El Tour de Cine Francés cumple treinta años en México, y lo hace justo cuando también se conmemora el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia. La coincidencia no pasa desapercibida para Sofía Llorente, vocera oficial del festival y directora de marketing de Nueva Era Films, con quien conversamos a propósito de este festival que se ha vuelto ya un clásico del otoño en la Ciudad de México.
En particular en esta edición, Sofía ve un ejemplo claro de cómo el cine puede funcionar como herramienta diplomática: un puente cultural entre dos países que, dice, ya se ha convertido en toda una institución dentro del panorama cultural mexicano.
De una generación a otra
Para Llorente, el verdadero logro de estas tres décadas no es solo la permanencia, sino algo más difícil de conseguir: la fidelización a través de generaciones.
Quienes empezaron a asistir al tour a finales de los noventa, cuando apenas arrancaba, hoy llevan a sus propios hijos a las funciones. Es, dice, la certeza de que un proyecto cultural realmente aterrizó: no basta con atender siempre a la misma franja de edad año tras año, sino ver cómo el público se renueva desde dentro de las mismas familias.
Mirar atrás para celebrar
Para conmemorar el aniversario, el tour organizó una retrospectiva breve, de apenas una semana previa al arranque oficial, con siete clásicos que han marcado su historia.
La respuesta del público fue mejor de lo esperado: Llorente misma volvió a ver, después de quince años, títulos que recordaba con cariño, entre ellos El encanto del erizo (Le Hérisson, Mona Achache, 2009), una de sus películas favoritas de todas las ediciones anteriores.
La selección de este año
La programación central mantiene el espíritu que ha definido al tour desde siempre: siete películas francesas recientes, sin apego a un solo género, que buscan mostrar la diversidad de lo que se está haciendo en el cine francés contemporáneo. Hay drama histórico, thriller, comedia y romance, y tres de los títulos de esta edición están basados en hechos reales: La copia perfecta (Jean-Paul Salomé, 2025), sobre Jan Bojarski, probablemente el falsificador de billetes más destacado de Francia, a la altura de los mejores artistas; El desconocido del Gran Arco (Stéphane Demoustier, 2016), sobre la historia detrás del arquitecto Johan Otto von Spreckelsen y el diseño del Gran Arco de La Défense en París; y Abandonado (Vincent Garenq, 2026), inspirada en el asesinato de Samuel Paty, un profesor de secundaria decapitado a manos de un fundamentalista en Francia, en 2020. A esto se suma Sólo una ilusión, lo más reciente de Olivier Nakache y Éric Toledano (2026), el dúo detrás de Amigos intocables (2011), cuya nueva película también forma parte de la selección.
Un cine que se queda en lo cotidiano
Preguntada por lo que ha cambiado en el cine francés a lo largo de estas tres décadas, Llorente prefiere señalar lo que se ha mantenido: a diferencia de los grandes éxitos de taquilla de Hollywood, construidos sobre historias extraordinarias y espectáculo visual, el cine francés ha conservado, desde los tiempos de la Nueva Ola, un enfoque en lo cotidiano. Sus personajes, dice, podrían ser tu vecino, tu hermana o tú mismo, y es justamente esa cercanía la que sigue definiendo las historias que el cine francés decide contar.
Competir por la atención en tiempos de bombardeo cultural
Llorente es franca sobre el reto que representa sostener el interés del público durante las cinco semanas que dura el festival: en una ciudad con una oferta cultural interminable, mantener ese entusiasmo no es sencillo, y admite que después de cierto punto la atención empieza a desviarse hacia lo siguiente en el calendario. Por eso, el tour ha optado deliberadamente por mantener una programación acotada de siete películas, en lugar de sumarse a festivales con decenas de títulos que, en la práctica, muy pocos alcanzan a ver completos. Siete películas, dice, es un número que permite que la mayoría del público vea varias, si no todas, sin que la experiencia se sienta inabarcable.