Joshua Gallegos y la vulnerabilidad que se esconde detrás de la rudeza en «Machetes»

Machetes, la más reciente propuesta de la compañía independiente Diletantes Teatro en Movimiento, originaria de Aguascalientes, se presentó recientemente en la Ciudad de México con una pregunta incómoda de fondo: ¿qué pasa cuando la armadura de rudeza que un hombre construyó durante toda su vida termina fracturándose y se convierte en su herida más profunda? Escrita por el dramaturgo Mauricio Popoca y codirigida por Sergio Figueroa (Pelopincho) y Daniela Vasch, la obra recurre al lenguaje del cuerpo y a la comedia para hablar de las restricciones emocionales que impone la masculinidad tradicional.

Moy, un personaje que vive en la vulnerabilidad

En la obra, Joshua Gallegos interpreta a Moy, un hombre que proviene de una familia conservadora, marcada por ideas machistas. Junto a Sinta, su amigo de toda la vida, protagoniza una historia de reencuentro que se mueve entre la demencia y el esfuerzo por recordar. Para Gallegos, el mayor giro de la pieza está ahí: Moy se presenta en todo momento vulnerable, algo poco común en personajes masculinos de esta generación, y esa vulnerabilidad es también la puerta de entrada para reflexionar sobre la familia, el amor y la posibilidad de una amistad afectuosa entre hombres.

El personaje también carga con la inquietud de hablar abiertamente del machismo, un tema que, cuenta el actor, está parcialmente basado en experiencias personales suyas. A lo largo de las funciones, dice Gallegos, Moy ha ido evolucionando: la obra funciona, en ese sentido, como un texto familiar sobre lo que significa encontrarse con una versión pasada de uno mismo.

El cuerpo como memoria

A nivel físico, Gallegos describe la puesta en escena como una pieza muy acrobática, exigente en lo corporal, en buena medida porque Moy es un personaje cojo y tartamudo. Ese trabajo físico está al servicio de un objetivo emocional muy concreto: provocar el llanto y la tristeza en el público para que la historia resulte verosímil sobre el escenario.

Machismo, humor y el símbolo del machete

Para Gallegos, la masculinidad sigue siendo un tema poco reflexionado, y una de las intenciones de la obra es justamente permitir que el espectador observe conductas machistas desde fuera. Insiste en que Machetes es, ante todo, un proyecto construido desde el amor, la comprensión y la ternura. Ahí entra también el título: el machete es un símbolo de trabajo, pero también de violencia, y la obra busca transformar ese significado.

El humor, dice el actor, es la otra herramienta clave de la puesta en escena. Lejos de aligerar el tema, permite vulnerabilizar al espectador y decir cosas serias sin que el peso del discurso lo espante; es, en sus palabras, una manera de acercarse al machismo sin ponerle al público a la defensiva.

Un montaje nacido en Aguascalientes

El proyecto surgió hace aproximadamente cuatro años, a partir de las reflexiones de Sergio Figueroa frente a la fuerza que fue cobrando el movimiento feminista en el debate público. La compañía, formada en su mayoría por egresados de una misma escuela en Aguascalientes donde el lenguaje corporal es eje de formación, construyó la obra bajo un esquema de autofinanciamiento y recursos escenográficos limitados, lo que terminó por definir su identidad: una apuesta total por el teatro físico, en la que el cuerpo sustituye lo que el presupuesto no alcanza a cubrir.


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