Paul Sartre con sus lentes y pipa correteado por enormes langostas por las calles de Paris. Ubicuos crustaceos persiguiéndolo, incluso sentados junto a los alumnos en sus clases universitarias.

Un nuevo libro de conversaciones con el escritor francés escrito por John Gerassi revela que Sartre alucinaba constantemente langostas depués de empezara a tomar mescalina, probablemente influenciado por Aldous Huxley quien a su vez siguiera el ejemplo de la Gran Bestia, el ocultista inglés Aleister Crowley.

Al parecer Sartre empezó a tomar la sustancia activa del peyote en 1935 y probó ser determinante en su concepción de La Nausea, la clásica novela ideológica del existencialismo. Sartre incluso le llegó a tomar cariño a estas entidades, refiriéndose a los crustaceos como "mis pequeños". En su obra de 1958 El Condenado de Altona, una raza de cangrejos sirve como juez de la humanidad (curiosamente en la película District 9, los alienígenas tienen un look crustaceo, pero esto tal vez no tenga nada que ver).

Sartre le dijo a Gerassi, cuyos padres eran muy amigos del filósofo y su esposa, que se estaba volviendo loco ante lo absurdo, por lo cual fue analizado por un joven y brillante psicoanalista, Jaques Lacan (al parecer las langostas eran la manifestación del miedo de Sartre a ser encasillado como un profesor). Tiempo después sus amigos crustaceos le aburrieron y con esto desaparecieron.

No es del todo difícil imaginar a Sartre, quien acuñara la frase "el infierno son los otros", alucinando langostas como una especie de metáfora materializada de sus pensamientos terriblemente lúcidos, sumamente distantes de la espiritualidad del peyote, "el Divino Luminoso", kauyamari, el venado azul, entidad solar del desierto y pasadizo de reconexión con el gran fractal universal. Para Sartre el universo sólo está habitado por el pensamiento humano, el hombre es el único creador de su destino, la existencia precede a la esencia. Sartre, en su mal viaje, vio langostas; Huxley vio la armonía universal de las formas, mandalas y Mozart.

La pareja de Jean Paul Sartre, la escritora feminista Simone De Beauvoir, reveló a su muerte que el máximo expositor del existencialismo consumió anfetaminas por más de 20 años. Mezcalina y speed: ubicuidad de crustaceos. Y sin embargo, hay que reconocerle humor y genialidad a Sartre quien años después dijera que extrañaba a sus inseparables compañeros. Tal vez la langostas de Sarte no son más que una incisiva metáfora elucubrada por el filósofo que en la hiperaceleración de su pensamiento reflejó su mente en el espacio como una langosta incesante. El atisbo o destello de que la vida no tenía que ser tan terriblemente seria.El existencialismo tuvo su dosis de comedia.

Vía Times de Londres

Literatura intoxicada: famosos escritores aficionados a las drogas o el alcohol

Arte

Por: pijamasurf - 11/29/2009

La revista Life publica una serie de cautivadoras imágenes de 22 de los más famosos escritores borrachos o adictos a las drogas

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*William Faulkner

Pocas cosas nos envían más al centro empalagoso del lugar común que la asociación del gran escritor con las drogas y el alcohol; versión del romanticismo (pasando por la inteligencia del pop) y la decadencia poética: el hombre que transfiere sus demonios a la página en una especie de exorcismo, y, sin embargo, para formar comunidad y alimentar el mito tenemos esta hueste de hombres de letras que frecuentaron en algún momento de sus vidas las mieles traicioneras de las sustancias embriagantes. Y aquella otra realidad de que salirse de la normalidad y ver el mundo desde un paraje mental alterno (atalaya o abismo) arroja muchas veces una versión-visión fresca, reveladora e inquietante del mundo.

La revista Life publica una serie de 22 imágenes clásicas de distintos famosos escritores que en algún momento de sus vidas tuvieron una íntima relación con el alcohol y/o con las drogas. Lo que vale la pena de esta lista son las imágenes, no la la lista en sí misma, la cual no es de ninguna forma exhaustiva. Tenemos por supuesto a Baudelaire (quien de alguna forma sentara las bases para esta asociación entre la estimulación psicoactiva y la escritura con sus Paraísos Artificiales); a Edgar Allan Poe, a quien se le debe entre otras cosas el estereotipo del borracho lúgubre, sin perder la precisión, de trágico final; a Ernest Hemingway, el borracho intrépido y heroico (clásico antiheroe); F. Scott Fitzgerald, el borracho bon vivant; a William Burroughs, el máximo referente del junkie. Y en una nota más reciente, Stephen King, quien tiene la notable anécdota estupefacta de no recordar haber escrito uno de sus libros.

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Entre los que se destacan por su ausencia en la lista tenemos a Samuel Taylor Cooleridge, quein compusiera el imperecedoro poema Kubila Kahn en un trance de opio; a su contemporáneo, Thomas de Quincey, cuyas Confesiones, son unos de los más grandes clásicos de la literatura toxicómana; el novelista irlandés James Joyce, cuya afición por el vino blanco podría ser una de las fuentes de su meta-lírica; al poeta Allen Ginsberg, quien utilizara sustancias psicodélicas en su plenitud; Phillip K. Dick, el maestro del sci-fi quien escribiera enganchado de las anfetaminas por una buena parte de su carrea literari (al igual que Jean Paul Sartre) y quien merece una revisión para ser incluido entre los más grandes escritores de la segunda mitad del siglo XX, más allá de su género; y quizás hasta el mismo William Shakespeare, a quien se le han encontrado rasgos de marihuana e incluso se especula que consumía nuez moscada.

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