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Conversaciones con Arquetipos tomando café en dos tazas (Los Límites del Control)

Arte

Por: Psicanzuelo - 11/18/2009

La mejor película de Jim Jarmusch desde "Hombre Muerto" nos presenta a un hombre solitario contratado para llegar al fondo de un asunto que no tiene fondo, un laberinto de paradojas, minimalista, que reflexiona en silencio sobre el centro inexistente del universo y la percepción que crea la realidad

Hombre Muerto (Jarmusch, 1995) fue un parteaguas en la filmografía de este vaquero sorpresivamente proveniente de Akron Ohio, nos dividió a sus espectadores entre los fanáticos que quedaron decepcionadamente sorprendidos y los que lo veíamos condescendientemente que quedamos perplejos ante una obra de profunda trascendencia espiritual. William Blake que no es él, pero obviamente no es alguien más, protagonizando un western psicodélico con fotografía del veterano Robby Muller que le dándole un aspecto de obra de Ansel Adams, ni hablar del soundtrack musical improvisado en una sola sesión por el vaquero de las praderas cósmicas Neil Young sin su Crazy Horse. Por más de una década los admiradores de esta cinta esperamos con ansia algo mínimamente parecido, y hasta ahora nos llevamos las sorpresa de que Jim Jarmusch ha vuelto a las andadas. Con la excusa de hacer otra obra de falso género, en ese entonces fue un Western y ahora es un Neo-Noir, nos presenta Los Limites del Control (Jarmusch, 2009) comparte con su antecesora una naturaleza psicodélica en imagen (Christopher Doyle en la cámara) y música (ve cómpralo y móchate con una copia, a cargo de Boris principalmente) , pero ahora la reflexión sobre la ilusión de lo que llamamos realidad se basa mucho más en una estructura fílmica y no necesariamente narrativa. El hombre solitario (Isaach De Bankolé) es contratado para llegar al fondo de un asunto que no tiene fondo, en una meta película minimalista, absurda, obra post modernista que no tiene lógica y únicamente creará pasillos-túneles ¿físicos?-mentales (¿qué es el cine?, existe ¿ó solo en nuestra percepción? ¿qué es la realidad?). Lo más interesante y complicado en ejecución para mi es que nunca deja el sentido del humor a un lado, creando un tono serio en su sentido pero lúdico divertidamente Jarmuschiano en su forma. Escenas que forman un laberinto de diálogos que se repiten como si los individuos con los que sostuviera las conversaciones estuvieran puestos de acuerdo, o como sí solo existieran en la mente del hombre solitario. Reflexiones sobre el centro inexistente del universo, la naturaleza muerta de la persona que se siente superior, cómo el mundo se comprende mejor desde la tumba, la realidad no es más que nuestra percepción.

Al igual que en Ghost Dog, El Camino del Samurai (Jarmusch, 1999) el anti-héroe tiene un estricto código de honor que no tiene que ver con el mundo que lo rodea, en este caso se combina con una dieta de nada de sueño ni sexo durante la misión, dos tazas de café expreso simultáneas (¿jugando a la paradoja del gato con el desayuno?) y Tai-chi en deshoras por las ciudades de Madrid, Sevilla y Almería. El espacio privado del hombre solitario no deja de recordarnos a Alain Delon en Le Samourai (Jean- Pierre Melville, 1967), al igual que sus paseos en corredores infinitos, mirada fija y cortes en eje de cámara, pero sobre todo el uso del sonido carente de diálogos.

espressosLa cinta tiene estricta relación homenaje con Point Blank (John Boorman, 1967) el traje de el hombre solitario es muy similar a lo que llevaría puesto Lee Marvin si hubiera sido un hombre de color, formalmente Los Límites del Control parece una segunda parte de dicha cinta con el uso de la geometría del encuadre junto con una exhaustiva búsqueda de colores y texturas, la estética psicodélica con discurso basado en reflejos, flares y una banda musical que nos lleva directamente a los 60´s. Jarmusch no esconde esta relación y lo deja claro creando una nueva productora para la película llamada Point Blank Films, ¿por qué? ¿de qué se trata este juego de excusa Neo-Noir? Personalmente creo que es una manera hacer paredes mentales en la mente del espectador para poco a poco ir acechando su ego y relegándolo, cansando su lógica pero con cuidado, usando el humor para que no desespere y abandone lentamente cualquier intento de acercamiento lógico, en una operación donde el espectador percibirá el film de manera espiritual.01limits_600

En el clímax de su misión que tiene que ver más con “El Principito” de Antoine Saint Exupéry que con El Gran Sueño (Howard Hawks, 1946), El Halcón Maltes (John Huston, 1941) ó inclusive hasta con El Beso Mortal (Robert Aldrich, 1955); el hombre solitario tiene que entrar en una fortaleza armado únicamente con la cuerda de una guitarra. Jarmusch evita la secuencia que sería obligatoria en una cinta de acción tipo Rambo pero al omitirla el chiste a lo que esta criticando es mayor, enfatizado y desemboca con más fuerza al enfrentamiento simbólico contra la cabeza del sistema que quiere acabar con nosotros. Únicamente en este punto me pierdo en la reflexión, el asesinato deja de ser simbólico y no me parece una solución a la altura de la obra que ha creado nuestro vaquero de cabello blanco.

Al final de la cinta el hombre solitario se quita su saco de seda y se pone su ropa real, unos pants puma que ejemplifican sus valores de la África unida, creo que se sigue cayendo en lo que se ataca; sí vemos a un enemigo estamos cerrando nuestra percepción de el todo sin fronteras. Por más que hayan existido excesos incomprensibles en el siglo que no quiere terminar, abusos y corrupción inadmisible, actos infrahumanos por medio del estado, como dice el hombre solitario la revancha de nada sirve.

Autor: Psicanzuelo / Colaborador PS

Blog del autor: Psicanzuelo

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Más información:

Diálogos con Jim Jarmusch en torno a "Los Límites del Control"

Ver en línea "Los Límites del Control" (Streaming)

Stefano Bonazzi y la melancolía del apocalipsis

Arte

Por: pijamasurf - 11/18/2009

El fotógrafo italiano Stefano Bonazzi plantea un acercamiento distinto al apocalipsis, envolviendo su obra en una neblina de melancolía pop
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La melancolía pop parece una alternativa más para enfrentarnos al resonante arquetipo del Fin (This is the End). El lente de Bonazzi nos lleva por un paseo apocalíptico a través de campos impregnados de tonos que irradian una seductora tristeza.

Estrambóticos personajes ataviados en outfits que inspiran una especie de ocultismo futurista. Un acercamiento relativamente pagano, con pinceladas estéticas que se combinan por momentos con elementos sutilmente grotescos.

La obra de este joven fotógrafo italiano, nacido en Ferrara, en 1983, nos recuerda que los procesos existenciales, y la reflexión sobre los atributos del Apocalipsis, pueden ser mas intrépidos que refinados: como una pesadilla que nos hace lentamente digerir nuestros posibles futuros.

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