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Un nuevo pasatiempo, además del sexo intrépido y el vodka, se vuelve popular entre las adolescentes de Rusia: retar a los trenes acostándose en las vías mientras estos pasan por encima.

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Mundialmente famosas por su intrépida apertura sexual y por su afición casi mística por el vodka, las niñas de Rusia parecen haber encontrado un nuevo pasatiempo que les permite liberar sexy adrenalina en los suburbios de las grandes ciudades.

El nuevo hobbie, un arriesgado subdeporte urbano, consiste en acostarse entre las vías del tren, acomodando su cuerpo en forma paralela a estas y esperar a que pase el ferrocarril. Es importante colocarse en posición poco antes de que la máquina pase por el lugar elegido para vivir la aventura, ya que de esta forma el conductor no podrá intentar frenar la locomotora.

La experiencia puede considerarse un triunfo si son capaces de resistir ahí acostadas, con sus cuerpos ocultos en el nicho formado entre ambas vías, mientras el tren pasa por encima de ellas. Una vez que el tren se ha ido, se levantan inmersas en un trance adrenalínico y sonríen, liberando un etílico pero inocente aliento a victoria.

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El chef de Pijama Surf hace un recuento de la historia y el sacrificio mágico detrás del pan de muerto, el surrealismo de "comer muertos" o la teofagia de "comer dioses".

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El pan de muerto, que es para los mexicanos un verdadero placer, se remonta en su origen a la época prehispánica y ahora es uno de los elementos más importantes en las ofrendas del Día de los Fieles Difuntos.

El 2 de noviembre se celebra en todo México el Día de Muertos, fecha en que sus cementerios y tumbas son visitados por sus dolientes, quienes las adornan con flores de diversos colores y otros con ofrendas con los platillos que le gustaban al finado.

Diversos historiadores han coincidido en señalar que las familias de este país han tenido un gusto particular por ese pan y que han mantenido la tradición desde hace varios siglos. 

También se ha dicho que el surgimiento de este pan se remonta a la época de los sacrificios humanos y a la llegada de los españoles a la entonces Nueva España (ahora México), en 1519: en esa época, se ofrecía una princesa a los dioses, su corazón aún latiendo se introducía en una olla con amaranto para morderlo posteriormente en señal de agradecimiento a un dios. Los españoles, al no consentir este tipo de sacrificios, elaboraban un pan de trigo en forma de corazón bañado en azúcar pintada de rojo, simulando la sangre de la doncella, y así surgió el pan de muerto.

José Luis Curiel Monteagudo, en su libro Azucarados Afanes, Dulces y Panes, comenta al respecto: "Comer muertos es para el mexicano un verdadero placer, se considera la antropofagia de pan y azúcar. El fenómeno se asimila con respeto e ironía, se desafía a la muerte, se burlan de ella comiéndola".

Otros historiadores han revelado que el nacimiento de ese pan se basa en un rito que hacían los primeros pobladores de Mesoamérica a los muertos que enterraban con sus pertenencias.

Por otra parte, en el libro De Nuestras Tradiciones se narra la elaboración de un pan compuesto por semillas de amaranto molidas y tostadas, mezclado con la sangre de los sacrificios que se ofrecían en honor a Izcoxauhqui, Cuetzaltzin o Huehuetéotl. 

También se hacía un ídolo de Huitzilopochtli de "alegría", al que después encajaban un pico y, a manera de sacrificios, le sacaban el corazón en forma simbólica, pues el pan de amaranto era el corazón de ídolo, según se lee en las misma obra. Luego, comenta el autor, se repartían entre el pueblo algunos pedazos del pan para compartir la divinidad.

Se cree que de allí surgió el pan de muerto, mismo que se fue modificando de diversas maneras hasta llegar a la forma en que lo conocemos actualmente.

El pan de muerto tiene un significado: el círculo que se encuentra en la parte superior del mismo es el cráneo, las canillas son los huesos y el sabor a azahar es por el recuerdo a los ya fallecidos.

Además, las distintas formas del pan se clasifican de la siguiente manera: antropomorfos, que son aquellos que representan las figuras humanas; zoomorfos, con forma de animales como aves, conejos, perros, peces y mariposas, etcétera (estos son característicos de Tepoztlán, Mixquic e Iguala de Telolapan); también están los  fitomorfos, con representaciones de vegetales diversos como árboles, flores y enramadas; y finalmente los mitomorfos, cuya forma no se identifica con figuras humanas, vegetales o animales, sino que representan seres fantásticos.

En las ofrendas del Día de Muertos se colocan objetos como la imagen del difunto recordado, velas y veladoras, flores, hierbas, aroma, comida, itacate, objetos del muerto y papel de china picado o calacas hechas de barro o cartón, entre otros.

La celebración de los difuntos se convierte en un banquete mortuorio dominado por alimentos y flores de color amarillo (el color de la muerte para las culturas prehispánicas), como el cempasúchil, los clemoles, las naranjas, las guayabas, los plátanos, la calabaza y el pan característico de la ocasión.

Algunos historiadores han dicho que "este pan de hojaldre, con sus cuatro gotitas o canillas, simboliza los huesos de quien se ha ido. La parte de arriba, su corazón". 

Para otros, el pan lleva las cuatro canillas en forma de cruz, porque con ellas se designan los cuatro rumbos del nahuolli (el universo) que son a su vez los cuatro puntos cardinales, definidos por igual número de divinidades: Quetzalcóatl-Camaxtli, Xipetotec, Tláloc-Huitzilopochtli y Tezcatlipoca, expresiones de la concepción del mundo prehispánico.

Autor: Chef José Manuel Agis Saca

chefjmsaca@hotmail.com

Receta de Pan de Muerto